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Piedra sobre piedra

· ​El viaje de Francisco a África en una entrevista con el cardenal Filoni ·

«Es revolucionario que Francisco haya abierto el Año jubilar anticipadamente, en un país atormentado por la guerras civil, donde es necesaria la paz». Acabado de llegar de África, donde acompañó al Papa como prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, el cardenal Fernando Filoni recorre para nuestro periódico los temas de la visita pontificia. «Recordando que la paz avanza sólo a través del perdón y la comprensión mutua», explica el purpurado, Francisco eligió la capital centroafricana porque «precisamente en Bangui, desde el punto de vista de la convivencia civil, era necesaria esta perspectiva de misericordia y de perdón».

Ante todo una mirada a los países visitados. ¿Por qué Kenia, Uganda y la República Centroafricana?.

Es importante que el Papa, después de haber estado en Asia, también en este otro territorio de misión haya privilegiado países en los cuales desde los tiempos de Juan Pablo II no se habían realizado visitas apostólicas. Obviamente Uganda fue elegido por la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la canonización de los mártires, Kenia por ser un país que ha sufrido a causa de reiteradas luchas político-religiosas. Por último, la República Centroafricana representa en este momento la parte más frágil, más débil del continente y necesita un apoyo especial para confirmar la fe de los cristianos y dar también al mundo islámico una perspectiva de paz y —como dijo Francisco mismo— no de tolerancia sino de convivencia.

¿Qué palabras y gestos del Pontífice piensa que conmovieron más a los africanos?

Distinguiría los tres países visitados. La Iglesia en Kenia ya está mucho más estructurada, con capacidad de expresarse a sí misma. Y aquí el Papa manifestó su aliento a fin de que sea verdaderamente instrumento de bien y de desarrollo para la sociedad civil. Y los kenianos se llevarán en el corazón sobre todo el diálogo con los jóvenes. Francisco los alentó a tener un papel fundamental en el desarrollo de la sociedad. En Uganda, el Pontífice, como lo hizo Pablo VI hace cincuenta años, destacó, a través del testimonio de los mártires, la conciencia profunda de tener una herencia espiritual propia. El Papa dijo: «Tú Uganda tienes en tu sangre un adn, hazlo fructificar». También aquí surgió la alegría de la fe. Y es la misma que hemos encontrado en Centroáfrica. En una extrema situación de pobreza y de conflicto, la alegría de la fe rodeó y protegió al Papa: sabían que de él podía llegar una palabra que ni las armas, ni las cuestiones económicas, ni las luchas políticas pueden dar. Mientras volvíamos hacia el aeropuerto, vi una moto con tres jóvenes que trataban de alcanzar al Papa y tenían en la mano un trozo de cartón con tres palabras escritas con bolígrafo. La primera era “Gracias”, la segunda “Paz”, la tercera “Honor”. ¿Por qué honor? Postrados por su situación y humillados por el hecho de no ser considerados a la altura de acoger al Papa, surgió en ellos el honor de poder decir: hemos recibido al Papa. Cierto, queda grabado en los ojos todo el sufrimiento de esta gente que, sin embargo, mostró una gran dignidad. Miraban con ojos inmensos. Es necesario que ahora también la sociedad internacional se interese por esta población y le ayude a crecer con sus fuerzas.

¿Ya está preparada la Iglesia en África para ser fuerza misionera?

África es grande. Hay zonas en las que la Iglesia está más adelantada y puede ofrecer, como fidei donum, sacerdotes, religiosos y religiosas incluso a otros continentes. La Iglesia local está tomando conciencia de que África se debe evangelizar a sí misma. Por ello el Papa, al hablar a los obispos de Uganda, dijo que no ve bien que haya diócesis ricas de personal y estructuras y otras pobres. Es necesaria la misionariedad interna. Es un aspecto que aún se debe comprender y desarrollar mejor. Existen otras partes del continente que, en cambio, todavía tienen necesidad de ayuda, de aliento y también de personal.

Maurizio Fontana

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18 de Junio de 2019

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