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Para sanar las heridas de los corazones

Setescientos, ochocientos metros, quizá un kilómetro, no más. Es lo que dista el estadio olímpico Koševo, donde el Papa Francisco celebra la misa con los fieles que llegaron a Sarajevo de todo el país, del gran cementerio que acoge a miles de víctimas de la guerra que hace veinte años, de 1991 a 1996, ensangrentó la capital y toda Bosnia y Herzegovina.

Las lápidas de aquellas tumbas de mujeres, hombres, ancianos y niños de diverso credo y etnia, que se ven desde las gradas más altas del estadio sobre la colina iluminada por el sol estival, testimonian las heridas aún no cicatrizadas de un país que está buscando el camino para un futuro de plena concordia y estabilidad. No es un camino fácil después de tantos lutos. Por esto el Pontífice decidió venir hoy, sábado 6 de junio, a esta ciudad –cuyo nombre está trágicamente unido al estallido de la primera guerra mundial, hace un siglo– para volver a lanzar la admonición que Juan Pablo II pronunció desde este mismo lugar, el 13 de abril de 1997, a poco más de un año del final de las hostilidades: «¡Nunca más la guerra!». El Papa Francisco lo hizo en la homilía, ante 65.000 personas –entre las cuales numerosos heridos y mutilados, quienes llevan en la carne los signos visibles del conflicto– que acogieron esta invocación con un largo aplauso.

de nuestro enviado Gaetano Vallini

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18 de Septiembre de 2019

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