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Querido Papa, te pregunto

· Diez jóvenes mujeres no católicas, de diferentes partes del mundo, preguntan a Bergoglio ·

¿Qué tienen en común diez jóvenes mujeres que viven en diez países diversos y no se conocen entre sí? Para comenzar, todas son hijas de la misma época, con una edad comprendida entre los 20 y los 30 años. Si por una parte el relativismo cultural ha abierto una brecha entre sociedades geográficamente muy cercanas, por otra las nuevas generaciones de todo el planeta están unidas por un estilo de vida común, por nuevas tecnologías y por una visión del mundo neocientífica que descarta a priori cualquier posibilidad de trascendencia, hasta tal punto que –parafraseando al Papa Francisco–, se podría hablar de globalización de la inmanencia.

Sin embargo, todas las mujeres a las que entrevistamos no pertenecen a la categoría de racionales no creyentes. Algunas son agnósticas, y el agnosticismo es hoy la fe laica que caracteriza transversalmente a la cultura juvenil globalizada (incertidumbre ante el futuro, rechazo de asumir la responsabilidad de elecciones definitivas, fascinación por lo desconocido), con la apariencia de una supuesta mayor libertad: posibilidad de reescribir siempre el propio pensamiento sin ceder a la pesadumbre de decisiones ya no revocables, atribuidas a esas confesiones tradicionales que ahora se consideran inadecuadas para interpretar las necesidades existenciales. Así pues, entre los perfiles de las diez mujeres se vislumbra un anhelo de algo que está más allá, pero que no se sabe expresar, y que tal vez sea el verdadero denominador común de esta generación.

Las preguntas que las diez mujeres formulan al Papa no tienen nada que ver con los dilemas teológicos y doctrinales, por lo demás muy serios y fundamentales, que constituyen la trama central de la materia religiosa, ni tampoco tienen que ver con la curiosidad sobre hábitos y gustos personales del Pontífice. Al contrario, son cuestiones que van derecho al corazón de temas importantes para la gente común.

China

Ying nació en una pequeña aldea china, en la provincia de Hebei, a 150 kilómetros de Pekín. Tiene 27 años. Su padre es albañil, clásico emigrante interno que se desplaza continuamente de una parte a otra del país en busca de trabajo. Su madre trabaja en la granja de familia. Ying trabaja en Pekín como intérprete para una sociedad letona. «Soy una mujer china muy práctica, y creo que el mundo debería comportarse según reglas claras. Tener una religión significa entrar en un camino existencial especial, en el que las personas ya no se comportan simplemente de acuerdo con la racionalidad y la razón, por eso la religión no es algo para mí. Pero creo que de todos modos existe algo más allá de nuestra capacidad de comprensión. Si tuviera que hacerle una pregunta al Papa, sería esta: ¿qué significa tener un poder espiritual respecto, por ejemplo, al poder de nuestros líderes políticos?

Estonia

Kaisa, que vive en Tallin, tiene 24 años y estudia en el Estonian Information Technology College. «Estonia es un país pequeño, pero muy creativo e innovador, especialmente desde el punto de vista tecnológico. Otra característica es que figura entre los países menos religiosos del mundo. Me alegra no tener una religión, lo cual no quiere decir que Dios no exista; solo significa que las normas religiosas creadas por el hombre no van bien para mí. Obviamente, hay cosas divinas en la vida, más aún, pienso que todas los seres vivos poseen cualidades divinas, pero no tienen necesidad de una religión para ser tales. Mi pregunta al Papa es esta: ¿estaría dispuesto a asumir la responsabilidad de todos los niños que nacerían si ya no se usara el preservativo o la píldora? ¿Acaso la Iglesia espera crear un ejército de millones de niños pobres y abandonados, y después educarlos para que sean misioneros?».

Indonesia

Ayana nació en 1990, es indonesia de familia musulmana. «No soy religiosa, pero todos los seres vivos forman parte del universo; por tanto, creo en una especie de energía vital y positiva que impregna la vida de cualquier ser animado. Mi pregunta es esta: ¿por qué, si existe, Dios nos ha creado? Muchos científicos están convencidos de que el ser humano está destinado a desaparecer (asteroides, carestías, guerras), y que solo permanecerán las cucarachas y alguna que otra colonia de ratones. De ser así, ¿qué sentido habría tenido crear al género humano, si un día no quedará huella de él en la tierra? ¿Cuál sería el sentido de una aparición tan fugaz? Las cucarachas son evolutivamente inmortales, por tanto, ¿tienen más dignidad que el hombre?».

