Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

​Por el camino de la unidad

Hasta tal punto difícil que durante años pareció un sueño, el encuentro entre el Patriarca de Moscú y el Papa fue sencillo como una reunión entre hermanos. Durante dos horas, en una sala del aeropuerto de La Habana, donde el avión procedente de Roma hizo escala, Kiril y Francisco hablaron. “Con toda franqueza” y “con toda libertad”, especificó después el Pontífice en vuelo hacia México, meta de su duodécimo viaje internacional: “conversación de hermanos”, ambos obispos, sobre sus Iglesias y sobre el mundo donde están llamados a vivir, presentes solo dos intérpretes y los colaboradores más estrechos, el metropolita Hilarión y el cardenal Koch, que durante más de dos años tejieron con paciencia los hilos de una tela complicada.

Pero el tejido fue mucho más largo, porque se remonta a más de medio siglo, con el afianzamiento del movimiento ecuménico y con la novedad del Concilio Vaticano II. Histórico fue el encuentro en Jerusalén entre Atenágoras y Pablo VI, seguido, aunque entre luces y sombras, por el fortalecimiento de la esperanza de unidad. Y hoy, además de la reunión entre Kiril y Francisco, el fruto es una Declaración conjunta bellísima, con tonos solemnes y cálidos, que el Papa definió pastoral y que comienza con una acción de gracias a “Dios, glorificado en la Trinidad, por

este encuentro, el primero de la historia”.

La solemnidad de la expresión está plenamente justificada: sí, “este encuentro” no tiene precedentes, como histórica es la Declaración. Al reconocer ante todo el significado del lugar donde Kiril y Francisco decidieron “finalmente” verse: Cuba, encrucijada mundial y símbolo de esperanzas y dramas, como el Papa subrayó dándole las gracias al presidente Raúl Castro, presente en la firma del documento.

“A distancia de las antiguas disputas, para afirmar la

necesidad de los cristianos de mirar adelante y constituir así un modelo para toda la humanidad.

Se tiene conciencia “de la permanencia de numerosos

obstáculos”, pero igualmente fuerte es la de la participación en una “tradición espiritual común”, que se formó durante el primer milenio conforme al testimonio de la Madre de Dios y de los santos, en particular de los mártires, “semilla de cristianos”. Pero si se mira la historia, precisamente en el tiempo de la Iglesia indivisa crecieron también divergencias y ásperas divisiones, hasta la pérdida de la unidad en torno a la Eucaristía, “consecuencia de la debilidad humana y del pecado”, deplorada en la Declaración.

Hoy, “en un período de cambios históricos”, delante de

todos está la alarma trágica de las sanguinarias

persecuciones contra los cristianos, sobre todo en Oriente Medio y en África. Hasta el exterminio de “familias, aldeas y ciudades enteras”, del que es responsables un terrorismo criminal que se alimenta de eslóganes religiosos blasfemos. En Europa, en cambio, un secularismo agresivo amenaza la libertad religiosa, no respeta las raíces cristianas del continente, debilita a la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, destruye la vida humana con el aborto, la eutanasia, la procreación asistida.

Ante la denuncia, nunca antes tan fuerte, de las

persecuciones y de un secularismo hostil, el Documento, que con acentos nuevos indica la necesidad de reconciliación entre ortodoxos y greco-católicos, manifiesta la convicción igualmente fuerte de que ortodoxos y católicos ya están unidos: no solo por la tradición común sino también por la misión común de predicar el Evangelio que anhela el mundo, aun sin saberlo. Para avanzar, encontrándose y caminando juntos, por el camino de la unidad.

g.m.v.

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

18 de Septiembre de 2019

NOTICIAS RELACIONADAS