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Quinientos años con Teresa

Cuántas madres, cuántos padres han elegido su nombre para sus hijas. Cuántas religiosas (muchas, a su vez, llegaron a ser beatas y santas) lo han elegido para su bautismo espiritual. Cuántas personas, creyentes y no, han sacado de su ejemplo y de sus páginas fuerza y nueva valentía para afrontar la vida. En quinientos años –tantos han pasado desde el 28 de marzo de 1515–, Teresa ha dejado huellas profundas. 

Por eso hemos decidido dedicarle este número de “mujeres iglesia mundo”, repasando las etapas de su herencia: en el diálogo entre una carmelita descalza y una estudiosa atea (excepción a nuestra regla, por la cual en la primera página siempre se entrevista a una mujer católica); en el relato de una escritora francesa que acaba de dedicarle su última novela; en la encuesta de una historiadora católica que investiga las innumerables metamorfosis que experimentó la santa a lo largo de los siglos; en la narración de una historiadora judía, que nos cuenta los orígenes no cristianos de Teresa. Pero meditar sobre ella también es realizar un viaje por la historia del arte. A partir del único retrato hecho cuando Teresa aún estaba viva, a los 61 años: la pintura de fray Juan de la Miseria (hoy es la imagen más reproducida en las numerosísimas tiendas de souvenirs de Ávila) recupera los rasgos de una mujer inteligente, fuerte y segura (“¡que Dios te perdone! Me has pintado vieja y lagañosa”, le dijo al artista). Y aunque en el siglo XVIII importantes pintores la retrataron en pleno éxtasis místico –Zurbarán, Velázquez, Ribera y Rubens, entre otros–, quien hizo de ella el símbolo mismo de la mística fue Bernini, en su obra maestra que ahora se halla en la iglesia de Santa María de la Victoria en Roma. Una galería de imágenes capaces de romper el esquema reductivo de Teresa como monja obediente. Una ruptura reafirmada a lo largo de los siglos, hasta llegar al siglo XX, cuando Teresa se convirtió, entre otras cosas, en un icono de artistas muy diversos entre sí, como la polaca Tamara de Lempicka y la belga Ade Bethune, cuyos santos en blanco y negro ilustraron durante decenios las páginas del Catholic Worker. Pero es Teresa misma quien nos proyecta al futuro. “Veo los tiempos –escribió en Camino de perfección– de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres”. (g.g.)

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17 de Febrero de 2020

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