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Reencontrar ideales que la vida cotidiana esconde

· En el Circo Máximo y en la plaza San Pedro el encuentro del Papa con los jóvenes italianos ·

Los sueños de los jóvenes son como «estrellas brillantes»: un «tesoro» que es necesario

«transformar en la realidad del futuro». Y para hacer esto «se necesita valentía». Es esta una de las más significativas consignas que el Papa encomendó a las decenas de miles de chicos y chicas italianos reunidos en la noche del sábado 11 y la mañana del domingo 12 de agosto como conclusión de la peregrinación nacional organizada por la Conferencia episcopal en vista del Sínodo de octubre y de la Jornada mundial de la juventud en enero del próximo año.

Respondiendo a cuatro preguntas, en el sugerente marco del Circo Máximo, antes de guiar la vigilia de oración en el atardecer del sábado, el Pontífice afrontó los temas de la identidad de las nuevas generaciones, de su responsabilidad en el mundo y la búsqueda del sentido del recorrido de fe. Añadiendo consideraciones personales al texto preparado, Francisco sobre todo comparó los sueños y los miedos de los jóvenes, subrayando que los primeros «dan miedo a los adultos», porque «cuando un joven sueña va lejos», mientras que los adultos muchas veces dejan de soñar y de arriesgar. Y así los sueños de los jóvenes terminan poniendo «en crisis sus elecciones. Pero vosotros no os dejéis robar vuestros sueños» les exhortó. Y propuso como modelo a Francisco de Asís: «un joven, aquí en Italia, veinteañero, veintidós años, que empezó a soñar a lo grande. Y su padre, un gran hombre de negocios, trata de convencerle» de que se estaba equivocando. Pero este joven del siglo XIII siguió sus sueños «y cambió la historia de Italia». De aquí la consigna del Pontífice: «Un joven que es capaz de soñar, se convierte en maestro, con el testimonio», porque «hace mover los corazones y hace ver los ideales que la vida corriente cubre. No dejéis de soñar y sed maestros en el sueño. El sueño es de gran fuerza». Con dos advertencias: la primera es que para soñar no hace falta «comprar las pastillas» — es más «las que te adormentan el corazón, te queman las neuronas, te arruinan la vida» — y el segundo es que no es necesario caer en la trampa «del tener, del establecerse en un bienestar y no ser un peregrino en el camino de nuestros sueños. Chicos y chicas, sois vosotros peregrinos en el camino de vuestros sueños. Corred el riesgo en ese camino: no tengáis miedo, porque la vida no es una lotería: la vida se realiza. Y todos nosotros tenemos la capacidad de hacerlo».

Afrontando el tema del compromiso y de la responsabilidad, el Papa exaltó el valor de la libertad y del amor, con la petición a los padres de ayudar a los jóvenes a madurar. Y a los directos interesados dirigió la invitación a «arriesgar en el amor, pero en el amor verdadero, no en el entusiasmo amoroso maquillado de amor».

Finalmente, respondiendo a los grandes interrogantes de la fe y de la búsqueda de sentido, el Papa habló de la importancia del testimonio, con la denuncia del clericalismo como perversión de la Iglesia y la clara afirmación de que esta «sin testimonio es solamente humo».

Sucesivamente, en una atmósfera de silencioso recogimiento, los jóvenes rezaron escuchando la palabra de Dios. Testimonios y cantos marcaron la vigilia hasta la reflexión conclusiva pronunciada por el Pontífice comentando el pasaje del Evangelio de Juan sobre el discípulo que Jesús amaba. También las ilustraciones que embellecían el escenario, obra del artista holandés Kees de Kort, estaban inspiradas en la figura del joven evangelista. «Caminando juntos en estos días — les dijo Francisco — habéis experimentado cuánto cuesta acoger al hermano o a la hermana que está a mi lado, pero también cuanto alegría puede darme su presencia si la recibo en mi vida sin prejuicios y clausuras. Caminar solos permite estar desvinculados de todo, quizá más rápidos, pero caminar juntos hacer ser un pueblo». Por otro lado, comentó haciendo referencia a un proverbio popular: «Si quieres ir rápido, corre solo. Si quieres ir lejos, ve junto a alguien».

Al día siguiente por la mañana Francisco se reunió de nuevo con los jóvenes italianos en el Ángelus a medio día: después de haber participado en la plaza de San Pedro en la misa celebrada por el cardenal presidente de la CEI, Bassetti, recitaron la oración mariana dominical con el Pontífice. El cual se despidió de ellos pidiéndoles «ser protagonistas en el bien. No os sintáis bien – fue su recomendación – cuando no hagáis el mal; cada uno es culpable del bien que podía hacer y no ha hecho. No basta con no odiar, es necesario perdonar; no basta con no tener rencor, es necesario rezar por los enemigos; no basta con no ser causa de división, es necesario llevar paz donde no la hay».

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24 de Marzo de 2019

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