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​Que cada pueblo redescubra su alma

· La petición de Francisco en su viaje a Rumanía ·

En el primer discurso recién aterrizado en Bucarest, frente a las autoridades y al cuerpo diplomático, el pasado viernes 31 de mayo, el Papa habló de la necesidad de que la sociedad y la política tengan corazón para hacer que las cosas funcionen bien. Porque, afirmó Francisco, «no es suficiente con actualizar las teorías económicas, ni con las técnicas y las habilidades profesionales, aunque sean necesarias», sino que se trata «de desarrollar, junto con las condiciones materiales, el alma de vuestro pueblo» y añadió, fuera del programa, «porque los pueblos tienen un alma, tienen un modo de entender la realidad, de vivir la realidad». Lo que hace avanzar al pueblo, según el Papa, pasa a través de la vuelta siempre al alma de ese pueblo.

El día siguiente, durante la homilía pronunciada en el santuario mariano de Sumuleu-Ciuc, en un hermoso marco paisajístico en los Cárpatos frente a una multitud alegre de casi cien mil personas entre rumanos y húngaros, el Papa añadió que los pueblos conviven en el mundo como un único pueblo compuesto por hijos de Dios y que la conciencia creyente debe llevar a reconocerse todos como hermanos hijos del mismo Padre, abandonando las divisiones y los rencores. El arzobispo rumano Ioan Robu el día después en la comida privada con el Santo Padre comentó que esa misa, celebrada en lengua rumana y húngara, fue una novedad histórica para las gentes de esos lugares y una señal profética para el futuro. El Papa se detuvo en el concepto de “peregrinar”, de caminar juntos y definió este peregrinar como «saber que venimos como pueblo a nuestra casa» y también aquí dijo algunas palabras que no estaban previstas en el programa, similares a las del día anterior: Peregrinar «es saber que tenemos conciencia de ser pueblo».

En otras palabras improvisadas, fuera del programa, en el último discurso del domingo por la tarde, en el barrio gitano de Blaj, el Papa subrayó que había ido hasta allí «para construir un puente entre mi corazón y el vuestro», donde se refería al pueblo gitano.

Esta insistencia particular indica que este es un tema muy importante para el Papa, que durante muchos años ha vuelto al vínculo entre las personas, el corazón, el alma y la conciencia. Hace veinte años, el 5 de mayo de 1999, hablando con educadores, el arzobispo de Buenos Aires declaró que «la memoria de los pueblos no es un ordenador sino un corazón». En otro discurso en 2010, el cardenal Bergoglio reflexionó sobre el hecho de que «este pueblo, en cuyo seno somos ciudadanos, sabe y tiene alma; y como podemos hablar del alma de un pueblo, hablamos de una hermenéutica, de una manera de ver la realidad, de una conciencia [...] Es una conciencia histórica que se ha forjado en etapas significativas». Las etapas significativas no son solo los grandes acontecimientos de la historia, sino también el simple y continuo paso de las generaciones; el 9 de julio de 2015, en Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, hablando con motivo del segundo encuentro mundial de movimientos populares, el Papa Francisco afirmó que «La historia la construyen las generaciones que se suceden en el marco de pueblos que marchan buscando su propio camino y respetando los valores que Dios puso en el corazón».

El tema del encuentro entre generaciones ha sido también un motivo recurrente en los discursos y en las homilías de este viaje a Rumanía. En la homilía del 31 de mayo en la catedral de San José, el Papa se detuvo en la escena evangélica del encuentro entre María e Isabel donde es esta última, «la anciana, la que habla de futuro, la que profetiza [...] Así, la joven va al encuentro de la anciana buscando las raíces y la anciana profetiza y renace en la joven regalándole futuro. Así, jóvenes y ancianos se encuentran, se abrazan y son capaces de despertar cada uno lo mejor del otro».

Así se realiza el paso, tan querido por el Papa, del profeta Joel («vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones» 3, 1) que indica el momento saliente, el signo distintivo de un pueblo verdadero y vivo. Porque el puevblo está estrechamente vinculado al tema del relato, el Papa lo dijo eficazmente en 2016 en respuesta al Padre Antonio Spadaro en una entrevista que acompañó el libro En tus ojos está mi palabra, que reúne sus escritos como arzobispo de Buenos Aires: «Hay una palabra muy maltratada: hablamos mucho de populismo, política populista, programa populista. Pero esto es un error. Las personas no son una categoría lógica […] es una categoría histórica y mítica. El pueblo se hace en un proceso, con el compromiso en vista de un objetivo o un proyecto común. La historia está construida por ese proceso de generaciones que se suceden dentro de un pueblo. Es necesario un mito para entender el pueblo. Cuando explicas lo que es un pueblo usas categorías lógicas porque lo debes explicar: hacen falta, es cierto. Pero no explicas así el sentido de pertenencia al pueblo. La palabra pueblo tiene algo más que no puede explicarse de manera lógica. Ser parte del pueblo es formar parte de una identidad común hecha de vínculos sociales y culturales. Y esta no es una cosa automática, es más: es un proceso lento, difícil... hacia un proyecto común».

¿Por qué esta insistencia en el tema del pueblo por parte del Papa Francisco? El discurso, como acabamos de observar, se remonta a hace tiempo, se apoya, por lo tanto, en la experiencia del sacerdote y obispo argentino que ha vivido los sucesos atormentados de los pueblos sudamericanos pero esta reflexión tan insistida no es solo fruto de la experiencia pasada, sino que nace también de una preocupación sobre el momento actual y en vista del próximo futuro. La mirada del Papa, mientras lee atentamente las señales del tiempo presente, está dirigida hacia adelante y quiere decir a quien lo escucha: el pueblo no es solo la suma de los individuos que habitan el mismo territorio, que ocupan el mismo espacio físico, el pueblo es mucho más, es esa realidad que nace cuando esta masa de individuos vuelve a su alma, es decir, desarrolla una conciencia común, a través del relato que brota del encuentro de las generaciones, para las que las raíces, los ancianos, dan linfa vital a las ramas más jóvenes del mismo árbol. Es esta la conciencia que forma el alma de un pueblo de personas, es decir, de seres humanos en relación, no solo en el espacio sino también en el tiempo; si nace esta conciencia entonces existe un pueblo y solo un pueblo fuerte y solidario es el antídoto al virus más insidioso de todo pueblo, el populismo. Palabras que suenan como profecía. Precisamente como la anciana Isabel frente a maría también el Papa estos días en Rumanía ha parecido profetizar sobre los jóvenes, dándoles futuro, recargándolos y alentándolos respeto a los desafíos de los tiempos de hoy.

Andrea Monda

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22 de Noviembre de 2019

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