Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

Religiosas y cárceles

 Rejas, muros, candados y cadenas; hombres, mujeres y también niños; detenidos culpables y detenidos inocentes; inmigrantes clandestinos; corredor de la muerte; campos de reclusión en la historia de ayer y de hoy; martirio. Juntos, de la mano, en la escucha, en la oración y en el abrazo, religiosas que encuentran y han encontrado en la asistencia a los presos un modo concreto de aliviar numerosas heridas, porque –como recordó recientemente el Papa Francisco, aceptando el regalo de un bolso hecho a mano para él por algunas detenidas de la cárcel romana de Rebibbia–, «ninguna celda está tan aislada como para excluir al Señor, ninguna». Entrar en las cárceles para estar verdaderamente cerca de quienes están detenidos requiere un gran esfuerzo de identificación, porque el tiempo, los sonidos, los colores, las prioridades, todo cambia detrás de las rejas, donde la consecuencia más terrible es la pérdida de la esperanza. No es tanto el corazón roto, sino el corazón que se convierte en piedra.  Este número está dedicado a la relación entre religiosas y cárceles. Está dedicado a las religiosas que entran en ellas para estar junto a los detenidos, pero también a las religiosas que vivieron personalmente el encarcelamiento, porque en ambas situaciones las religiosas se demuestran capaces de vivir ese momento como auténtica comprensión de su misión de mujeres y de religiosas. Para este número Isabella Ducrot –apasionada de rosas que cultiva desde hace años con sabiduría y amor– diseñó una variedad específica de dicha flor. Son matas compuestas por pequeños y perfectos pompones blancos leche, entre los cuales asoman, esparcidos, capullos rojos rubí; las hojas son pequeñas, ordenadas, oscuras y sempervirentes. Estas rosas se llaman Félicité et Perpétue, y toman su nombre de dos jóvenes mujeres que fueron martirizadas bajo Septimio Severo. Su muerte es para nosotras un testimonio de pasión, dignidad y valor, de fe, cárcel y feminidad. (g.g.)

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

26 de Febrero de 2020

NOTICIAS RELACIONADAS