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Sin equívocos

Amistad, diálogo, solidaridad: con tres palabras el Papa presentó su visita a Sri Lanka en el discurso pronunciado al llegar a la isla, que celebró con la tradicional definición de «perla del Océano Índico». Y con este deseo de encuentro se presentaron inmediatamente las primeras horas en Colombo, donde Francisco fue acogido con respeto y simpatía por el presidente, elegido hace algunos días. De religión budista, Maithripala Sirisena dijo, en efecto, que el viaje papal es la ocasión de recibir del huésped las bendiciones para el alto cargo asumido, añadiendo que la canonización del beato Vaz es un honor para el pueblo esrilanqués.

En un país que durante treinta años fue herido por un sangriento conflicto civil entrelazado con motivos religiosos y al día siguiente del discurso al Cuerpo diplomático donde volvió la condena del uso de la religión adulterada por ideologías de violencia, el Pontífice dedicó el primer día de su visita a la necesidad del diálogo. Tema central ya desarrollado por el Papa en el encuentro con los representantes de los episcopados de Asia durante el viaje a Corea.

En el proceso de curación, que debe privilegiar la verdad, es fundamental en Sri Lanka el papel de los «creyentes de las diversas tradiciones religiosas»: budistas, hinduistas, musulmanes, cristianos. Y ciertamente no sólo cristianos, si bien los católicos son en el país una importante minoría, eran muchísimos los esrilanqueses congregados a lo largo de los treinta kilómetros que separan el aeropuerto de la capital para saludar a Francisco, todo el tiempo de pie en el coche panorámico.

Siguiendo los pasos de Pablo vi y Juan Pablo ii, que en los decenios pasados visitaron el país, el Papa relanzó, en un sugestivo encuentro con cientos de exponentes religiosos, la declaración del Vaticano ii sobre las religiones no cristianas, repitiendo que la Iglesia «no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero». Afirmación aprobada por el Concilio hace medio siglo, pero que se remonta a una convicción antiquísima en la tradición cristiana: ya madura en edad patrística y un milenio más tarde, a inicios de la edad moderna, base de las pioneras misiones jesuitas en la India, Japón y China.

Al desarrollar el tema del diálogo, el Papa dijo que «debe basarse en una presentación completa y franca de nuestras respectivas convicciones». De este modo surgirán ciertamente las diferencias, pero también lo que las religiones tienen en común. Y, esta es la convicción de Francisco, «se abrirán nuevos caminos para el mutuo aprecio, la cooperación y, ciertamente, la amistad», como sucedió en el gran encuentro de Colombo.

Si este común «deseo de sabiduría, verdad y santidad» tiene un significado especial en Sri Lanka, donde después de la guerra civil es necesaria la curación y la unidad, las palabras de Francisco asumen así un valor general en una época devastada en diversas regiones del mundo por el terrorismo fundamentalista. Sí, «nunca se debe permitir que las creencias religiosas sean utilizadas para justificar la violencia y la guerra» repitió el Papa. Y es necesario actuar «sin equívocos» al denunciar las violencias.

g.m.v.

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18 de Septiembre de 2019

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