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Pastoral de acompañamiento

· Entrevista a José Luis Escobar, presidente de la Conferencia Episcopal de El Salvador ·

Ya han pasado 25 años desde que finalizó la guerra civil en El Salvador y sin embargo la violencia sigue siendo una de las mayores preocupaciones de esta nación. Así lo indica monseñor José Luis Escobar, obispo de San Salvador y presidente de la Conferencia Episcopal. En esta entrevista con L’Osservatore Romano, el prelado explica cómo fue el encuentro con el Papa Francisco durante la visita ad limina que han realizado esta semana en Roma. Asimismo, recuerda la importancia de la figura de monseñor Romero para su país y para toda la Iglesia.

¿Cómo vivieron el encuentro con el Papa Francisco al inicio de la visita ad limina?

El Papa nos recibió el lunes 20 de marzo en un encuentro muy hermoso. Nos impresionó muchísimo por su cercanía, bondad, paternidad y la confianza con la que nos habló desde el principio. Antes de hablar él nos preguntó de qué queríamos hablar nosotros. Fue una reunión sin agenda pero muy sustanciosa. Empezamos a hablar en un tono muy familiar, ambiente coloquial. El Papa estuvo con nosotros durante dos horas, con tanta paciencia y amabilidad. Le preguntamos de todo y nos contestó sobre todo.

Un tema que me gustaría destacar es el de los mártires porque esta era como una misión que traíamos nosotros, la expectativa de nuestro pueblo de la futura canonización de monseñor Romero. ¡Ojalá sea pronto! Nosotros le expresamos el cariño del pueblo salvadoreño. Y también le transmitimos la invitación de todo nuestro país para que vaya a El Salvador. La invitación por escrito la habíamos ya presentado antes, para que nos presidiera la fiesta del centenario del natalicio de monseñor Romero que tendrá lugar el 15 de agosto. Pero ahora se lo pedimos personalmente.

¿Pudieron hablar sobre el proceso de canonización de monseñor Romero con el Pontífice?

Sí. Le pedimos la gracia de la pronta canonización de monseñor Romero y la pronta beatificación del padre Rutilio Grande. Él nos escuchó con mucho afecto y cariño. Adivinamos en su corazón y en su pensamiento el deseo de que suceda pronto. Sin embargo, debo ser sincero, no nos dio ninguna fecha. Sí nos dijo que es importante que pidamos a Dios la gracia de la pronta canonización de monseñor Romero y la pronta beatificación del padre Rutilio. Y dijo que tanto la canonización como la beatificación son siempre manifestación de Dios, don y milagro del Señor que debemos pedir. De este modo nos invitó a pedir al pueblo salvadoreño que ore y favorezcamos la oración. También nos animó a que en nuestra pastoral favorezcamos la figura de monseñor Romero, para que le conozcan más, su doctrina y la sigan. Concretamente, nos indicó que vale la pena que movilicemos a los jóvenes para que peregrinen a los lugares donde él estuvo, donde están sus reliquias...

Es necesario recordar que hay un proceso para la canonización y aún no ha concluido. Estamos en la fase del milagro, que ya lo presentamos, y ahora hay que esperar a que lo estudie la Congregación para las Causas de los Santos. Igualmente sucede con la beatificación de Rutilio, hemos terminado la fase diocesana y ahora hay que esperar.

Recientemente se ha iniciado una nueva metodología para las visitas ad limina, como usted comentaba. Ahora ya no hay un discurso del Papa Francisco a los obispos, sino que se genera un diálogo. ¿Qué le parece esta nueva fórmula?

Pienso que este es un método magnífico, profundiza más en los problemas. Modestamente, los que conocemos los problemas somos los obispos, porque vivimos allá. Intuyo que por eso el Papa quiere que nosotros nos expresemos y manifestemos los problemas. Evidentemente él siempre va a tener una palabra llena de fe, amor y sabiduría para iluminarnos como lo hizo con nosotros. Es una reunión sinodal, el caminar de la Iglesia que los obispos expresamos con nuestras dificultades y aciertos. Por ejemplo, le hicimos saber al Papa cómo tenemos abundancia de vocaciones. Esto le agradó mucho. Pero también pudimos consultarle sobre situaciones difíciles que se nos han presentado de las que necesitábamos saber su orientación. Así, hemos recibido la palabra iluminadora de aquel que es un verdadero padre, hermano, amigo con nosotros. Lleno del Espíritu y sabiduría. Por eso estamos sumamente agradecidos, y por la paciencia que tuvo de pasar tanto tiempo con nosotros.

¿De qué manera cree que puede ayudar en el mundo de hoy el ejemplo de monseñor Romero?

