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Para vivir como verdaderos hijos

· ·El prefacio del Pontífice ·

Publicamos el prefacio del Santo Padre y una parte de las conclusiones del capellán de la prisión de Padua al libro Quando pregate dite Padre Nostro (Cuando rezáis decid Padre Nuestro) copublicado por edicionesRizzoli y por la Librería Editora Vaticana (Segrate, Ciudad del Vaticano, 2017, 144 páginas, 16 euros)publicado el 23 de noviembre.

«Padre»: sin decir, sin sentir esta palabra no se puede rezar. ¿A quién rezo? ¿Al Dios Omnipotente? Demasiado lejos, no soy capaz de sentirlo cerca: ni siquiera Jesús lo sentía. ¿A quién rezo? ¿Al Dios cósmico? Está de moda, en estos días, rezar al Dios cósmico: es la modalidad politeista típica de una cultura light...

¡Tú debes rezar al Padre! Es una palabra fuerte, «padre». Tú debes rezar a lo que te ha generado, que te ha dado la vida. Se la ha dado a todos, cierto; pero «todos» es demasiado anónimo. Te la ha dado a ti, me la ha dado a mí. Y es también el que te acompaña en tu camino: conoce toda tu vida, lo que es bueno y lo que no es tan bueno. Si no comenzamos la oración con esta palabra, dicha no desde los labios, sino desde el corazón, no podemos rezar «en cristiano».


Tenemos un Padre. Muy cercano, que nos abraza. Todos esos afanes, todas las preocupaciones que podamos tener, dejémoslas al Padre: Él sabe qué necesitamos. ¿Pero en qué sentido «Padre»? ¿Padre mío? No: ¡Padre nuestro! Porque yo no soy hijo único, ninguno de nosotros lo es y si no puedo ser hermano, difícilmente podré convertirme en hijo de este Padre, porque es un padre de todos. Mio, seguro, pero también de los demás, de mis hermanos. Y si yo no estoy en paz con mis hermanos, no puedo decir «Padre» a Él. No se puede rezar con enemigos en el corazón, con hermanos y enemigos en el corazón. No es fácil, lo sé. « “Padre”, yo no puedo decir “Padre”, no me nace». Es cierto, lo entiendo. «No puedo decir “nuestro” porque mi hermano, mi enemigo me ha hecho esto, lo otro... y deben ir al infierno, ¡no son de los míos!» Es cierto, nos es fácil. Pero Jesús nos ha prometido el Espíritu Santo: es Él quien nos enseña, desde dentro, desde el corazón, cómo decir «Padre» y cómo decir «nuestro». Pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a decir «Padre» y a poder decir «nuestro», haciendo las paces con todos nuestros enemigos.


Este libro contiene mi diálogo con don Marco Pozza sobre Padre nuestro. Jesús no nos ha entregado esta oración para que fuera simplemente una fórmula con la que dirigirse a Dios: con ella nos invita a dirigirnos al Padre para descubrirnos y vivir como verdaderos hijos suyos y como hermanos entre nosotros. Jesús nos hace ver qué quiere decir ser amados por el Padre y nos revela que el Padre desea verter sobre nosotros el mismo amor que desde la eternidad tiene por su Hijo.

Espero que cada uno de nosotros, entonces, mientras dice «Padre nuestro», cada vez más se descubra amado, perdonado, empapado del rocío del Espíritu Santo y sea tan capaz de amar y perdonar a su vez a cada hermano, a cada hermana. Tendremos así una idea de lo que sea el paraíso.

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25 de Abril de 2018

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