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Salida

Salida. Una palabra que encierra una de las novedades del pontificado de Francisco, palabra en torno a la cual se concentró el programa pastoral entregado en la exhortación apostólica Evangelii gaudium. Sin lugar a dudas es una expresión con la que el Pontífice quiere explicar cómo, ante una humanidad doliente, a causa de las heridas de todo tipo, tiene que llegar a realizar la evangelización, es decir, llevar el Evangelio hasta las periferias existenciales. «Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda» (Mateo 22, 9). Sobre todo acompañad a quien se encuentra al borde de los caminos, «cojos, lisiados, ciegos, mudos» (Mateo 15, 30). «Donde quiera que os encontréis no construyáis jamás muros ni fronteras, sino más bien plazas y hospitales de campo». Con estas palabras, dirigidas a los obispos italianos el 10 de noviembre de 2015 en la catedral florentina de Santa María de las Flores, el Papa indica cuál tiene que ser el estilo de la Iglesia «en salida», capaz de consolar, socorrer, curar y, sobre todo, hacer visible la misericordia di Dio.

Ser una Iglesia en salida presupone buscar a quien se ha perdido y acoger a quien pide ayuda. La Iglesia, por lo tanto, se encuentra en un «dinamismo en “salida”», porque está animada por la «potencia liberadora y renovadora» de la palabra de Dios. Pero para Francisco la salida prevé un paso anterior: el de la conversión, porque no está uno preparado hasta que no sale de sí mismo, hacia Dios y hacia los demás.

La disponibilidad hacia la escucha en salida es una de las claves interpretativas para entender toda la acción de Francisco, es el modo en el que el Papa ve en su magisterio los signos de la naturaleza misionera de la Iglesia. Bergoglio tuvo la intuición eclesial y pastoral de salir; de salir hacia las periferias e invertir la mirada volviendo a comenzar a partir, precisamente, de ellas, ahí donde la celebración de la eucaristía en comunión encuentra la imagen de la Iglesia que prefiere: la expresada por el Vaticano II en la Lumen gentium, del «santo pueblo fiel de Dios».

Por lo tanto, sentire cum ecclesia significa para el Papa Francisco ser una Iglesia «en estado permanente de misión». Una Iglesia «en salida» también de la autorreferencialidad encerrada en «una pequeña capilla que puede contener sólo a un pequeño grupo de personas seleccionadas».

Una Iglesia misionera proyectada hacia un mundo donde prevalece la «globalización de la indiferencia». Indiferencia que provoca esa «cultura del descarte» basada en la preeminencia del interés individual a la que según Francisco se debe contraponer el Evangelio de la misericordia.

de Silvina Pérez

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16 de Diciembre de 2018

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