Corea del Sur

Yuja vive en Busan, tiene 22 años y estudia medicina. «Casi un tercio de los coreanos son cristianos, hasta tal punto que en las ciudades más importantes hay campanarios altísimos que ya forman parte del paisaje. Yo misma estudié en una escuela cristiana, pero personalmente creo que es muy conveniente la idea de tener un Dios misericordioso que puede justificar todas nuestras culpas con la excusa del arrepentimiento. Tuve como profesor a un pastor que todas las semanas pedía donativos para los huérfanos filipinos. Después se descubrió que usaba ese dinero para ir con prostitutas. El pastor sigue enseñando, y probablemente esté en paz con su conciencia, visto que Dios perdonó ciertamente sus pecados. Pienso que toda la vida que existe en el universo tiene la misma dignidad, por lo cual no creo que existan lugares especiales para el hombre, como el infierno o el paraíso, y nada para los demás seres vivos, como si hubiera animales de primera y de segunda categoría. En efecto, creo que el hombre es una especie de insecto sin finalidad alguna, producto de reacciones químicas más o menos misteriosas. Mi pregunta es: un Dios como el cristiano, o sea, semejante a los seres humanos, más que humildad, ¿no expresa arrogancia, la hybris del hombre? Y si Dios es ese ser omnipotente del que se habla, ¿no debería ser algo que está por encima de nuestra imaginación, hasta tal punto que fuera imposible concebirlo con cualquier apariencia, y mucho menos con aspecto de ser humano?».

Francia

Nadége dice: «Nací en Francia. Mi padre es judío no creyente y mi madre católica agnóstica. Después de la muerte de mi abuelo, a la edad de 8 años comencé a reflexionar sobre la cuestión del mal, el dolor y la nada. Elegí inscribirme en una escuela religiosa, y realicé alguna que otra tímida experiencia de fe. A los 10 años fui bautizada. A pesar de ello, no logré responder a las preguntas que me formulaba. Elegí un itinerario de estudio que comprendía biología, matemática y neurociencia, pero esto tampoco me dio una respuesta útil. Por tanto, seguí un curso de materias de medicina y trabajé como neuróloga. Ahora tengo 31 años y trabajo como psicóloga con niños y adolescentes en un hospital parisiense. En mi trabajo todos los días experimento que el alma, lo que yo quiero llamar alma, está condicionada por el contexto en el que se vive, pero también por los vínculos con las generaciones anteriores. No obstante esto, todavía no logro elaborar una noción de Dios. Es más, creo haber llegado a la conclusión de que dicha noción no es necesaria. ¿Cuál es, según usted, el sentido último de la vida humana? Como creyente, ¿cómo explica el hecho de que solo las mujeres pueden procrear?».

Estados Unidos de América

«Me llamo Chelsea, tengo 25 años, y me crió mi madre. Trabajo como camarera en un restaurante de Omaha, en Nebraska. Soy licenciada en antropología y en estudios de género. Actualmente estoy estudiando como intérprete de la lengua de signos. Me considero una persona espiritual, pero que no se adhiere a ninguna religión en particular. No creo que exista una divinidad que gobierna a la humanidad, más aún, pienso que todo lo que existe en el universo coincide con lo que los cristianos llaman Dios. Pero no creo en la existencia de una entidad que trasciende el universo y la materia como la conocemos. Mi pregunta es: hay muchos cristianos, y también católicos, que justifican sus prejuicios contra personas con tendencias sexuales diversas de las suyas basándose en las Escrituras. Por tanto, se podría decir que lo hacen de buena fe. ¿Es posible considerarla una actitud legítima? Otra pregunta: me gustaría saber si dentro de algunos años todos los países del mundo aprobaran el matrimonio de parejas homosexuales a excepción, por ejemplo, de Italia, ¿esta última excepción debería seguir siendo la regla?».

