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Riqueza para la humanidad

· En la audiencia general del miércoles 18 el Papa habla de los niños ·

Los niños son «una riqueza para la humanidad y también para la Iglesia», porque «nos remiten constantemente a la condición necesaria para entrar en el reino de Dios”: la de no considerarnos autosuficientes, sino necesitados de ayuda, amor y perdón». Lo destacó el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 18 de marzo, por la mañana.

Al continuar con los fieles presentes en la plaza de San Pedro las reflexiones dedicadas a las diversas figuras relacionadas con la vida familiar, el Pontífice se detuvo a hablar de los hijos. Los definió como «un gran don para la humanidad», pero también como «los grandes excluidos porque ni siquiera les dejan nacer». Según el Papa Francisco, es precisamente «del modo en el que son tratados los niños» que se puede juzgar «no sólo moralmente», sino «también sociológicamente si una sociedad es libre o por el contrario es esclava de los intereses internacionales». Señaló que «cuando vemos que el número de nacimientos de una sociedad llega apenas al uno por ciento, podemos decir que esta sociedad es triste, es gris porque se ha quedado sin niños».

El Papa invitó a todos a aprender de los pequeños algunas actitudes. En particular, destacó, ellos «nos recuerdan que somos siempre hijos» porque «la vida no nos la hemos dado nosotros mismos sino que la hemos recibido». Por tanto, no somos «los dueños de nuestra existencia» puesto que en todas las edades somos «radicalmente dependientes». Además nos enseñan a ver la realidad con «una mirada confiada y pura», no «contaminada por la malicia» o por la ambigüedad. También recordó que «los niños dicen lo que ven, no son personas dobles, no han cultivado aún la ciencia de la doblez que nosotros los adultos lamentablemente hemos aprendido».

Los niños en su sencillez conservan «la capacidad de recibir y dar ternura». Pero, sobre todo, «pueden enseñarnos de nuevo a sonreír y a llorar»: dos gestos -precisó el Papa- que «en nosotros a menudo se bloquean». Muchas veces, de hecho, «nuestra sonrisa se vuelve de cartón, algo sin vida, una sonrisa que no es alegre, incluso una sonrisa artificial, de payaso». Los niños, en cambio, «sonríen y lloran espontáneamente». Y esto, aseguró el Pontífice, «depende siempre del corazón». 

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18 de Octubre de 2019

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