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Todo es mérito de las mujeres

· Misa en Santa Marta ·

Ni cobardía ni vergüenza de ser cristianos. Porque la fe «es un espíritu de fuerza, de caridad y de prudencia». Es esta la enseñanza que el Papa Francisco tomó de la memoria litúrgica de los santos Tito y Timoteo, discípulos del apóstol de los gentiles.

Al celebrar el lunes 26 de enero, por la mañana, la misa en la capilla de la Casa Santa Marta, el Pontífice se centró especialmente en la prima lectura —tomada de la segunda carta de san Pablo a Timoteo (1, 1-8)— para poner de relieve cómo la fe cristiana nos da «la fuerza para vivir, cuando reavivamos este regalo de Dios. Nos da amor, nos da caridad», para «hacer fecunda la fe. Y nos da el espíritu de prudencia: es decir, saber que nosotros no podemos hacer todo lo que queremos», porque «en nuestro camino tenemos que seguir adelante y buscar las vías, las formas para llevarlo adelante».

Al inicio de la homilía el Papa destacó que los obispos Timoteo y Tito son como los hijos de Pablo, quien «quiere mucho a ambos». De Timoteo el apóstol revela su «fe sincera» (2 Tm 1, 5), es decir, «una fe noble». Es más, según el Papa Francisco el texto original se podría traducir como una «fe sin hipocresía», una «fe en sentido auténtico». En concreto, «como el buen vino que, después de muchos años, es puro, noble».

Además, el Pontífice recordó cómo Pablo revela también el origen de esa fe de Timoteo. Él, en efecto, la recibió de su abuela Loide y de su madre Eunice. Porque, comentó, «son las mamás, las abuelas, quienes realizan la transmisión de la fe».

Al respecto, el Papa Francisco aclaró que «una cosa es transmitir la fe y otra es enseñar las verdades de la fe». En efecto, «la fe es un don. La fe no se puede estudiar. Se estudian las verdades de la fe, para comprenderla mejor, pero con el estudio nunca llegas a la fe. La fe es un don del Espíritu Santo, es un regalo, que va más allá de toda preparación». Y sobre este aspecto el Papa destacó que Timoteo era un joven obispo, en tal medida que en la primera carta Pablo le dijo: «Que nadie te menosprecie por tu juventud». (1 Tm 4, 12). Es probable, en efecto, «que alguien, al ver que era tan joven», lo despreciase, con argumentaciones de este tipo: «Este jovencito que viene a mandar aquí...». Pero, continuó, «el Espíritu Santo lo había elegido». Y, así, «este obispo joven» escucha «de parte de Pablo: recuerda de dónde viene tu fe, quién te la dio, el Espíritu Santo, a través de la mamá y de la abuela».

Al respecto, el Papa Francisco hizo referencia al «hermoso trabajo de las mamás y de las abuelas, el hermoso servicio de esas mujeres que hacen las veces de mamás y de mujeres en una familia —puede ser una empleada, puede ser una tía— de transmitir la fe». Aunque, añadió, deberíamos preguntarnos «si hoy las mujeres tienen esta conciencia del deber de transmitir la fe, de dar la fe».

Volviendo a la sinceridad de la fe de Timoteo alabada por Pablo, el Pontífice destacó que tanto en la primera como en la segunda carta vuelve el tema de la custodia del depositum fidei: «Guardar la fe. La fe se debe guardar», destacó al volver a proponer las palabras del apóstol: «Querido Timoteo, guarda el depósito, evita las vacías habladurías paganas, las vacías habladurías mundanas» (cf. 1 Tm 6, 20). El obispo de Roma destacó sobre todo la expresión «Guarda el depósito» y recordó que «este es nuestro deber. Todos nosotros recibimos el don de la fe. Debemos custodiarlo, para que al menos no se agüe, para que siga siendo fuerte con el poder el Espíritu Santo que nos lo ha regalado».

Pablo recomienda la respecto «reavivar el don de Dios» (2 Tm 1, 6). Por lo demás, comentó el Papa Francisco, «si nosotros no tenemos este cuidado, cada día, de reavivar este regalo de Dios que es la fe», esta «se debilita, se agua, termina por ser una cultura: “Sí, sí, soy cristiano, sí...”, una cultura, solamente. O una gnosis, un conocimiento: “Sí, yo conozco bien todas las cosas de la fe, conozco bien el catecismo”». Pero, preguntó el Papa, «¿tú cómo vives tu fe? Esta es la importancia de reavivar cada día este don: de hacerlo vivo».

De aquí la amonestación contra «el espíritu de cobardía y la vergüenza». Porque «Dios no nos dio un espíritu de cobardía. El espíritu de cobardía va contra el don de la fe, no deja que crezca, que siga adelante, que sea grande». Y la vergüenza es el «pecado» de quien dice: «Sí, tengo fe, pero la cubro, que no se vea mucho...». Es «esa fe —comentó el Pontífice—, como dicen nuestros antepasados, “al agua de rosas”. Porque me avergüenzo de vivirla fuertemente». Pero, afirmó, «esta no es la fe».

Partiendo de estas premisas el Papa deseó que «hoy sería una hermosa tarea para todos nosotros tomar esta segunda carta de Pablo a Timoteo y leerla. Es muy breve, se lee bien y es muy hermosa. El consejo de un obispo anciano al obispo joven; le da consejos para que lleve adelante su Iglesia: como guardar el depósito, como recordar que la fe es un don que me fue dado por el Espíritu Santo a través de mi mamá, mi abuela y tantas mujeres que han ayudado».

Pero, ¿por qué, se preguntó el Papa Francisco, «son principalmente las mujeres quienes trasmiten la fe?» La respuesta hay que buscarla una vez más en el testimonio de la Virgen: «Sencillamente –respondió el Pontífice– porque ella que nos dio a Jesús es una mujer. Es el camino que Jesús eligió. Él quiso tener una madre: también el don de la fe pasa por las mujeres, como a Jesús por María».

He aquí entonces la exhortación conlcusiva del Papa: «Pensad en esto y, si podéis, leed hoy esta segunda carta a Timoteo, tan hermosa. Y pidamos al Señor la gracia de tener una fe sincera, una fe que no se negocia según las oportunidades que se presentan. Una fe que todos los días busco reavivar, o al menos pido al Espíritu Santo que la reavive, y así da un grande fruto». Del Papa Francisco la invitación a volver «a casa con este consejo de Pablo a Timoteo: “querido Timoteo, guarda el depósito”, es decir, guarda este don».

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