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Todos discípulos y misioneros

· En la audiencia general el Papa continúa la reflexión sobre el Bautismo ·

«Todos nosotros somos discípulos y misioneros»: todos, incluso los obispos y el Papa, «porque si no son discípulos no hacen el bien, no pueden ser misioneros, no pueden transmitir la fe». El Papa Francisco está tan convencido de ello que, en la audiencia general del miércoles 15 de enero, no dudó en añadir al texto preparado una serie de consideraciones acerca de la necesidad de «un nuevo protagonismo de todo el pueblo de Dios». 

Lo hizo, como en la semana anterior, hablando a los fieles presentes en la plaza de san Pedro del sacramento del bautismo, y deteniéndose en el hecho de que «ello nos convierte en miembros del pueblo de Dios». Desde los tiempos de Jesús – explicó– «existe una cadena en la transmisión de la fe mediante el Bautismo. Y cada uno de nosotros es un eslabón de esa cadena». De aquí el deseo de que esta fe se enseñe «a nuestros hijos, a los niños, para que ellos, cuando sean adultos, puedan transmitirla a sus hijos».

Para demostrar en concreto la importancia de este sacramento para el pueblo de Dios, el Pontífice recordó la experiencia ejemplar de los cristianos de Japón, quienes, no obstante la feroz persecución sufrida a inicios del siglo XVII, gracias al bautismo fueron capaces de conservar y transmitir la fe por más de 250 años. «Hubo numerosos mártires –recordó–, los miembros del clero fueron expulsados y miles de fieles fueron asesinados. No quedó ningún sacerdote en Japón, todos fueron expulsados. Entonces la comunidad se retiró a la clandestinidad, conservando la fe y la oración en el ocultamiento. Y cuando nacía un niño, el papá o la mamá, lo bautizaban, porque todos los fieles pueden bautizar en circunstancias especiales».

Una enseñanza válida también hoy, recalcó luego el Obispo de Roma en los saludos a los diversos grupos de fieles presentes. En particular a los de lengua árabe, provenientes de Jordania y Tierra Santa, dirigió una invitación a aprender «de la Iglesia japonesa», porque «las dificultades y las persecuciones, cuando se viven con entrega, confianza y esperanza, purifican la fe y la fortalecen».

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20 de Octubre de 2019

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