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A su casa nomás llega

¡Bienvenido a Chile, su casa, Papa Francisco! Desde que conocimos la noticia de la visita a Chile del Papa Francisco, la Iglesia y el pueblo de Chile nos hemos preparado para vivirla desde la experiencia de ser un «hogar» que se dispone a recibir a uno de los suyos. En nuestro país existe la costumbre cuando nos visita un pariente o invitado querido de usar esta expresión: «¡A su casa nomás llega!». Es lo que sentimos al saber que viene a nuestro encuentro un Pastor, Padre y Hermano que nos hablará de Cristo en nuestro idioma y a quien reconocemos, además, como un «vecino» del otro lado de la cordillera que vivió en Chile y nos conoce muy bien.

Querido Papa Francisco: «¡A su casa nomás llega!».

La visita apostólica del Santo Padre esuna muy buena noticia. Es el Vicario de Cristo quien nos visita. A Pedro, Jesús lo constituyó en «la roca« sobre la cual edificaría su Iglesia. La roca en la Biblia no sólo representa la «fortaleza» y la «protección», sino también (¡aunque parezca extraño!) la «fecundidad»: de una roca en el desierto, Moisés sacó el agua para que el pueblo sediento bebiera y no muriera en el camino a la tierra prometida. Ezequiel, en su visión del Templo de Jerusalén, vio brotar de sus fundamentos un agua límpida, haciendo que todo se purifique y recobre nueva vida. En el Papa, en cuanto Vicario de Cristo, encontramos fortaleza, protección y fecundidad para el seguimiento del Señor en estos tiempos llenos de nuevos desafíos.

Nos emociona recibir en tres ciudades de Chile –Santiago, Temuco e Iquique en representación de los habitantes de este largo y angosto país– a un Pastor que nos invita a ser «pastores con olor a oveja», que nos enseña a preocuparnos por quienes han sido considerados «descartables» por la sociedad de consumo, y nos pide hacernos cargo de las periferias existenciales de nuestra patria. Él viene a anunciar la buena nueva de Jesucristo y, por lo mismo, a compartir el sufrimiento de muchos, ofreciendo la misericordia infinita del Padre que se derrama por la presencia de su Espíritu Santo.

Nos disponemos a escuchar con humildad a un Papa que quiere una ecología a nivel humano, con hombres y mujeres que respeten y cuiden la casa común, pues los bienes naturales y materiales tienen una hipoteca social, es decir, están al servicio de todos. Siguiendo esta línea, los obispos chilenos hemos ofrecido al país una Carta Pastoral que recoge los desafíos humanizadores para la sociedad que visita el Papa Francisco. Al titularla: «Chile, un hogar para todos», afirmamos nuestra convicción de que todos los que vivimos en este país estamos llamados a construir juntos una sociedad más justa y fraterna, con ambientes cívicos de diálogo y respeto, que protejan a los más desvalidos y donde promovamos efectivos programas de inclusión de los más pobres en el desarrollo del país.

Como nos ha dicho el Papa, la vida y la familia no sólo son el centro de la sociedad, sino el lugar apropiado para «humanizarnos» y «cristianizarnos», es decir, para caminar hacia la plenitud de la hermosa tarea de ser cada vez mejores personas y discípulos misioneros de Jesús y, como tales, construir una sociedad mejor. Los valores del Reino de Dios son un camino de sentido para recuperar la «arquitectura» fraterna y las «redes» solidarias de un país con vocación de justicia y felicidad en el que todos tenemos un lugar donde vivir con dignidad.

La visita del Papa es un regalo de Dios. Nos preparamos para ella abriendo el corazón al amor de Dios, dejándonos conmover por el Señor que hace nuevas todas las cosas, dialogando con franqueza en las comunidades, compartiendo nuestras expectativas, y ofreciendo lo mejor de nosotros para que esta experiencia sea, al igual como ocurrió hace 30 años con la visita de san Juan Pablo II, un momento inolvidable en nuestra historia patria.

Toda la cuidada planificación que la Iglesia y el Estado de Chile, como una sola familia, hemos venido trabajando hasta hoy tiene un solo sentido: disponernos con nuestra mejor voluntad a escuchar a Cristo que nos habla por su Vicario, el Papa Francisco. Escucharemos lo que Cristo nos dirá mediante Francisco, no lo que nosotros queremos escuchar. Con humildad, por tanto, asumiremos sus interpelaciones como llamados personales a cada uno de nosotros, a la Iglesia, Pueblo de Dios, y a la sociedad en su conjunto.

Tenemos la certeza de que Cristo, el Resucitado, junto con la acción del Espíritu Santo, nos sorprenderán a través del Papa y nos «con–moverá», es decir, nos moverá a vivir más en comunión con Él, el Señor de la historia. Confiamos en que su visita nos traerá la Paz de Cristo, como reza el lema de su viaje apostólico: «Mi paz les doy» (Jn 14,27). En Cristo, nuestra paz, el corazón no se turba. En Él, el Resucitado que nos ofrece la paz, hay esperanza cierta para toda fragilidad, preocupación y angustia. Creemos que el tiempo que vivimos y el modo en que, como sociedad, lo encaramos y asumimos, hace necesaria una reflexión sobre el auténtico sentido de la paz. La paz no brota en la sociedad y en las relaciones humanas por espontáneo azar. Ella es consecuencia de valores y virtudes humanas, de procesos sociales orientados al bien común. «La obra de la justicia será la paz –proclama el profeta Isaías–, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre».

Que el precioso regalo de la visita del Papa Francisco sea fuente de unidad para todo nuestro pueblo. Con gran esperanza, deseamos que este acontecimiento sea un fuerte impulso para la reconciliación y el reencuentro de esta familia para todos que busca ser Chile, a la recuperación de las confianzas, a una mejor convivencia y al compromiso social. Nos anima la certeza del salmista: «El amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán» (Sal 84).

Querido Papa Francisco: «¡A su casa nomás llega!».

de Santiago Jaime Silva Retamales, Obispo Castrense de Chile y Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile

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21 de Septiembre de 2019

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