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Todos nacidos de Jesucristo

Desde el primer coro que recordó que la Iglesia tiene una fundación única dada por su pertenencia en y por Jesucristo hasta el himno de despedida que a modo de envío invitó a los presentes a moverse cuando el Espíritu lo dice, todo el culto de oración se desarrolló en un clima de recogimiento, regocijo, reflexión y también de un claro sentido de movilidad espiritual.

En el acogedor Centro Ecuménico del WCC en Ginebra, a media mañana del 21 de junio, se desarrolló esta primera actividad pública de la visita apostólica del Papa Francisco en conmemoración de los setenta años de ese Concilio. Fue precisamente el Metropolitan Gennadios Of Sassima quien dio la bienvenida recordado ese acontecimiento histórico. De inmediato, la Obispo Mary Ann Swenson tuvo palabras especiales para el Obispo de Roma de quien dijo que su visión y trabajo ha inspirado, entusiasmado y fortalecido las relaciones y la cooperación con el Consejo Mundial de Iglesias en el trabajo común de peregrinar en justicia y paz. Finalizando los saludos oficiales, el Dr. Agnes Aboum expresó su deseo que se pueda continuar siendo la voz profética en el mundo de hoy, un instrumento en la misión de Dios de reconciliación y sanidad en esas dos bases del peregrinar, la paz y la justicia.

Todos los participantes cantaron inmediatamente al Dios tres veces santo, remarcando el sentido trino de nuestra fe, ya puesta en la proa del encuentro en la intercesión del Pontífice invocando su nombre: «En el nombre del padre, y del Hijo y del Espíritu Santo». También inmediatamente cuando expresó «El Señor esté con ustedes» y todos acompañaron diciendo «Y con tu espíritu» se resaltó nuestra unidad en Jesucristo, Señor del ecumenismo cristiano. Esa trinidad que llama a la unidad y al caminar en el espíritu también estuvo presente en la bendición final del papa Francisco luego de resaltar que Jesús es nuestra paz.

La lectura bíblica escogida (Gálatas 13-16; 22-26) sobre la cual tuvo su homilía el Pontífice, también encontró su hilo conductor espiritual en el carácter y sentido profundo de las oraciones especiales que antecedieron las palabras del papa Bergoglio. Fue muy importante y significativo que este tiempo de oración se dividiera conceptualmente en dos caminos: el arrepentimiento y la reconciliación. En el espíritu de ese texto del apóstol Pablo y en el tiempo de arrepentimiento retumbaron en todos los corazones palabras como: «a pesar de la Unidad que recibimos en Cristo, nosotros persistimos en la desunión» y «Nosotros hemos fallado en servirte a nuestros hermanos y hermanas y a vivir en armonía y respeto por tu creación» dichas por el Reverendo Olav Faykse Tveit. Por su parte el cardenal Kurt Koch pidió a «Nuestro Dios Todopoderoso, ten misericordia de nosotros y perdona nuestro pecados, y llévanos a la vida eterna». En las oraciones de reconciliación en donde participaron representantes de Kenya, Estados Unidos, República Checa, Brasil y Corea se resaltó la unidad como una voluntad de Jesús, tal como luego la lectura bíblica referida expresara a minutos de este momento tan especial. En esas intercesiones se expresó claramente el deseo de ser uno en el Señor para que el mundo crea que le pertenecemos, que todas las naciones sean bendecidas, que toda la creación quede también bajo el domino de Jesucristo a todo lo cual finalmente se dio gracias gloria a Dios.

En su homilía el Pontífice hizo girar su reflexión en base al concepto «caminar según el Espíritu» que recordó es citado dos veces en pocos versículos por el Apóstol. En lo relacionado a «caminar» expresó que el hombre es un ser en camino. El corazón nos invita a marchar, a alcanzar una meta. Pero caminar es una disciplina, un esfuerzo, se necesita cada día paciencia y un entrenamiento constante. Es preciso renunciar a muchos caminos para elegir el que conduce a la meta y reavivar la memoria para no perderla. Caminar requiere la humildad de volver sobre los propios pasos y la preocupación por los compañeros de viaje, porque únicamente juntos se camina bien. Caminar, en definitiva, exige una continua conversión de uno mismo. En relación al concepto «Según el Espíritu» mencionó que las palabras del Apóstol Pablo nos interpelan hoy más que nunca. Caminar según el Espíritu es rechazar la mundanidad. Es elegir la lógica del servicio y avanzar en el perdón. Es sumergirse en la historia con el paso de Dios; no con el paso rimbombante de la prevaricación, sino con la cadencia de «una sola frase: amarás a tu prójimo como a ti mismo» (v. 14). La vía del Espíritu está marcada por las piedras miliares que Pablo enumera: «Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí» (v. 22.23). A lo largo de la historia, las divisiones entre cristianos se han producido con frecuencia porque fundamentalmente se introducía una mentalidad mundana en la vida de las comunidades: primero se buscaban los propios intereses, solo después los de Jesucristo… El ecumenismo nos ha puesto en camino siguiendo la voluntad de Jesús, y progresará si, caminando bajo la guía del Espíritu, rechaza cualquier repliegue autorreferencial… Este camino tiene una meta precisa: la unidad. La vía contraria, la de la división, conduce a guerras y destrucciones. El Señor nos pide que invoquemos continuamente la vía de la comunión, que conduce a la paz.

Luego de homilía de Francisco se produjo un silencio respetuoso y reflexivo, solamente interrumpido por el himno del Jubileo de la Misericordia y la lectura conjunta del Credo de Nicea-Constantinopla. En el tiempo posterior de intercesión conjunta liderado por representantes de Egipto, Argentina y Samoa se reiteró la necesidad de sostener nuestra unidad cristiana en la oración sacerdotal de Jesucristo, rogando al Dios trino y unido que nos haga instrumentos de amor, paz, unidad y armonía independientemente de nuestra raza, color o credo. Muy relevantes fueron los conceptos de la oración de Ms. Toai Metanoia Tumaaii-Vaauli quien recordó que habiendo experimentado Jesús como niño la vida de inmigrante y refugiado, él mismo nos llama a dar la bienvenida a la familia de Dios a los que vienen de otras tierras escapando de la opresión, pobreza, persecución, violencia y guerra.

Finalmente, y antes de la oración final del Papa Francisco por la unidad de la Iglesia a través del Señor Jesucristo que vive en la unidad del Espíritu Santo, un Dios, por siempre y para siempre, todos rezaron juntos el Padre Nuestro.

de nuestro enviado Marcelo Figueroa

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18 de Septiembre de 2019

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