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​ Poner a los jóvenes en movimiento

· La conversación en Cartagena de Indias entre el Papa y los jesuitas colombianos ·

Al inicio del encuentro en Cartagena de Indias el párroco de Santa Rita, Jorge Iván Moreno preguntó al Papa qué le había impresionado más de la visita.

Detengámonos en la cuestión, porque creo que da ocasión para decir algo que me interesa mucho. Lo que he advertido y me ha conmovido más es la espontaneidad. El pueblo de Dios no ha puesto límites a su expresión calurosa. Si hiciéramos estudios de interpretación, se podrían encontrar miles de modos de interpretar este hecho. Pero era simplemente el pueblo de Dios en salida para acoger. Para mí, hay una señal clara de que no era una cosa preparada con eslóganes ya hechos: el hecho de que la cultura propia de aquellas partes del pueblo de Dios, de aquellas zonas por las que he pasado, se expresaba, con toda libertad, alabando a Dios. Es singular: por desgracia, a veces tenemos la tentación de hacer evangelización para el pueblo, hacia el pueblo, pero sin el pueblo de Dios. Todo para el pueblo, pero nada con el pueblo. Este comportamiento, el última instancia, se remonta a una concepción liberal e iluminista de la evangelización. Es cierto, la primera bofetada a esta visión se la da Lumen gentium: la Iglesia es el santo pueblo de Dios. Por esto, si queremos sentir a la Iglesia, debemos sentir al pueblo de Dios. Pueblo... ¡hoy es necesario prestar atención cuando se habla de pueblo! Porque alguno dirá: «terminaréis por convertiros en populistas», y se comenzarán a hacer elucubraciones. Pero es necesario entender que la de «pueblo» no es una categoría lógica. Si se quiere hablar de pueblo con esquemas lógicos se acaba por caer en una ideología de carácter iluminista y liberal o «populista», precisamente..., de todos modos, se termina por cerrar al pueblo en un esquema ideológico. Pueblo en cambio es una categoría mítica. Y para comprender al pueblo es necesario estar inmerso, hay que acompañarlo desde dentro.

Ser Iglesia, santo pueblo fiel de Dios en camino, necesita pastores que se dejen llevar por esa realidad del pueblo que no es ideológica: es vital, está viva. La gracia de Dios que se manifiesta en la vida del pueblo no es una ideología. Ciertamente hay tantos teólogos que podrían explicar muchas cosas importantes por conocer sobre el tema. Pero yo quiero decir que la gracia no es en absoluto una ideología: es un abrazo, es algo más grande. Cuando paso por lugares come este de Cartagena, donde la gente se expresa libremente, me doy cuenta de que se expresa como pueblo de Dios. Claro, es cierto que algunos afirman que el pueblo es supersticioso. Entonces aconsejo ir a leer a Pablo VI, que en el número 48 de Evangelii nuntiandi, ponía en evidencia los riesgos, pero también muchas virtudes del pueblo. Él decía que la religiosidad popular está, sí, abierta a la penetración de supersticiones. Pero decía también que, si está bien orientada, es rica en valores y manifiesta una sed de Dios que solo los simples y los pobres pueden conocer. El pueblo de Dios tiene olfato. Y a veces, a lo mejor, no es capaz de expresarse bien, puede que se equivoque a veces... ¿Pero alguno de nosotros puede decir: «Te agradezco, Señor, porque nunca me he equivocado»? No. El pueblo de Dios tiene olfato. Y a veces nuestra obligación de pastores consiste en colocarnos detrás del pueblo. El pastor debe asumir todos las tres actitudes: delante, para señalar en camino; en el medio, para conocerlo; y detrás, para que nadie se quede detrás y para dejar que sea el rebaño el que busque el camino... y las ovejas huelen al buen pastor. El pastor debe moverse continuamente con estas tres actitudes. Esto es lo que me resulta responder a esta pregunta.

