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Sueños de periferia

· El Pontífice saluda el Tren de los niños ·

El «abuelo» Francisco y sus quinientos nietos: fue realmente en un ambiente de familia —entre confidencias, consejos y preguntas— como el Papa acogió el sábado por la mañana, 9 de junio, al Tren de los niños que hizo de nuevo su ingreso en el Vaticano. Relanzando así la iniciativa promovida por el Atrio de los gentiles del Pontificio Consejo de la cultura, en colaboración con Ferrovías italianas, para regalar a los pequeños que viven en condiciones desfavorecidas un día de alegría y de fiesta. «Ciudad amiga» fue el eslogan de esta edición, dedicada a las periferias de las ciudades de Milán y Roma.

En el Frecciarossa 1000 de Treintalia, que llegó a la estación de la Ciudad del Vaticano, esta vez viajaron los estudiantes de cuatro escuelas de las grandes periferias de Milán: Gallaratese, Corvetto, Barona y Via Padova. Son barrios marcados por relevantes complejidades y fragilidades sociales, con significativas presencias de familias extranjeras, altas tasas de criminalidad y serias problemáticas urbanísticas. Para acoger en el Vaticano a los estudiantes milaneses de los institutos de Ilaria Alpi, Riccardo Massa, Tommaso Grossi y Via Giacosa estaban sus coetáneos de dos escuelas de Roma: Giovanni Battista Valente en el Prenestino y la escuela Arvalia del instituto Antonio Gramsci, del municipio del Trullo.

Como el estilo del “abuelo” Papa Francisco, respondiendo a seis preguntas espontáneas de los niños, se dejó llevar por los recuerdos de su infancia. Empezando por su primera maestra, por la que sentía gran afecto y con la que no perdió nunca el contacto, hasta ayudarla – siendo ya obispo – en la enfermedad que la llevó a la muerte. Y después Bergoglio volvió con la memoria también a su primera escuela, de ladrillos rojos, a apenas cuatrocientos metros de casa, tan cerca que iba siempre a pie.

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21 de Junio de 2018

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