Japón

«Me llamo Shiho, tengo 21 años y estoy completando el tercer año de universidad, en la carrera de política internacional. Crecí en Tokio, y mis padres me mandaron a una escuela cristiana privada, por lo cual tengo un conocimiento relativamente bueno de las enseñanzas del cristianismo. No obstante, elegí ser atea porque pienso que es una elección existencial que me permite cultivar amistades, o relaciones sociales en general, sin correr el riesgo de crear conflictos con los demás. Me resulta muy difícil comenzar cualquier tipo de relación con personas que tienen un profundo sentido religioso, porque a menudo este suscita desagradables discrepancias. Los japoneses son un pueblo esencialmente ateo, pero, al mismo tiempo, constituyen una de las sociedades más pacíficas y obedientes a las reglas de la vida común: ¿cuál sería, entonces, la ventaja de creer en un Dios? ¿Usted piensa verdaderamente que las religiones pueden coexistir pacíficamente? Si es así, ¿de qué modo podrían hacerlo? ¿No piensa que no creer en ninguna religión puede ser, en realidad, una elección más eficaz para alcanzar la armonía y la paz entre los pueblos, considerando que la continua predicación religiosa a menudo es precisamente la causa (voluntaria o involuntaria) de los conflictos contra los que se bate dicha predicación?».

Italia

«Me llamo Viviana y tengo 30 años. Soy de Roma, pero vivo en Sídney, donde trabajo como niñera. Me licencié en psicología infantil, y tengo la suerte de trabajar con pequeños desde hace muchos años. Me preocupan mucho los niños, en particular los menos favorecidos, que viven en las áreas del mundo donde la guerra y la carestía también los privan del alimento necesario para sobrevivir. Colaboré como voluntaria en África, y con frecuencia me pregunto si en tiempo de guerra un Papa, en nombre de un bien superior, podría realizar el gesto extremo de ir personalmente, con todo lo que representa simbólicamente, a los campos de batalla, reales o potenciales, evitando así, con mucha probabilidad, cualquier foco de conflicto armado. Nadie osaría desencadenar una guerra si en el frente enemigo apareciera la figura solemne, de carne y hueso, del Pontífice. En el fondo, Cristo realizó un gesto muy parecido: con su sacrificio salvó a los hombres y los redimió de sus pecados. No digo que haya que hacer esto en cada ocasión de conflicto, pero realizar este tipo de gesto para detener los conflictos de los que nadie habla, ¿le parece un acto tan descabellado que no vale la pena tener en cuenta?».

Rusia

«Me llamo Irina. Nací en Novosibirsk, capital de Siberia. Mi familia hizo siempre todo lo posible para que recibiera una buena educación, y después de los estudios me licencié en relaciones internacionales y me radiqué en Madrid, donde conseguí un máster en cooperación internacional y ayuda humanitaria. Ahora vivo en Barcelona, donde fundé una empresa. No estoy casada y no tengo hijos. Jamás he sido una persona religiosa, pero tampoco atea; digamos que soy agnóstica. Pienso que existe una especie de ley universal que regula todo, y también creo en la existencia de una especie de energía (¿energía consciente?) que a su vez predetermina esta ley universal. He aquí mis preguntas: ¿cuáles son, en su opinión, los tres factores más importantes que definen el papel de la Iglesia en la sociedad moderna? Dado que hoy las desigualdades sociales se han agravado respecto al pasado, según usted, ¿existieron en el pasado sistemas políticos (si es así, cuáles) que garantizaron mejor igualdad social y mejor equidad en la distribución de los recursos? ¿Cree que existe un país cuyo sistema político-social merece considerarse un modelo para imitar?».

Irán

«Me llamo Maryam y tengo 30 años. Vivo en Alemania, pero nací en Irán. Tengo ambas ciudadanías. Me licencié en ingeniería y estoy estudiando para conseguir un doctorado en biotecnología. Crecí con una madre y un padre ateos. Tras haber reflexionado largamente sobre este tema, puedo decir que el ateísmo es una elección justa. Mi pregunta es esta: considerando los diez mandamientos, me pregunto, ¿es realmente necesario tener una religión que nos diga cosas muy obvias, como no matar o no robar? Y aunque la religión fuera necesaria, ¿también sería necesaria una Iglesia, o sea, una institución que gasta muchísimos recursos en su administración, recursos que con frecuencia provienen de contribuciones de pensionados, de personas con trabajos humildes y sueldos bajísimos, que creen que su dinero se usa verdaderamente con propósitos buenos? Más de una vez me encontré con religiosos, con voto de pobreza, que poseían un iPad o un costosísimo modelo de iPhone, aunque existen aparatos con las mismas funciones y con un coste muy inferior y el Evangelio es fundamentalmente un mensaje que dice: bienaventurados los pobres y ¡ay de vosotros ricos!».

Por Cristian Martini Grimaldi

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17 de Febrero de 2020

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