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Sembradores de cambio

· Los mil rostros de la exclusión rural y urbana ·

Poner la economía al servicio de los pueblos; unir a estos en el camino de la paz y la justicia; defender la «madre tierra»: son las tres tareas fundamentales que el Papa Francisco encomendó a los movimientos populares, con quienes se reunió el jueves 9 de julio, por la tarde, en el mayor centro ferial de Bolivia.

El Papa concluyó su jornada en Santa Cruz participando en el segundo encuentro internacional de estas realidades, para recordar al mundo que los pobres, incluso padeciendo la injusticia, pueden luchar contra ella: es más, deben ser «sembradores de cambio», para sustituir la globalización de la exclusión y la indiferencia por la globalización de la esperanza. Porque –dijo a las tres mil personas presentes en la Expocruz– «el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de las “tres T”», tierra, techo y trabajo, que representan el eficaz eslogan de los movimientos populares, definidos por el Papa con una imagen fuertemente evocativa: «poetas sociales». Y en estas palabras del discurso más largo y apasionado del Pontífice en América Latina hay que buscar la clave de interpretación del viaje, que llega ya a la mitad del camino.

Con la participación del Consejo pontificio Justicia y paz y la Academia pontificia de ciencias –representados por el cardenal Turkson y el obispo Sánchez Sorondo, respectivamente presidente del dicasterio y canciller de la academia– tuvo lugar los días pasados en Santa Cruz la reunión de los delegados de los trabajadores temporales y de la economía informal, campesinos sin tierras, villeros, indígenas, migrantes y vendedores de periódicos de Bolivia. Con ellos también los cartoneros, miembros de cooperativas campesinas y movimientos de lucha por la vivienda, vendedores ambulantes, pequeños transportistas y pescadores. En la entrada se distribuyeron copias de la Laudato si'. Y João Pedro Stedile, del movimiento Sin Tierra de Brasil, aseguró que todos los invitados habían estudiado con atención la encíclica del Pontífice.

El Papa Francisco ingresó en el edificio que albergaba el encuentro en un tripudio de cantos, con las típicas melodías andinas, y de colores, propios de los pueblos de estas tierras. Entre cascos de mineros, sombreros de plumas, rostros pintados y otros marcados por la dura fatiga, el Pontífice tomó lugar en la mesa de la presidencia junto al jefe de Estado, Evo Morales, y treinta líderes de los diversos grupos que intervinieron. El símbolo de la conferencia era un brazo que sostiene una laya.

Antes de volver a su alojamiento, el Papa Francisco visitó al cardenal Terrazas, hospitalizado en la clínica Incor desde el 21 de junio. En Santa Cruz el Pontífice se alojó en la residencia del arzobispo emérito, quien sufre diversos problemas de salud desde abril pasado. Fue un encuentro entre viejos amigos: los dos, en efecto, son coetáneos y recibieron la púrpura en el mismo consistorio.

de nuestro enviado Gianluca Biccini

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14 de Noviembre de 2019

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