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Siervos libres

· Misa en Santa Marta ·

Siervo pero libre, hijo y no esclavo: es este el aspecto de la identidad del cristiano profundizado por el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta el martes 08 de noviembre por la mañana. El punto de partida de la reflexión fue el pasaje del Evangelio de Lucas (17, 7-10) en el cual Jesús afirma: «Somos siervos inútiles». ¿Pero qué significa esta expresión?

Para ayudar a comprenderla, el Pontífice tomó otro elemento de la liturgia cotidiana, la oración colecta, en la cual, recordó, «hemos rezado pidiendo tres gracias», es decir: «Aleja, Señor, todo obstáculo de nuestro camino hacia ti, para que con la serenidad del cuerpo y del espíritu podamos entregarnos libremente a tu servicio». Una oración en la cual se resumen los pasos necesarios para alcanzar la justa dimensión del servicio, que es la de ser «siervos inútiles».

Ante todo, dijo el Papa, «la primera cosa que hemos pedido es que el Señor aleje los obstáculos para servirle bien, para servirle libremente, como hijos». De los muchos obstáculos que un cristiano puede encontrar en su camino y que «impiden convertirse en siervos», se pueden recordar al menos dos. Uno es, seguramente, «las ganas de poder». Una dificultad común, que se encuentra fácilmente en la vida cotidiana: cuántas veces, puso como ejemplo Francisco, «quizás en nuestra casa» hay quien dice: «¡aquí mando yo!», o ¿cuántas veces, incluso «sin decirlo», hemos hecho sentir a los demás estas «ganas de poder»? En cambio Jesús «nos ha enseñado que quien mande se vuelva como aquel que sirve» y que «si uno quiere ser el primero, sea el servidor de todos». Es decir, Jesús «da la vuelta los valores de la mundanidad, del mundo».

He aquí por qué las ganas de poder «no es el camino para convertirse en un siervo del Señor, es más: es un obstáculo, uno de estos obstáculos que hemos rogado al Señor que aleje de nosotros».

Hay otro obstáculo, que se puede encontrar «incluso en la vida de la Iglesia», y es «la deslealtad». Lo encontramos «cuando alguien quiere servir al Señor pero también sirve otras cosas que no son el Señor». Y sin embargo, recordó el Pontífice, Jesús «nos dijo que ningún siervo puede tener dos dueños: o sirve a Dios o sirve al dinero». Y la deslealtad, subrayó, «no es lo mismo que ser pecador». Efectivamente «todos somos pecadores, y nos arrepentimos de esto», pero ser desleales es «como hacer un doble juego». Y esto «es un obstáculo». Entonces, «el que tiene ganas de poder es el que es desleal, difícilmente puede servir, convertirse en siervo libre del Señor».

Prosiguiendo el hilo de la meditación, el Papa pasó a la segunda parte de la colecta. Después de haber pedido al Señor que aleje los obstáculos, la oración prosigue: «...por qué –segunda pregunta – con la serenidad del cuerpo y del espíritu» podemos dedicarnos al servicio. La segunda palabra clave es, entonces, «serenidad», es decir «servir al Señor en paz». Efectivamente, explicó Francisco: «los obstáculos –sean las ganas de poder, sea la deslealtad– arrebatan la paz y te llevan a ese prurito del corazón de no estar en paz, siempre ansioso, mal... sin paz». Una insatisfacción «que nos lleva a vivir en esa tensión de la vanidad mundana, vivir para aparentar». Así se ve mucha gente que «vive solamente para estar en muestra, para aparentar, para que digan: “ah, qué bueno que es...”, por la fama, fama mundana». Pero así «no se puede servir al Señor». Entonces «pidamos al Señor que retire los obstáculos para que con la serenidad, sea del cuerpo sea del espíritu» –y aquí pasamos al tercer elemento– que podamos «dedicarnos libremente a su servicio».

Es «libertad» la tercera palabra clave. Porque, dijo el Papa, «el servicio de Dios es libre: nosotros somos hijos, no esclavos. Y servir a Dios en paz, con serenidad, cuando Él mismo nos ha retirado los obstáculos que quitan la paz y la serenidad, es servirlo con libertad». No por casualidad, añadió, «cuando nosotros servimos al Señor con libertad, sentimos esa paz todavía más profunda». Y es como volver a escuchar la voz del Señor que dice: «¡ven, ven, ven, siervo bueno y fiel!».

Sin embargo, para hacer esto, «necesitamos su gracia: solos, no podemos». Pero, precisó el Pontífice, no es que cuando «nosotros lleguemos a este estado de servicio libre, de hijos, con el Padre, podamos decir: “somos buenos siervos del Señor”». Más bien hay que decir simplemente «siervos inútiles». Expresión que indica «la inutilidad de nuestro trabajo: solos no podemos».

Por ello, explicó el Papa Francisco, solamente debemos «pedir y dejar espacio» para que Dios «nos transforme en siervos libres, en hijos, no en esclavos».

De ello se inspiró para la oración conclusiva: «que el Señor nos ayude a abrir el corazón y a dejar trabajar al Espíritu Santo, para que nos quite estos obstáculos, sobre todo las ganas de poder que hacen tanto daño, y la deslealtad, la doble cara», y aún más «nos de esta serenidad, esta paz para poderle servir como hijo libre que al final, con mucho amor» dice al Señor: «Padre, gracias, pero tú sabes: soy un siervo inútil».

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