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​Sobre todo un pastor

Cuando pienso en el Papa Bergoglio pienso más que nada en un pastor. Un pastor universal que tiene una mirada cercana a los pueblos, que sabe interpretar esas miradas y que las acompaña en sus alegrías, sus tristezas y sus preocupaciones. Un pastor que además ha abierto horizontes de comunicación permanente con su pueblo y que ha sabido interpretar los cambios de la humanidad. En la cual no hay sociedades estáticas, sino que todas son dinámicas, y no todos saben hacer una lectura adecuada de esos cambios en el pensamiento, la cultura, la política y la esfera espiritual. No es que la espiritualidad haya desaparecido, son las sociedades actuales las que no dejan espacio a ella y esto queda reflejado en la vida cotidiana de las personas que sufren permanentemente un acoso mediático, que pone el acento en la sobrevivencia, en las necesidades mas inmediatas. De ahí que muchas veces el espíritu, la oración y, sobre todo, la comunicación con Dios se vuelva difícil. ¿Cómo reencontrarse con el mensaje del Evangelio y la vida cotidiana? Creo que Francisco lo está haciendo de una forma con la que la gente comprende no solo sus propias preocupaciones, sino también las del prójimo.

En ese contexto de sobrevivencia, antes citado, se dio la llegada de Francisco, en un momento muy particular de nuestra historia en el que había y hay muchos problemas a nivel mundial. Y Francisco trajo consigo otra mirada sobre estos problemas, lo cual constituye sin duda una novedad. Se trata de una mirada que parte desde Latinoamérica, desde las comunidades religiosas, desde el caminar de los pueblos. Y que además comprende la Iglesia como pueblos de Dios, es decir, no tanto como una estructura piramidal, rígida, sino como una comunidad de hermanas y hermanos. Lo cual le permite abrir ecuménicamente su mirada global a las otras creencias, a otras formas de entender la espiritualidad. Esto lo hizo siempre, antes de ser Papa y ahora lo sigue profundizando. Esta relación interreligiosa se basa a partir de hechos concretos de la vida. Como dejó demostrado con su viaje a Lesbos visitando a los refugiados, y denunciando con una metáfora eficaz que el mar Mediterráneo se había transformado en una fosa común. Dicha visita fue acompañada por un gesto ecuménico concreto de misericordia al llevarse, en su viaje de vuelta, a varias familias al Vaticano. Uno de los numerosos ejemplos que demuestran que Francisco es coherente entre lo que dice y lo que hace, y precisamente por eso su voz es escuchada en el mundo, porque es creíble. Él presta una atención especial y coherente hacia los más pobres como quedó demostrado también cuando mandó hacer baños y duchas para la gente que vive en la calle, y eso lo puede ver cualquiera cuando uno pasa por la plaza de San Pedro.

Su mirada es más profunda que la de un estadista, va más allá y por eso insisto en que Francisco es un pastor que siempre está cerca de su rebaño, de la grey y de los pueblos. Y que además se distingue por ser un hombre con una gran conciencia política de los cambios, que toma posiciones concretas para encontrar caminos que reestablezcan el equilibrio entre los seres humanos y la creación, de la cual nosotros somos parte y no los dueños. Así queda plasmado en Laudato si’, una encíclica social que está dirigida a la conciencia de todos los hombres y mujeres. También su nombre, Francisco, no fue tomado por casualidad, sino que es signo de tal sensibilidad ya que Bergoglio, con su caminar está apuntando al canto de creación de san Francisco, al canto de la vida hacia los demás, a la pobreza, y a la misericordia. Caminar que no le resulta fácil pues él es servidor desde el Evangelio de la vida, servidor de los demás, de los que menos tienen y esta relación de abrirse para ser servidor y no jefe se establece cuando lo designan Papa y no sale a bendecir al pueblo, sino que pide que el pueblo que lo bendiga a él. Creo que está sacudiendo muchas estructuras. Como decía Juan XXIII “Hay que abrir las puertas y ventanas y sacudir el polvo para que entre la luz”.

Otra cosa importante de Francisco es su alegría. Yo muchas veces les digo a los compañeros y compañeras: “Si un militante es amargado, no es un militante, es un amargado. Porque un militante siempre tiene que tener la esperanza de que es el impulso para seguir aunque nos derroten en algunas cosas. Esa derrota la tenemos que transformar para poder avanzar y construir. Y eso se puede hacer con alegría del espíritu que es lo que tiene Francisco, una alegría espiritual.

A tal respecto me viene a la cabeza un jesuita que yo he estudiado bastante, Pierre Teilhard de Chardin. Era paleontólogo, fue uno de los que descubrió “el hombre de Pekín” y cuando llegó Mao, lo echó. Él, en sus oraciones en China decía “Señor no tengo pan ni vino, pero te ofrezco el dolor y la alegría de todos los hombres”. Yo creo que es otra visión de la espiritualidad y hay algo en Francisco de eso, debe sentir el dolor de la humanidad. Pero también creo que siempre hay una esperanza, y si hay esperanza, hay una oportunidad de cambiar, que es posible. Porque el final del mensaje del Evangelio no es la muerte de Jesús, es la resurrección. Es la esperanza de vida, eso que nos dice “Éste es el camino”.

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980

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