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Recoser el tejido social en México

· Proyecto de los jesuitas contra la escalada de criminalidad ·

Parroquias que tejen vínculos con la población en un contexto de violencia y de muerte. Una señal de vida en un panorama nacional que, solo en los últimos días, ha dejado en México tres curas muertos, otros tantos estudiantes asesinados de una manera atroz en el estado de Jalisco y una desesperación en aumento. Numerosos sacerdotes han aceptado la propuesta del programa de los jesuitas por la paz, un modelo de convivencia que empieza en la iglesia local, porque que desde allí han elegido partir para reparar la fractura social, causa principal del crecimiento de la criminalidad en el país sudamericano.

En algunos territorios particularmente violentos, la solidaridad y la búsqueda de valores profundos ha empezado a hacer despuntar semillas de bien. En Huatusco, en el estado de Veracruz, no lejos de la costa, en uno de los territorios más famosos de la vía de la droga, la semilla de paz está llevando frutos. La ciudad cuenta con sesenta mil habitantes, con situación de dependencia a las drogas, fracturas familiares, hurtos y poca seguridad. «Gracias al proyecto, el tejido social, con un camino de reconciliación familiar y el refuerzo de los vínculos comunitarios entre las parroquias –explican el padre Paul Bello Montalvo, párroco de la iglesia de Cristo Rey y el padre Cristoforo Garrido, párroco de San Antonio– la vida comienza a ser más segura. La necesidad de emigrar ha contribuido a la segregación, determinando un incremento de las separaciones en las familias, a menudo golpeadas por el alcoholismo y la droga».

Jóvenes, adultos, niños y ancianos están involucrados en este proyecto de evangelización que tiende a incluir a todos. Catequesis y comunidad son las palabras clave sobre las que se abren los proyectos parroquiales. Convivencia, visita a los diferentes barrios, diálogo y economía social son elementos para unir las diferentes realidades. «No menos importante — aclara el padre Jorge Atilano, jesuita, director del proyecto que sigue personalmente en todo México — es comer y rezar juntos. La comunicación para hacer conocer las iniciativas y la invitación a la oración, como agradecimiento de lo bueno que Dios ha donado a la parroquia, son momentos esenciales».

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21 de Agosto de 2018

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