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Párroco y pastor

Con un abrazo acogió el Papa Francisco el miércoles por la mañana, en la audiencia en la plaza de San Pedro, a don Angelo Riva, el «párroco pastor», cómo él mismo se define, «porque desarrollo mi servicio entre las montañas de la zona de Bérgamo, en las tres parroquias de Carenno, Lorentino y Sopracornola». Es el autor de la carta que el Pontífice propuso como meditación para el jubileo de los sacerdotes el 2 de junio de 2016, en San Pablo Extramuros.

«Le había escrito — cuenta — casi como impulso para compartir ideas que algunos de sus “tirones de orejas” me habían suscitado, pero no estaba seguro que habría recibido mi carta y por eso me quedé asombrado cuando leyó mis palabras, en voz alta, a mis hermanos de todo el mundo». Con el Papa, explica el sacerdote, «había tratado de compartir por escrito sobre todo las frustraciones que un pobre sacerdote de montaña siente cuando su servicio se ve obstaculizado por el aparato burocrático y administrativo, tanto que para ir allí en medio está la paternidad hasta perder el olor del rebaño, pero para constatar que el rebaño nunca pierde el olor del pastor».

El intercambio epistolar con Francisco prosigue, confía don Riva que el miércoles por la mañana acompañó a la audiencia a veinte jóvenes — con sus padres — que van a recibir la comunión y la confirmación en sus parroquias. Y precisamente cuatro niños con alba blanca de la primera comunión pudieron admirar la colorida plaza de San Pedro — un verdadero jardín preparado por los horticultores holandeses para la Pascua — desde un punto de observación privilegiado: el jeep blanco descubierto en el que el Pontífice les invitó a subir para acompañarle por la habitual vuelta entre la multitud.

Y también el Papa quiso dar un abrazo al franciscano José Luis Quimper, comprometido en la pastoral con los jóvenes y con los niños de la calle en Perú. Director del colegio San Román de Juliaca, el monje no deja de denunciar «la explotación de los más pequeños, obligados a la fuerza a trabajar por las exigencias de la familia, también en las minas, a cambio de unas pocas monedas». Pero son nueve los millones de niños trabajadores en América Latina: el triste primado corresponde a Brasil y en el segundo lugar está Perú con un pequeño de cada cuatro en la franja de edad entre los cuatro y los catorce años. 

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26 de Junio de 2017

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