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A toda costa

Se puede resumir en una doble segunda vez el breve viaja a Irlanda de Bergoglio: de nuevo participa en un encuentro mundial de las familias, ya vivido por el Papa en Filadelfia en 2015, mientras que en el corazón le quedaron los tres meses irlandeses del 1980, cuando fue al país para practicar el inglés. Fue el mismo Pontífice quien lo dijo en el saludo en el avión a los periodistas que habitualmente lo acompañan. Y se puede añadir que por segunda vez, después de la visita de Juan Pablo II en 1979, Irlanda acoge a un Papa.

Está, por lo tanto, la familia en el centro de la visita papal, una realidad que Francisco quiso enseguida declinar no solo en el sentido más tradicional, sino con una mirada mucho más amplia e incisiva, en el discurso a las autoridades, a la sociedad civil y al cuerpo diplomático. El Papa no ignora las dificultades diarias de la familia, que definió como «aglutinante de la sociedad» frente al «odio racial y étnico», a los conflictos y a las injusticias, a la «diferencia cada vez mayor entre ricos y pobres», pero también modelo en la vida política y social, para recuperar el sentido de ser una «familia de pueblos».

Francisco celebró así los veinte años de paz tras el Acuerdo del viernes santo y auspiciado en presencia de una delegación de Irlanda del Norte, que el proceso entonces puesto en marcha lleve a favorecer «un futuro de concordia, reconciliación y confianza mutua». Pero por una sociedad realmente solidaria es necesaria una «conversión constante». La cultura materialista hace, de hecho, crecer la indiferencia hacia los pobres y los más indefensos, «incluso de los no nacidos, privados del derecho a la vida» y hacia la «enorme crisis migratoria», que debe afrontarse «más allá de decisiones políticas a corto plazo» reafirmó por enésima vez el Papa.

En este contexto Francisco volvió sobre el «grave escándalo» de los abusos a menores por parte de «miembros de la Iglesia encargados de protegerlos y educarlos». Escándalo que, traído a la luz de casi veinte años, ha asolado a la Iglesia en muchos países, como dolorosamente y vergonzosamente sucedió en Irlanda. Bien consciente de este «fracaso de las autoridades eclesiásticas» frente a «crímenes repugnantes» el Pontífice, haciendo alusión a la intervención «franca y decidida» de su predecesor Benedicto XVI, re nuevo reafirmó «sufrimiento» y «vergüenza». Francisco después demandó «el compromiso, más aún, un mayor compromiso» personalmente pedido por él en la carta que escribió a todo el pueblo de Dios, «para eliminar este flagelo en la Iglesia»: compromiso que se debe llevar adelante «a toda costa, moral y de sufrimiento», añadió.

Como acababa de recordar el primer ministro en su saludo, el Pontífice después mencionó el papel llevado a cabo por la Iglesia en Irlanda, «en el pasado y en el presente», a favor de los niños. «Deseo que la gravedad de los escándalos de los abusos, que han hecho emerger las faltas de muchos, sirva para recalcar la importancia de la protección de los menores y de los adultos vulnerables por parte de toda la sociedad», añadió Bergoglio. Que pidió rezar para que Irlanda, en el contexto actual marcado por muchas voces, no olvide la vitalidad del mensaje cristiano que la ha mantenido durante muchos siglos.

g.m.v.

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15 de Noviembre de 2018

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