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​Por un nuevo éxodo

· El encuentro del Papa con la diócesis de Roma en la basílica de San Juan de Letrán ·

«Es necesario escuchar sin temor nuestra sed de Dios y el grito que sale de nuestra gente de Roma, preguntándonos: ¿en qué sentido este grito expresa una necesidad de salvación, es decir de Dios?». Es la invitación dirigida por el Papa Francisco a los representantes de los distintos componentes de la comunidad diocesana de Roma que han participado en el encuentro que se celebró el lunes 14 de mayo por la tarde, en la basílica de San Juan de Letrán.

Después de haber escuchado la relación de síntesis del trabajo de la comisión que en los meses pasados profundizó el tema de las “enfermedades espirituales” y después de haber respondido a cuatro preguntas planteadas por el arzobispo vicario Angelo De Donatis, el Pontífice pronunció un discurso en el cual exhortó a dejarse «iluminar por el paradigma del éxodo, que cuenta precisamente cómo el Señor haya elegido y educado un pueblo al cual unirse, para hacerlo el instrumento de su presencia en el mundo». Este suceso, explicó, «habla de una esclavitud, de una salida, de un pasaje, de una alianza, de una tentación/murmuración y de un ingreso», pero en sustancia «un camino de sanación». Y como tal puede orientar los pasos de la comunidad eclesial de Roma, ayudándola a liberarse de «una condición de esclavitud, es decir de limitación sofocante, de dependencia de cosas que no son el Señor».

En tal sentido Francisco invitó a los presentes «a emprender otra etapa del camino de la Iglesia de Roma: en un cierto sentido un nuevo éxodo, una nueva partida, que renueve nuestra identidad de pueblo de Dios». Con este fin, añadió, «será necesario que nuestras comunidades se vuelvan capaces de generar un pueblo, capaces de ofrecer y generar relaciones en las cuales nuestra gente pueda sentirse conocida, reconocida, acogida, bien querida». Una auténtica «revolución de la ternura», que parte de «un pasaje previo de reconciliación y de conciencia que la Iglesia de Roma debe cumplir»: o sea «reconciliarse y retomar una mirada verdaderamente pastoral – atenta, amable, benévola, implicado – tanto hacia sí misma y su historia, como hacia el pueblo al cual es mandada». 

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20 de Octubre de 2018

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