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Pinceladas de cristianismo

· En las páginas de la escritora Kyung-sook Shin ·

“Una noche –cuenta el profesor Yun a sus alumnos de la Universidad de Seúl–, mientras dormía profundamente, Cristóbal oyó que alguien lo llamaba. (…) Cerca de la orilla del río, envuelto en la bruma nocturna, había un niño. Le dijo que tenía necesidad de su ayuda, porque debía ir a la orilla opuesta antes del alba. A pesar de que era plena noche, Cristóbal aceptó. Cargó al niño en los hombros y entró en el agua.

Acababa de entrar en el río cuando el nivel del agua comenzó a subir hasta llegarle al cuello. El niño, que antes era tan liviano, empezó a pesarle tanto que Cristóbal pensó que tenía sobre los hombros una enorme carga de hierro. El caudal del agua aumentaba cada vez más y el peso del niño amenazaba con hundirlo. Cristóbal, siempre tan confiado, pensó por primera vez que moriría sumergido por el agua. (…) Extenuado por el esfuerzo y el miedo, logró llegar a la otra orilla. Depositó al niño en la tierra, y le dijo: “Pensaba que iba morir por tu culpa. A pesar de que eres tan pequeño, creí que llevaba el peso de todo el mundo. Desde que trabajo como transbordador, no había encontrado jamás a una persona tan pesada como tú”. Entonces, una luz inmensa envolvió al niño, que se transformó, ante sus ojos, en Jesús”.

El profesor Yun concluye su relato. Y pregunta a sus alumnos, enmudecidos: ¿preferiríais ser Cristóbal o el niño? Esta escena está tomada de la novela Yo estaré, de la escritora Kyung-sook Shin. La trama se centra en el recuerdo de una lejana amistad juvenil entre tres muchachos, que nace como respuesta a las dificultades de una generación para hallar su lugar en medio de una coyuntura política muy azarosa para Corea del Sur. Precisamente el profesor Yung les muestra el camino a los tres muchachos, animándolos a correr riesgos, a abrirse al mundo, a protegerse entre ellos a lo largo del camino hacia la edad adulta.

El relato de Cristóbal es solo un meteorito, pero es interesante la pincelada que deja, porque, casi a contraluz, de las páginas de Kyung-sook Shin trasparenta la imagen de un país impregnado de cristianismo en el encuentro (unas veces exitoso, otras veces fallido) con la sociedad coreana tradicional.

Nacida en 1963, en una región montañosa de Corea del Sur, cuarta de seis hijos, a los 16 años Shin se trasladó a Seúl. Trabaja de día (y manda dinero a su casa) y por la noche asiste a la escuela. Su presentación como escritora tuvo lugar en 1985 (tenía apenas 22 años), con El invierno de aquel año.

Primera mujer y primera coreana en ganar en 2012 el Man Asian Literary Prize, el premio más prestigioso del continente, Kyung-sook Shin se hizo famosa en todo el mundo con la novela Por favor, cuida de mamá, cuya trama se basa en la lucha de una familia contra el alzaheimer de una madre anciana, desaparecida en la nada.

La pincelada, aquí, es maravillosa. Cuando las ya débiles huellas de la anciana mujer se han evaporado, su hija menor, de paso por Roma, después de haber comprado el rosario que su madre le había pedido mucho tiempo antes, va a rezar a San Pedro. “Por favor, cuida de mamá”: en una ciudad en la que no hay nada de la historia de su mamá, la hija logra finalmente proferir su grito de dolor, dirigiéndose a la Madre que tiene en los brazos a su Hijo muerto, ante la Piedad.

Ante aquella que realiza el gesto que ninguna madre debería estar obligada a hacer, se encomienda su hija. 

Giulia Galeotti

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26 de Febrero de 2020

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