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Respuesta coral

· En el Ángelus el Papa pide apoyo para los países que están en primera línea en la acogida de refugiados y saluda con esperanza el resquicio de paz abierto con el cese del fuego en Siria ·

«Una respuesta coral puede ser eficaz y distribuir de forma equitativa los pesos», ante el «drama de los refugiados que huyen de guerras y otras situaciones inhumanas». Así lo deseó el Papa Francisco al término del Ángelus del domingo 28 de febrero.

A los fieles congregados en gran número en la plaza de San Pedro el Pontífice recordó sobre todo los esfuerzos de Grecia y de los demás países «que están en primera línea» dando «un generoso auxilio», y destacó que ellos necesitan «la colaboración de todas las naciones. Por esto —advirtió— hay que centrarse con firmeza y sin reservas en las negociaciones».

Haciendo también referencia a las migraciones en masa, el Papa confesó haber «acogido con esperanza la noticia» del «cese de las hostilidades en Siria» e invitó a rezar «a fin de que este resquicio pueda traer alivio a la población, favoreciendo las necesarias ayudas humanitarias, y abra el camino al diálogo y a la paz».

Al saludar luego a los grupos presentes, el Pontífice aseguró su «cercanía al pueblo de las Islas Fiji, duramente golpeado por un devastador ciclón», elevando oraciones «por las víctimas y por quienes están comprometidos en prestar auxilio». Y recordó la jornada de enfermedades raras —celebrada al día siguiente, lunes 29— alentando a las asociaciones comprometidas en este frente.

Antes de la oración mariana, al comentar como es habitual las lecturas dominicales, el Papa Francisco había ofrecido una reflexión sobre la necesidad de convertirse «para embocar con firmeza la senda del Evangelio». Jesús, explicó, «nos llama a cambiar el corazón, a hacer una radical inversión en el camino de nuestra vida, abandonando las componendas con el mal, las hipocresías» y venciendo la tentación de la autojustificación que nos hace considerar ser «buena gente» y de no tener necesidad del perdón divino.

Lamentablemente, hizo notar el Papa, «cada uno de nosotros se parece mucho a un árbol que, durante años, ha dado múltiples pruebas de su esterilidad. Pero, afortunadamente, Jesús es semejante a ese campesino que, con una paciencia sin límites, obtiene una vez más una prórroga para la higuera infecunda». He aquí, entonces, un elogio a la «invencible paciencia» de Cristo, con la exhortación a reflexionar sobre la paciencia de Dios y sobre su continua preocupación por los pecadores. En efecto, concluyó Francisco, «nunca es demasiado tarde para convertirse, ¡nunca! Hasta el último momento: la paciencia de Dios nos espera. Cuántas veces —nosotros no lo sabemos, lo sabremos en el cielo—, cuántas veces el Señor nos salva: porque tiene una gran paciencia. Y esta es su misericordia».

Ángelus del Papa

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24 de Noviembre de 2017

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