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Respeto y humanidad hacia los marineros secuestrados

· El llamamiento del Papa en el Ángelus del «Domingo del mar» ·

«Aseguro mi oración por los marineros que desgraciadamente se encuentran secuestrados por actos de piratería». Lo dijo el Papa en el Ángelus del 10 de julio, recitado con los fieles presentes en patio del Palacio pontificio de Castelgandolfo. En su llamamiento el Pontífice expresó su deseo de que los secuestrados «sean tratados con respeto y humanidad» y aseguró su oración «por sus familiares, para que sean fuertes en la fe y no pierdan la esperanza de reunirse pronto con sus seres queridos». Y precisamente a un grupo de personas de varias nacionalidades que tienen parientes en manos de piratas, Benedicto XVI quiso reservar un breve encuentro al término de la oración mariana.

«Fueron unos diez minutos, durante los cuales cada uno de los presentes pudo experimentar en un clima sereno y familiar la gran humanidad de Benedicto XVI», cuenta a nuestro periódico el director nacional del Apostolado del mar, don Giacomo Martino, que lo acompañaba. «Más allá de la oficialidad de la audiencia —añade— cada uno pudo intercambiar alguna palabra con él. Considero algo típico de los hombres de gran talla el hacer sentir cómodas a personas de cualquier clase social».

Entre ellos, sobre todo madres y esposas que viven en un estado de ansiedad cotidiana, en algunos casos durante meses sin noticias de sus seres queridos, que no saben si se encuentran en tierra o en los barcos, pendiendo de un hilo por la angustia y esperando una llamada que puede llegar incluso en plena noche, con frecuencia con el pedido de rescate. «No hubo lágrimas —comenta el sacerdote— sino ojos brillantes de conmoción. Aunque al final todos los participantes dejaron el Palacio pontificio con el rostro más relajado, con la certeza consoladora de que el Papa reza personalmente por cada uno de ellos». Además, el hecho de que Benedicto XVI los haya recibido durante el período de reposo estival, dice mucho de su voluntad de relanzar la atención de la opinión pública a un tema que ha quedado en el olvido de los medios de comunicación, que ya no hablan más de ello desde hace un buen tiempo. «El suyo no ha sido un gesto pequeño, sino enorme» concluye el sacerdote, renovando la esperanza de que al reto mundial de la piratería sea dada una respuesta global y coordinada a nivel internacional. Para dar una idea del fenómeno basta pensar que el año pasado hubo 445 ataques, con 53 barcas secuestradas y 1.181 marineros capturados; mientras que en 2011, hasta ahora se han denunciado 214 episodios nuevos, con 26 embarcaciones todavía rehenes de los piratas y 800 secuestrados.

Anteriormente, Benedicto XVI comentando el Evangelio dominical, se había detenido en la parábola del sembrador ( Mateo 13, 1-23).

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24 de Febrero de 2018

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