El encargado de la pastoral juvenil de la provincia, Rodolfo Abello, por tanto preguntó al Pontífice hacia qué horizonte quisiera que estuvieran motivados los jóvenes colombianos de espiritualidad ignaciana.

Me resulta responder, para decirlo de un modo algo intelectual: colocarles en espiritualidad de ejercicios. ¿Qué quiero decir? Ponerlos en movimiento, en acción. Hoy la pastoral juvenil de los grupos y de la pura reflexión ya no funciona. La pastoral de los jóvenes no arraiga. Debes poner al joven en movimiento: sea o no sea practicante, debe ser puesto en movimiento. Si es creyente, guiarlo te resultará más fácil. Si no es creyente, hay que dejar que sea la vida misma quien lo interpele, pero estando en movimiento y acompañándolo; sin imponerle nada, pero acompañándolo... en actividad de voluntariado, en trabajos con los ancianos, en trabajos de alfabetización... todos los modos adaptados a un joven. Si ponemos al joven en movimiento, lo ponemos en una dinámica en la cual el Señor comienza a hablarles y comienza a sacudirles el corazón. No seremos nosotros los que les sacudamos el corazón con nuestros argumentos; al máximo, los ayudaremos, con la mente, cuando el corazón se mueve.

Ayer, en Medellín, conté un episodio que para mí significó mucho, porque me salió del corazón. En Cracovia, durante la comida con quince chicos de diversas partes del mundo, junto al arzobispo -en cada Jornada de la juventud hay una comida del estilo- comenzaron a hacer preguntas y se abrió un diálogo. Un joven universitario me preguntó: «Algunos de mis compañeros son ateos, ¿qué debo decir para convencerlos?». Esto me hizo notar el sentido de militancia eclesial que tenía aquel chico. La respuesta que me salió fue clara: «Lo último que tienes que hacer es decir algo, realmente lo último. Comienza a actuar, invítalo a acompañarte y, cuando vea que lo que haces y el mundo donde lo haces, te preguntará y en aquel momento, puedes empezar a decir algo».

Lo que os digo es poner a los jóvenes en movimiento, inventar cosas que les hagan sentir protagonistas y después, les induzcan a preguntarse «¿qué sucede? ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué he salido más contento?». Como en los Ejercicios, en conclusión, cuando se nos pregunta sobre las mociones interiores. Pero obviamente, no preguntéis a los chicos qué mociones han tenido, porque no entenderían nada de vuestro lenguaje. Pero dejad que os cuenten ellos qué han sentido y a partir de ahí, implicadlos poco a poco. Pero para ser capaces, como me decía el benemérito padre Furlong, cuando me hicieron provincial- es necesario tener la paciencia de estar sentados y escuchar a quien viene cuando hace preguntas y es necesario saber hacer malabares cuando quien viene quiere encaminarse en discusiones infinitas. Los jóvenes se cansan, los jóvenes discuten; entonces es necesario tener esa mortificación continua de estar escuchándolos siempre y de todos modos. Pero para mí, el punto clave es el movimiento.

En lugar de hacer una pregunta, el escolástico Jefferson Chaverra adelantó al Papa, en nombre de todo el pueblo afro-colombiano, la petición de un mayor acompañamiento y empeño por parte de la Iglesia. Porque, explicó, «nuestro dolor y nuestro sufrimiento como pueblo negro continúa siendo enorme».

Eso que dices es cierto. En el discurso que dirigí a los obispos hablé de la realidad que has tocado, Hay un carisma base del jesuita colombiano: es una persona y se llama Pedro Claver. Creo que Dios nos ha hablado a través de este hombre. Esto me impresiona; en el fondo él era un chico, un joven jesuita en formación, pero que hablaba tanto con el viejo poder. Y el viejo alimentaba sus aspiraciones. ¡Qué hermoso sería que nuestros viejos en la Compañía se colocaran delante y los jóvenes fueran detrás de ellos! Así se cumplirían las palabras de Joel: «Los viejos soñarán y los jóvenes profetizarán». Y, por tanto, es necesario profetizar, pero hablando con los viejos.

