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Por una paz construida en casa

· El Papa Francisco al celebrar la 47ª Jornada mundial indica de dónde hay que partir para llevar justicia y verdad a todos ·

 Es la fuerza no violenta de la verdad y del amor lo que se necesita para construir la paz en el mundo. Una fuerza que se descubre en la mansedumbre de un corazón que, ante la «debilidad del Niño Jesús», rechaza la opresión, «las tentaciones de venganza, de prepotencia y corrupción». Pero es un camino que debe comenzar desde casa, en la casa de cada hombre, dijo el Papa Francisco el miércoles 1 de enero, por la mañana, durante el primer Ángelus del nuevo año. La paz, fue en esencia su mensaje, se construye ante todo en casa. Luego «se sigue adelante, a toda la humanidad». Que el Espíritu Santo –fue su invocación –, «actúe en nuestro corazón, rompa las cerrazones y las durezas». Todo lo que empobrece el corazón del hombre.

Ante miles y miles de personas reunidas para la oración mariana en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco sacó, de entre las hojas del discurso preparado, una carta. Era la carta «de un señor –explicó–, tal vez uno de vosotros», quien contaba una tragedia familiar y enumeraba muchas tragedias que trastornan el mundo. Pero lo que hizo reflexionar al Papa fue el interrogante ante tanto mal: «¿qué sucede en el corazón del hombre, que le lleva a hacer todo esto?». El Pontífice tomó en gran consideración el desahogo del hombre y no dudó en hacer suyas las palabras repitiendo: «¿Qué sucede en el corazón de la humanidad? ¡Es hora de detenerse!». Y partir de nuevo «con más firmeza por las sendas de la justicia y de la paz». Propósitos que el Papa Francisco encomendó seguidamente a la Madre de Dios.

Una intención que poco antes resonó también en la basílica vaticana, donde el Pontífice celebró la misa por la 47ª Jornada mundial de la paz. Así como poco después haría en la plaza, pidió a los fieles que asistieron a la celebración repetir tres veces la invocación a la Madre de Dios. Por la tarde visitó la basílica de Santa María la Mayor para repetir su oración ante la «Salus populi romani».

En las vísperas de la solemnidad mariana, que presidió por la tarde del 31 de diciembre de 2013, el Obispo de Roma entonó el Te Deum de acción de gracias por el fin de año. En la homilía se dirigió especialmente a los romanos, invitándoles a rediseñar el rostro de una ciudad acogedora e implicarse en las necesidades de tantos hermanos y no limitarse a mirar «desde el balcón».

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12 de Noviembre de 2019

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