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Orgullo y responsabilidad

· Encuesta sobre la presencia femenina en los tribunales eclesiásticos ·

El Papa Francisco fue claro: en su discurso a los jueces rotales les recordó que deben tener un perfil humano, para practicar “una justicia no legalista y abstracta, sino adecuada a las exigencias de la realidad concreta”. Les recordó, además, que la caridad “constituye también el alma de la función del juez eclesiástico”. Y esta actitud se requiere de modo particular hoy, que la cuestión de la nulidad del vínculo matrimonial está en el centro del problema de la familia, la cual, a su vez, está en el corazón de la Iglesia. En efecto, el Papa Francisco decidió afrontar el aspecto crítico de la relación entre Iglesia y modernidad, y las mujeres están implicadas también en la esfera jurídica.

Desde hace más de treinta años –para ser precisa, desde 1982– en los tribunales eclesiásticos han entrado las mujeres, mientras que las primeras abogadas rotales fueron admitidas como patrocinadoras a partir de 1975. Después de un primer período de ambientación, las mujeres se insertaron establemente en esta realidad, en la que la aplicación fiel de la ley canónica no puede prescindir de la cercanía caritativa con personas que sufren porque ven destruida su familia.

Hemos llevado a cabo una encuesta sobre la presencia femenina en los tribunales de la Iglesia a partir del vicariato de Roma, donde tienen su sede los tribunales de primera instancia y de apelación para las causas de nulidad matrimonial del Lacio.

Para obtener la declaración de nulidad del matrimonio celebrado se requieren dos grados de juicio. Durante el primer grado se introducen los cargos de nulidad que constituyen la base de la petición, se recogen las pruebas tanto documentales como testimoniales y se efectúan las pericias necesarias, después de lo cual los jueces son llamados a pronunciarse. Cuando se reconoce la nulidad del matrimonio por los cargos de nulidad introducidos, el mismo tribunal de primera instancia trasmite la causa al tribunal de apelación. Al contrario, cuando la nulidad no se reconoce, el tribunal de apelación es consultado a pedido de las partes, si pretenden proseguir su acción. En esta sede, el colegio de jueces está llamado a revisar la sentencia de primer grado no solo desde el punto de vista de la legitimidad, sino también desde el punto de vista del mérito. Si aprueba la actuación del colegio de jueces que se había pronunciado en primera instancia, emite un decreto de ratificación que confirma los cargos de nulidad que habían sido reconocidos por el tribunal de primer grado.

El procedimiento que indaga sobre la nulidad o no nulidad del vínculo matrimonial solo puede evaluar los presupuestos que han llevado a la celebración del matrimonio y el fil rouge que une dichos presupuestos, con el consiguiente fracaso del matrimonio. Si el tribunal establece esta relación directa, aun cuando hayan pasado muchos años entre el comienzo y la conclusión de la vida matrimonial, acoge la petición de nulidad, a pesar de que la normativa canónica vigente impulse a postular la validez del vínculo matrimonial.

Las razones por las que un matrimonio puede considerarse nulo son, en la mayoría de los casos, vicios de consenso. Para poder demostrarlos es necesario, pues, indagar exhaustivamente en la esfera más profunda de la voluntad de los contrayentes, y en este contexto actúan los encargados que están llamados a colaborar en el tribunal.

Las funciones que cumplen quienes actúan en el tribunal son esencialmente tres: función de juez y auditor, función de defensor del vínculo y función de notario.

En el ámbito de la primera función, en el tribunal de primera instancia las mujeres están presentes como auditoras, es decir, realizan la actividad indagatoria conforme al mandato del juez presidente del colegio, y están aprobadas por el obispo. La presencia femenina es mayoritaria: de cinco auditores, tres son mujeres.

Entre estas está Alessandra D’Arienzo, casada, madre de dos hijos, que consiguió el doctorado en Derecho canónico en la Pontificia Universidad Lateranense, después de haberse licenciado en derecho en Italia. “Cuando comencé a colaborar en el tribunal –me dijo–, tenía una hija muy pequeña. Antes de mí, dos colegas habían asumido este cargo. Hoy, como auditora, realizo mi actividad con orgullo y profundo sentido de responsabilidad, colaborando concretamente con la institución eclesiástica y poniendo al servicio de la misma mi profesionalidad y mi sensibilidad de mujer. En el ámbito de la indagatoria que realizo diariamente, trato de acoger con respeto, delicadeza y profesionalidad a las personas que acuden al tribunal”.