Al final, el docente de teología, Vicente Durán Casas preguntó al Papa Francisco indicaciones para la reflexión filosófica y teológica en Colombia y en la Iglesia en general.

Diría, para empezar, que no es una reflexión de laboratorio. De hecho, hemos visto qué daño ha terminado haciendo la gran y brillante escolástica de Tomás cuando empezó a decaer, a decaer, a decaer...: se convirtió en una escolástica de manual, sin vida, mera idea y se tradujo en una propuesta pastoral casual. Al menos, en nuestros tiempos, fuimos formados en esta línea... Diría que era más que nada ridículo, que, para explicar la continuidad metafísica, el filósofo Losada hablara de puncta inflata... Para demostrar este tipo de cosas, se caía en el ridículo. Era un gran filósofo de la época, pero decadente, volaba pesadamente... Por tanto: la filosofía no en el laboratorio, sino en la vida, en el diálogo con lo real. En el diálogo con lo real encontrarás, como filósofo, las tres cosas trascendentales que hacen la unidad, pero con un nombre concreto. Recordamos las palabras de neustro gran escritor Dostoevskij. Como él, también nosotros debemos reflexionar sobre qué belleza nos salvará, sobre la bondad y sobre la verdad. Benedicto XVI hablaba de la verdad como encuentro, más bien ya no una clasificación, sino un camino. Siempre en diálogo con la realidad, porque no podemos hacer filosofía con la tabla logarítmica, que, por otra parte, ya está en desuso. Y lo mismo vale también para la teología, pero esto no quiere decir «degenerar» la teología, al contrario. La teología de Jesús era la cosa más real de todas, partía de la realidad y se elevaba hasta el Padre. Partía de una semilla, de una parábola, de un hecho... y lo explicaba. Jesús quería una teología profunda y la realidad grande es el Señor. Me gusta repetir que para ser un buen teólogo, más allá de estudiar, es necesario tener dedicación, estar despiertos y captar la realidad; sobre todo es necesario reflexionar arrodillados. Un hombre que no reza, una mujer que no reza no puede ser teólogo o teóloga. Será el volumen del Denzinger hecho persona, sabrá todas las doctrinas existentes o posibles, pero no hará teología. Será un compendio, un manual donde está todo. Pero hoy la cuestión es cómo expresas a Dios, cómo expresas quien es Dios, como se manifiestan el Espíritu, las plagas de Cristo, el misterio de Cristo, a partir de la Carta a los Filipenses, 2,7 en adelante... cómo explicas estos misterios y les vas explicando y cómo estás enseñando ese encuentro que es la gracia. Como cuando lees a Pablo en la Carta a los Romanos, donde está todo el misterio de la gracia y quieres explicarlo.

Aprovecho esta pregunta para decir una cosa que creo que deba decirse por justicia y también por caridad. De hecho, escucho muchos comentarios -respetables, porque dichos por hijos de Dios, pero equivocados- sobre la Exhortación apostólica post-sinodal. Para entender la Amoris laetitia es necesario leerla de arriba abajo. Comenzar por el primer capítulo, para continuar con el segundo y así sucesivamente... y reflexionar. Y leer qué se dijo en el Sínodo.

Segunda cosa: algunos sostienen que bajo la Amoris laetitia no hay una moral católica o, al menos, no es una moral segura. Sobre esto quiero reafirmar con claridad que la moral de la Amoris laetitia es tomista, la del gran SantoTomás. Podéis hablar con un gran teólogo, entre los mejores de hoy y entre los más maduros, el cardenal Schönborn. Esto quiero decirlo para que ayudéis a las personas que creen que la moral es pura casuística. Ayudadlas a darse cuenta de que el gran Santo Tomás posee una grandísima riqueza, capaz incluso hoy de inspirarnos. Pero arrodillados, siempre arrodillados...

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