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​Todos los muros se derrumban

· ​En el vuelo de regreso de Estados Unidos el Papa traza un primer balance del viaje ·

La cálida acogida recibida en Estados Unidos, los desafíos de la Iglesia en esta nación, la vergüenza de los abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes, el proceso de paz en Colombia, la crisis migratoria, los procesos matrimoniales, la objeción de conciencia, China, las religiosas estadounidenses y la mujer en la Iglesia, el poder del Papa: son estos los puntos principales de la conferencia de prensa del Papa Francisco, que durante el vuelo de regreso de Filadelfia —donde el domingo 27 de septiembre, con la misa de clausura del Encuentro mundial de las familias, se concluyó el viaje papal— respondió durante más de tres cuartos de hora a unas doce preguntas.

El Pontífice dijo haberse sorprendido por la acogida recibida que, si bien diferente en las tres ciudades estadounidense visitadas, fue muy cálida. Y añadió que quedó impresionado también por las celebraciones litúrgicas y la oración de la gente. El desafío de la Iglesia, comentó luego, es el de seguir estando junto a este pueblo, acompañándolo tanto en la alegría como en la dificultad. Y esto se debe hacer estando cerca de la gente.

Sobre los abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero, el Papa dijo que había hablado ante todos los obispos del país porque sentía la necesidad de expresar compasión por lo sucedido: una cosa muy fea, por la que han sufrido muchos auténticos pastores. Cierto, los abusos se dan por doquier, dijo, pero cuando quien los comete es un sacerdote el hecho es gravísimo, porque se traiciona la vocación sacerdotal, que se orienta a hacer crecer el amor de Dios y, juntamente, la madurez afectiva de los jóvenes.

En cuanto al proceso de paz en Colombia, el Pontífice afirmó haber recibido con alivio la noticia y haberse sentido parte de este acercamiento entre el Gobierno y las Farc.

Sobre la inmigración, el Papa Francisco destacó, en cambio, que se está hoy ante una crisis que deriva de un proceso muy largo, porque la guerra de la cual la gente huye se combate desde hace años. Y luego está el hambre, que impulsa a las personas a emigrar. África, dijo también, es el continente explotado: primero la esclavitud, luego los grandes recursos, ahora las guerras tribales que tienen detrás intereses económicos. Pero en lugar de explotar habría que invertir, para evitar esta crisis.

El Papa habló también de las barreras que surgen en algunas partes de Europa, afirmando que antes o después los muros caen, y que, de todos modos, no son soluciones.

Respecto a la cuestión de la nulidad de los matrimonios, el Pontífice recordó que en la reforma de los procesos se cerró la puerta de la vía administrativa, a través de la cual podía entrar lo que alguien definió “divorcio católico”, y que la brevedad de los procesos fue pedido por los padres sinodales el año pasado. El matrimonio es un sacramento indisoluble y esto la Iglesia no lo puede cambiar. Los procesos sirven para comprobar que lo que parecía sacramento no era tal. Están luego las cuestiones relacionadas con las segundas nupcias y la comunión a los divorciados vueltos a casar, que, sin embargo, dijo el Papa, no son las únicas por afrontar en el inminente Sínodo.

Se habló también de objeción de conciencia, y Francisco recordó que se trata de un derecho, considerado entre los derechos humanos, y es válido para cada persona, por lo tanto también cuando si trata de un funcionario público. Si se lo niega, se niega un derecho.

El Papa habló luego de China, destacando que es una gran nación, portadora de una gran cultura. Y afirmó que le gustaría mucho visitar ese país, añadiendo que tener una nación amiga como China, con tantas posibilidades de hacer el bien, sería una alegría.

Volviendo a tratar cuestiones americanas, el Pontífice dijo que las religiosas son muy queridas en Estados Unidos porque han hecho maravillas en el campo de la educación y de la salud. Reafirmó también que en la Iglesia las mujeres son más importantes que los hombres, poniendo de relieve que se está un poco atrasado en materia de teología de la mujer.

Cuando se le dijo que en Estados Unidos se convirtió en una «estrella», Francisco recordó que el título de un Papa es «siervo de los siervos de Dios». Los medios de comunicación usan el término «estrella», pero existe otra verdad. Demasiadas estrellas se han apagado. En cambio, puntualizó, ser siervo de los siervos de Dios no pasa.

Por último, al responder a una pregunta sobre la presencia del alcalde de Roma, Ignazio Marino, en la misa de cierre del Encuentro mundial de las familias, el Papa desmintió categóricamente que de su parte haya habido una invitación o que lo hayan hecho los organizadores.

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19 de Septiembre de 2019

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