En cambio, los defensores del vínculo deben evaluar atentamente todas las motivaciones por las cuales debe ser considerado válido el vínculo matrimonial impugnado. No siempre se comprende esta figura, pero es indispensable para que, en el ámbito de la dinámica procesal, resulten bien claros todos los aspectos en favor y en contra de las tesis propuestas, y para que el juez, antes de tomar una decisión, pueda disponer de todos los elementos necesarios para la causa conforme a la justicia. En esta área, la presencia femenina equivale al 67 por ciento.

Chiara Gabellini, casada, madre de dos hijos, un niño de 2 años y una niña de 6, es licenciada en Derecho por la Universidad de Roma La Sapienza y doctora en Derecho canónico. Desempeña esta tarea con pasión y serenidad desde hace años. Y lo explica así: “En el ámbito de mi papel de defensora del vínculo, portador de un interés público que pertenece a la Iglesia, estoy llamada a proponer los elementos en favor de la validez del matrimonio. Al cumplir seriamente esta función, necesaria para la búsqueda de la verdad a la que tiende el proceso canónico, afronto siempre el sufrimiento y las dificultades que viven los fieles que, por desgracia, han visto fracasar su unión matrimonial y se dirigen al tribunal eclesiástico para obtener respuestas relacionadas con el sacramento que celebraron”.

Los notarios cumplen una función igualmente importante, porque su presencia es imprescindible. De hecho, están llamados a testimoniar la veracidad de lo que sucede durante el proceso. Son garantes del desarrollo ordenado de la vida diaria en los tribunales eclesiásticos. En esta sección, las mujeres representan el 75 por ciento.

Su tarea es delicada y, a la vez, fundamental. Gracias al correcto desarrollo del proceso se garantiza el respeto de la igualdad de derechos de todas las partes en el juicio, aspecto necesario para pronunciar una sentencia justa. Stefania Giombini es licenciada en Derecho y está a punto de conseguir el doctorado en Derecho canónico. Está casada y es madre de un niño de un año y medio. Ejerce como notaria desde hace ocho años. Refiriéndose a su experiencia profesional, afirma: “También para cumplir la función de notario la preparación y la seriedad del propio trabajo sirven en la búsqueda de la verdad. Por esta razón, he decidido completar mi formación jurídica en el campo canónico. Estoy convencida de que no es un trabajo como cualquier otro, porque cada día estoy llamada a acoger con sensibilidad a las personas y a contribuir con mi acción a la rapidez del proceso, prestando un servicio a la Iglesia”.

En el tribunal de primera instancia del vicariato de Roma, con una presencia femenina en torno al 45 por ciento de la plantilla, el 15 por ciento tiene más de quince años de antigüedad de servicio y el 40 por ciento, diez años. Los tribunales eclesiásticos competentes para las causas de nulidad matrimonial están distribuidos en toda Italia, así como en el resto del mundo, y la presencia femenina en ellos ya es importante.

Como he anticipado, una verdadera revolución femenina también se ha producido en el papel de la defensa. Si se analiza el registro de los abogados rotales, el dato más llamativo es que la presencia femenina se ha incrementado de modo notable en los últimos veinte años. En efecto, si hasta el año 1980 las mujeres eran tres de un total de treinta y siete abogados inscriptos en el colegio de abogados, en el decenio inmediatamente sucesivo su número aumentó y llegó a veinticuatro inscriptas de un total de cien abogados.

A partir de 2000, se invierte la relación: de ciento cincuenta nuevos inscriptos, noventa y seis son mujeres, es decir, la presencia femenina llegó a casi al 63 por ciento de los inscriptos. Desde 2010 hasta hoy, de veinticuatro nuevos inscriptos, las abogadas son trece. En la Ciudad del Vaticano también hay tribunales internos, que se dedican a la justicia civil y penal. En ellos trabajan ochenta y dos abogados, de los cuales treinta y cinco son mujeres.

Hoy podemos estar seguras de que, cualquiera que sea el camino que el Papa decida emprender en materia de legislación matrimonial, las mujeres darán una contribución fundamental.

Por Agnese Camilli

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17 de Febrero de 2020

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