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Por respeto a los ángeles

· Por qué las mujeres se debían cubrir la cabeza en la iglesia ·

Quizácomo respuesta al comportamiento excesivamente libre de los fieles durante las asambleas, Pablo dirigióa la joven y vivaz comunidad de Corintios su célebre exhortación (1 Corintios 11, 1-16) a no abandonar sus enseñanzas: “Guardad las tradiciones tal como os las he transmitido”. Cuando el canon de las Escrituras aún debía formarse, las primeras normas cristianas en materia de fe, de liturgia y de disciplina se remitían efectivamente a la “tradición”, y, después del concilio de Nicea, a las formulaciones conciliares. En su Carta a los corintios, el apóstol recuerda algunos fundamentos de la teología de la pareja: la cuestión del velo muliebre comienza precisamente aquí.

Wilhelm Leibl, “Tres mujeres en la iglesia” (1882)

En el origen de su uso hay, pues, un problema de disciplina, como lo confirma el final del párrafo: “Por lo demás, si alguien es amigo de discusiones, le advertimos que entre nosotros se acostumbra usar el velo y también en las Iglesias de Dios”. Pablo trata de restablecer el orden en una comunidad heterogénea y problemática como la de Corintios, en una situación de tensión y de inobservancia que justifica sus severas instrucciones y que dan la impresión de colocar a la mujer en una posición subordinada respecto al hombre, basándose en una doble jerarquía de tipo cronológico (“no es el hombre el que procede de la mujer, sino la mujer del hombre”) y ontológico (“no fue creado el hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre”). Y “por esta razón la mujer debe tener sobre su cabeza un signo de sujeción, por respeto a los ángeles”. Este signo es el velo.

El fundamento teológico de esa expresión es mucho más complejo e implica también la práctica de la profecía, no exenta de resabios de pureza ritual y religiosa que confluyeron en los usos de las primeras comunidades cristianas. Por lo demás, Pablo era de tradición judía, educado en las escuelas rabínicas, aunque había nacido en un ambiente helénico. La compleja expresión “por respeto a los ángeles”la explican los más intransigentes con el temor de despertar el deseo sexual de los ángeles, que habrían caído por haberse enamorado de las mujeres, según el relato de Génesis (6, 4), desarrollado después en los textos apócrifos. Es una ulterior culpa atribuida a la responsable de la caída del hombre, “imagen y reflejo de Dios”, a diferencia de la mujer, “reflejo del hombre”(1 Corintios 11, 7).

Por consiguiente, el velo de la mujer, en palabras de los Padres de la Iglesia, es “el peso de su sumisión constitucional”o su “yugo”, o el “símbolo de su sumisión”. Por este motivo, las mujeres cristianas “no solo deberían cubrirse la cabeza, sino también toda la cara”, imitando “a las mujeres de Arabia”, que a duras penas ven con un solo ojo a través del velo.

En la antigüedad no todas las Iglesias siguieron la misma tradición, por lo cual se planteóel problema de seguir la tradición más apropiada a las normas enseñadas por Dios. Para la solución de la cuestión del velo, Tertuliano recurrióa la autoridad de las Iglesias orientales: los corintios, después de la contestación, recibieron y transmitieron la enseñanza de Pablo, y por esta razón todas las demás Iglesias debían adecuarse a la norma litúrgica paulina. Muy pronto se impuso el opúsculo catequístico de Tertuliano El velo de las vírgenes, el cual, aunque se hacía eco del montanismo, se convirtióen un manual de referencia para las futuras instituciones monásticas femeninas. No obstante su título, establecía la norma del uso del velo durante la oración no solo para las vírgenes sino también para todas las mujeres, casadas inclusive (“mujeres de pudicia de segundo grado”).

La exigencia de conferir a la norma la autoridad de la Iglesia institucional se transparenta en el posterior Liber pontificalis, que atribuye al Papa Lino, precisamente por orden de san Pedro, su predecesor, la confirmación de la obligación de que las mujeres participen en la celebración eucarística con la cabeza cubierta.

Es cierto que la enseñanza paulina, a través de la criba de la tradición, fue reformulada por el concilio de Gangra (en torno al año 324), que definióel velo “memorial de sumisión”. Atenuando esta definición, se añadióposteriormente al Codex iuris canonici de 1917, que todavía distinguía entre hombres con la cabeza descubierta y mujeres con el velo y vestidos sobrios.

Después de la reforma conciliar no hay otras indicaciones específicas. Esta costumbre, que respeta la tradición, parece superarse con la Gaudium et spes ( "la Iglesia no estáligada de manera exclusiva e indisoluble (…) a costumbre alguna antigua o reciente"), que entre las formas de discriminación condena en primer lugar la “distinción de sexo”, reconociendo que los derechos fundamentales “no están todavía protegidos en la forma debida por todas partes (…) cuando se niega a la mujer el derecho de escoger libremente esposo y de abrazar el estado de vida que prefiera o se le impide tener acceso a una educación y a una cultura iguales a las que se conceden al hombre”. Ya no hay cabida para ese signo de sumisión, muy malentendido o instrumentalizado en su significado original.

Cuando era niña y los domingos iba a misa, si me olvidaba el velo en casa tenía temor de entrar en la iglesia, y perdía la misa, sumando uno pecado a otro. Hoy me pondría el velo por respeto.

Sandra Isetta

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23 de Febrero de 2020

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