Para nosotros su figura es grande y magnífica. Digamos que es el mártir del Concilio, que pone en práctica en Concilio. Y también las Conferencias de América Latina como fueron Medellín y Puebla porque es la vivencia radical del Evangelio de una forma nueva totalmente entregada al bien del prójimo por fe, viendo a Cristo en el pobre y el necesitado. Esta manera de evangelizar, ardiente, generosa y de total entrega es inspiradora. Pero además de eso es la lucha por el bien común, las libertades, la verdad y la justicia en defensa del más pobre, vulnerable y pequeño en un mundo tan materializado. La figura de Romero es una antorcha que ilumina un camino oscuro que estamos pasando en este mundo, en el que a pesar de haber luces, sigue habiendo mucha injusticia y vulneración de los derechos.

Ya han pasado 25 años desde el final de la guerra civil en El Salvador. Sin embargo la violencia sigue siendo uno de los grandes males en su país. ¿Cómo acompañar y dar esperanza a una población tan duramente golpeada?

Nosotros estamos sumamente preocupados por este tema, que además tratamos con el Papa. La violencia para nosotros es el máximo problema. Hay veces que tenemos 16 o más personas muertas en un día. El año pasado publicamos una carta pastoral en la arquidiócesis, “Veo en la ciudad violencia y discordia”, con ocasión de la fiesta del beato Romero, 24 de marzo. En esa carta decimos algo que quiero destacar. Hemos tenido violencia a lo largo de nuestra historia y llegó la guerra civil que por suerte terminó con un final feliz y los acuerdos de paz en el año 1992. Sin embargo no se cumplieron algunos requisitos y compromisos. Ambas partes beligerantes establecieron una ley de amnistía que es ilegítima, e intenta cubrir todos los delitos, incluyendo los de lesa humanidad, burlando así a las víctimas. De este modo hemos vivido 25 años. Ahora esa ley se declaró inconstitucional pero hasta entonces se ha cometido una injusticia. A lo largo de la historia ha habido factores que han persistido: la exclusión social, la idolatría del dinero, el individualismo y la impunidad. Todo esto viene analizado en la carta pastoral. Estas causas no se han superado y ahora estamos en una situación de violencia muy preocupante en la que todavía no vemos la salida. Pero, la referencia a monseñor Romero nos sugiere e invita a la paz. Por eso creemos que su canonización nos podría ayudar mucho.

La pobreza, la violencia, la migración... todo está relacionado. Y esto se lo transmitimos al Papa y le hicimos ver nuestra cercanía con el pueblo. Estamos preocupados y acompañando a las personas en este drama humano de tanto dolor y sufrimiento. La nuestra es una pastoral de acompañamiento. Sin ideologías ni interés partidario, estamos apoyando a las personas en sus luchas justas y legítimas, como hicimos al pedir que se dignifique el salario mínimo.

Otro gran desafío que El Salvador está afrontando es el de la minería metálica. ¿De qué forma la Iglesia en su país está ayudando al respecto?

Nosotros estamos luchando para que el Parlamento nacional apruebe una ley de prohibición de la minería metálica porque nuestro país no es viable para la explotación minera. Tenemos minas de oro y plata en una franja del norte del país, hacia la zona más alta. Si se explotan las minas sabemos que el método es ocupando gran cantidad de agua con cianuro. Se calcula que una mina consume en torno a un millón de litros de agua diarios, contaminados con cianuro. Si esto se hace en una serie de minas se contaminaría toda la zona alta de la parte norte del país, contaminando así todas las aguas del país. Y tenemos cerca un ejemplo de esto, pasó en Honduras en Valle de Siria. Se contaminó todo y da pavor ver lo que provocó en las personas que allí vivían, como pueden ser erupciones en la piel y en los ojos. No es justo contaminar el agua y el aire a la gente pobre.

La Iglesia está en camino para el próximo Sínodo sobre los jóvenes y Centroamérica acogerá la próxima Jornada mundial de la juventud. ¿Cómo se preparan para estos dos grandes eventos?

Estamos muy contentos con la jmj de 2019 en Panamá y estamos trabajando con mucho entusiasmo y haciendo prejornadas en nuestro país. Los presidentes de las conferencias episcopales de los países de Centroamérica nos reuniremos en mayo y el tema principal es la jmj. Pensamos que esto va a ser de mucho beneficio no solo para los jóvenes sino también para todos en Centroamérica. Monseñor Romero ha sido propuesto como uno de los patronos de la jmj porque inspira a los jóvenes en su radicalidad de seguir a Cristo de forma plena.

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20 de Septiembre de 2019

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