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​Para encontrar el descanso verdadero en el Señor

· ​ En el Ángelus el Pontífice habla del descanso estival ·

A quien «en los meses estivales» busca «un poco de descanso de lo que fatiga al cuerpo», el Papa Francisco aconseja no olvidar «encontrar el descanso verdadero en el Señor». En el Ángelus del 9 de julio, dirigiéndose a los numerosos fieles presentes en la plaza de San Pedro no obstante el gran calor, el Pontífice exhortó a no dejar de ir «a Jesús», de darle «nuestro tiempo», de encontrarle «cada día en la oración, en un diálogo confiado», familiarizando «con su Palabra», redescubriendo «su perdón», saciándonos «con su Pan de vida».

Como es habitual Francisco se inspiró para su reflexión en el evangelio dominical y se detuvo en la frase de Jesús tomada de Mateo –«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso» (Mateo 11, 28)– hizo notar enseguida cómo el Señor sepa bien «cuánto puede pesar la vida: desilusiones y heridas, injusticias que hay que soportar, incertidumbres y preocupaciones». Por ello el suyo «es una invitación a moverse y reaccionar» mientras «en los momentos oscuros surge de manera natural estar con uno mismo, pensar en cuánto sea injusta la vida, en cuánto son ingratos los demás y qué malo es el mundo». Pero de esa manera, advirtió el Papa «se llega a familiarizar con la tristeza, que se hace de casa, nos postra». Por el contrario Jesús «quiere sacarnos de estas “arenas movedizas”».

A propósito Francisco puso en guardia de las “metas ilusorias”, de los muchos “fuegos artificiales” que «prometen descanso y distraen solo un poco, dejando luego en la soledad de antes». Mejor entonces, sugiere el Evangelio, «ante un peso o una situación que nos duele» intentar «hablar con alguien». Aunque, no hay que olvidar a Jesús nunca. «Quizás hay “zonas” de nuestra vida que nunca le hemos abierto a Él –observó el Pontífice– y que han permanecido oscuras». Por lo que «si alguien tiene esta zona oscura» está invitado a buscar a Jesús, dirigiéndose a un misionero de la misericordia o a un sacerdote. Porque, concluyó Francisco, «Jesús dice a cada uno: ¡ánimo, no te rindas!. Él nos espera, nos espera siempre, no para resolvernos mágicamente los problemas, sino para hacernos fuertes. No nos quita los pesos de la vida, sino la angustia del corazón; no nos quita la cruz, sino que la lleva con nosotros».

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20 de Enero de 2019

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