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​Revolución de la ternura

· ​La misericordia en la vida de la Iglesia ·

Anticipamos la entrevista que el Papa Francisco concedió a la revista «Credere» y que se publicará en el número 49, que sale a la venta el jueves 3 de diciembre con fecha del 6 de diciembre.

Padre Santo -pregunta el entrevistador-, ahora que estamos por entrar en el punto esencial del Jubileo, ¿nos puede explicar qué movimiento del corazón lo impulsó a poner de relieve precisamente el tema de la misericordia? ¿Qué urgencia percibe, al respecto, en la actual situación del mundo y de la Iglesia?

El tema de la misericordia se va acentuando con fuerza en la vida de la Iglesia a partir de Pablo VI. Fue Juan Pablo II quien la subrayó fuertemente en la Dives in misericordia, la canonización de santa Faustina y la institución de la fiesta de la Divina Misericordia en la Octava de Pascua.

En esta línea, he percibido que hay como un deseo del Señor de mostrar su misericordia a los hombres. No es, por lo tanto, algo que se me ocurrió a mí, sino que retomo una tradición relativamente reciente, si bien siempre ha existido. Y me di cuenta de que era necesario hacer algo y continuar esta tradición. Mi primer Ángelus como Papa fue sobre la misericordia de Dios y en esa ocasión hablé también de un libro sobre la misericordia que me había regalado el cardenal Walter Kasper durante el cónclave; también en mi primer homilía como Papa, el domingo 17 de marzo en la parroquia de Santa Ana, hablé de la misericordia. No se trató de una estrategia, me surgió desde dentro: el Espíritu Santo quiere algo. Es obvio que el mundo de hoy necesita misericordia, necesita compasión, o sea “sufrir con”. Estamos acostumbrados a las malas noticias, a las noticias crueles y a las atrocidades más grandes que ofenden el nombre y la vida de Dios. El mundo necesita descubrir que Dios es Padre, que existe la misericordia, que la crueldad no es el camino, que la condena no es el camino, porque la Iglesia misma en algunas ocasiones sigue una línea dura, cae en la tentación de seguir una línea dura, en la tentación de destacar sólo las normas morales, y mucha gente queda fuera. Vino a mi mente esa imagen de la Iglesia como un hospital de campaña después de la batalla; es la verdad, ¡cuánta gente herida y destruida! A los heridos hay que curarlos, hay que ayudarles a sanar, no someterlos a los análisis para el colesterol. Creo que este es el momento de la misericordia. Todos nosotros somos pecadores, todos cargamos pesos interiores. He percibido que Jesús quiere abrir la puerta de Su corazón, que el Padre quiere mostrar Sus entrañas de misericordia, y para ello nos manda el Espíritu: para movernos y para desplazarnos. Es el año del perdón, el año de la reconciliación. Por un lado vemos el tráfico de armas, la producción de armas que matan, el asesinato de inocentes en los modos más crueles posibles, la explotación de personas, menores y niños: se está realizando —permítame el término— un sacrilegio contra la humanidad, porque el hombre es sagrado, es la imagen del Dios vivo. Es entonces que el Padre dice: «deteneos y venid a mí». Esto es lo que yo veo en el mundo.

Usted dijo que, como todos los creyentes, se siente pecador, necesitado de la misericordia de Dios. ¿Qué importancia ha tenido la misericordia divina en su camino de sacerdote y de obispo? ¿Recuerda en especial un momento en el que ha percibido de forma transparente la mirada misericordiosa del Señor en su vida?

Soy pecador, me siento pecador, estoy seguro de serlo; soy un pecador a quien el Señor miró con misericordia. Soy, como dije a los detenidos en Bolivia, un hombre perdonado. Soy un hombre perdonado, Dios me miró con misericordia y me ha perdonado. Aún ahora cometo errores y pecados, y me confieso cada quince o veinte días. Y si me confieso es porque tengo necesidad de sentir que la misericordia de Dios está aún sobre mí. Recuerdo —ya lo he dicho muchas veces— cuando el Señor me miró con misericordia. Siempre he tenido la sensación de que me cuidaba de modo especial, pero el momento más significativo se verificó el 21 de septiembre de 1953, cuando tenía 17 años. Era el día de la fiesta de la primavera y del estudiante en Argentina, y la hubiese pasado con los demás estudiantes; yo era católico practicante, iba a misa los domingos, pero nada más... estaba en la Acción católica, pero no hacía nada, era sólo un católico practicante. Por la calle que lleva a la estación ferroviaria de Flores, pasé cerca de la parroquia que frecuentaba y me sentí impulsado a entrar: entré y vi venir por un costado a un sacerdote que no conocía. En ese momento no sé lo que me pasó, pero sentí la necesidad de confesarme, en el primer confesionario a la izquierda —iba mucha gente a rezar allí. Y no sé lo que sucedió, pero salí otro, cambiado. Volví a casa con la certeza de que tenía que consagrarme al Señor; y este sacerdote me acompañó durante casi un año. Era un sacerdote de Corrientes, don Carlos Benito Duarte Ibarra, que vivía en la Casa del Clero de Flores. Tenía leucemia y estaba haciendo un tratamiento en el hospital. Murió al año siguiente. Después del funeral lloré amargamente, me sentí totalmente perdido, como con el temor de que Dios me hubiese abandonado. Este fue el momento en el que me encontré con la misericordia de Dios y está muy vinculado a mi lema episcopal: el 21 de septiembre es el día de san Mateo, y Beda el venerable, hablando de la conversión de Mateo, dice que Jesús miró a Mateo miserando atque eligendo. Se trata de una expresión que no se puede traducir, porque en italiano uno de los dos verbos no tiene gerundio, tampoco en español. La traducción literal sería «misericordiando y eligiendo», casi como un trabajo artesanal. «Lo misericordió»: esta es la traducción literal del texto. Cuando años después, rezando el breviario en latín, descubrí esta lectura, me di cuenta de que el Señor me había modelado artesanalmente con su misericordia. Cada vez que venía a Roma, ya que me hospedaba en vía de la Scrofa, iba a la iglesia de San Luis de los Franceses a rezar ante el cuadro del Caravaggio, precisamente el de la Vocación de san Mateo.

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22 de Febrero de 2018

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