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Seguramente el diablo

· Misa en Santa Marta ·

«El diablo existe también en el siglo XXI y debemos aprender del Evangelio cómo luchar» contra él para no caer en la trampa. Pero para hacerlo no hay que ser «ingenuos», por ello se deben conocer sus estrategias para las tentaciones, que siempre tienen «tres características»: comienzan despacio, luego crecen por contagio y al final encuentran la forma para justificarse. El Papa Francisco alertó acerca del considerar que hablar del diablo hoy sea cosa «de antiguos» y precisamente en esto centró su meditación en la misa que celebró el viernes 11 de abril en la capilla de la Casa Santa Marta.

El Pontífice habló expresamente de «lucha». Por lo demás, explicó, también «la vida de Jesús fue una lucha: Él vino para vencer el mal, para vencer al príncipe de este mundo, para vencer el mal». Jesús luchó con el demonio que lo tentó muchas veces y «sintió en su vida las tentaciones y también las persecuciones». Así «también nosotros cristianos que queremos seguir a Jesús, y que por medio del Bautismo estamos precisamente en la senda de Jesús, debemos conocer bien esta verdad: también nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del demonio». Esto sucede «porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que nosotros seamos discípulos de Jesús».

Pero, se preguntó el Papa, «¿cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación?». La respuesta a este interrogante es decisiva. «La tentación del demonio —explicó el Pontífice— tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas». Ante todo «la tentación comienza levemente pero crece, siempre crece». Luego «contagia a otro»: se «transmite a otro, trata de ser comunitaria». Y «al final, para tranquilizar al alma, se justifica». De este modo las características de las tentaciones se expresan en tres palabras: «crece, contagia y se justifica».

Ello se deduce de la «primera tentación de Jesús» en el desierto, que «parece casi una seducción. El diablo va lentamente» y dice a Jesús: «¿Por qué no haces esto? Lánzate desde el templo y ahorras treinta años de vida, en un día todos te dirán: ¡he aquí el Mesías!». Es lo mismo «que hizo con Adán y Eva». El diablo le dijo: «Probad esta manzana, es buena, os dará sabiduría». El diablo sigue la táctica de la «seducción»: habla «casi como si fuese un maestro espiritual, como si fuese un consejero».

Pero si «se rechaza la tentación», luego «crece y vuelve más fuerte». Jesús, explicó el Papa, lo dice en el Evangelio de Lucas y advierte que «cuando se rechaza al demonio, da vueltas y busca algunos compañeros y vuelve con esta banda». Y he aquí que «la tentación es más fuerte, crece. Pero crece incluso involucrando a otros». Es precisamente eso lo que sucedió con Jesús, como relata el pasaje evangélico de Juan (10, 31-42) propuesto por la liturgia. «El demonio —afirmó el Pontífice— involucra a estos enemigos de Jesús que, a este punto, hablan con Él con las piedras en las manos», listo para matarlo. Y aquí «se ve clarísima la fuerza de este crecimiento» de la tentación por contagio. Así, «lo que parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua tranquilo, llega a ser una marea, un río fuerte que te lleva adelante». Porque, precisamente, la tentación «crece siempre y contagia».

La tercera característica de la tentación del demonio es que «al final se justifica». El Papa Francisco, al respecto, recordó la reacción del pueblo cuando Jesús volvió «por primera vez a su casa en Nazaret» y fue a la sinagoga. Primero todos quedaron asombrados por sus palabras, luego, inmediatamente, la tentación: «¿Pero no es éste el hijo de José, el carpintero, y de María? ¿Con qué autoridad habla si nunca fue a la universidad y jamás estudió?». De este modo buscaron justificar su propósito de «matarlo en ese momento, lanzarlo desde el monte».

También en el pasaje de Juan los interlocutores de Jesús querían matarlo, tanto que «tenían las piedras en las manos y discutían con Él». Así, «la tentación implicó a todos en contra de Jesús»; y todos «se justificaban» por esto. Para el Papa Francisco «el punto más alto, más fuerte de la justificación es el del sacerdote» que dice: «Pero acabemos con Él de una vez, vosotros no entendéis nada. ¿No sabéis que es mejor que un hombre muera por el pueblo? Debe morir para salvar al pueblo». Y todos los demás le daban la razón: es «la justificación total».

También nosotros, advirtió el Pontífice, «cuando somos tentados, vamos por este mismo camino. Tenemos una tentación que crece y contagia a otro». Basta pensar en las habladurías: si tenemos «un poco de envidia por esa persona o por la otra», no la mantenemos dentro sino que terminamos compartiéndola, hablando mal de ella por doquier. Y es así que la crítica «trata de crecer y contagia a otro y a otro...». Precisamente «este es el mecanismo de las habladurías y todos nosotros hemos sido tentados de criticar», reconoció el Papa, confesando: «¡También yo he sido tentado de criticar! Es una tentación cotidiana», que «comienza así, suavemente, como el hilo de agua».

He aquí por qué, afirmó una vez más el Pontífice, se debe estar «atentos cuando en nuestro corazón sintamos algo que acabará por destruir a las personas, destruir la fama, destruir nuestra vida, llevándonos a la mundanidad, al pecado». Se debe estar «atentos —añadió— porque si no detenemos a tiempo ese hilo de agua, cuando crece y contagia llega a ser una marea tal que llevará a justificarnos del mal»; precisamente «como se justificaron estas personas» presentadas en el Evangelio, que llegaron a decir a Jesús: «Es mejor que muera un hombre por el pueblo».

«Todos somos tentados —afirmó el Pontífice— porque la ley de nuestra vida espiritual, de nuestra vida cristiana, es una lucha». Y lo es en consecuencia por el hecho de que «el príncipe de este mundo no quiere nuestra santidad, no quiere que sigamos a Cristo».

Cierto, concluyó el Papa, «alguno de vosotros —tal vez, no lo sé— puede decir: pero padre, qué antiguo es usted, ¡hablar del diablo en el siglo XXI!». Pero, reafirmó, «mirad que el diablo está. El diablo está también en el siglo XXI. Y no debemos ser ingenuos. Debemos aprender del Evangelio cómo luchar en contra de él».

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20 de Septiembre de 2019

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