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​Obra de misericordia

· En una plaza de San Pedro llena de decenas de miles de devotos del Padre Pío, el Papa habla de la oración y por la tarde venera las reliquias del santo de Pietrelcina y de san Leopoldo Mandić ·

Al igual que las decenas de miles de devotos que se han desplazado estos días a Roma, también el Papa Francisco fue el sábado 6 de febrero a primera hora de la tarde, a venerar en la basílica del Vaticano los restos de los santos Pio de Pietrelcina y Leopoldo Mandić. Un momento de oración personal, marcada por el rezo del Rosario con un grupo de frailes franciscanos y estudiantes, fue la continuación de la audiencia de la mañana, centrada en la oración, con los numerosos fieles congregados en la plaza de San Pedro con ocasión de la peregrinación jubilar de las reliquias de padre Pío. A ellos les dirigió la invitación de «experimentar la belleza del perdón del Señor. Y ésta —añadió— es una ciencia que tenemos que aprender todos los días».

Recordando el ministerio de confesor practicado por el padre Pío, «a veces hasta la extenuación», el Papa Francisco explicó que «de esta manera su pequeña gota se ha convertido en un gran río de la misericordia, que ha irrigado muchos corazones desiertos y creado un oasis de vida». La referencia directa era a los Grupos de oración, que — advirtió — «no son sólo centros de encuentro, sino hogares de amor divino».

El Pontífice dijo como la oración no puede ser «una buena práctica para poner un poco de paz en el corazón; ni tampoco un medio devoto para obtener lo que nos sirve. Si fuese así —aclaró— sería movida de un sutil egoísmo: rezo por estar bien, como si se tomase una aspirina».

Al contrario, la oración «es una obra de misericordia espiritual, que quiere llevar todo al corazón de Dios. La oración es decir: «Toma, tú, que eres Padre. Míranos, tú, que eres Padre». Esta es la relación con el Padre».Y continuó: «Es un don de fe y de amor, una intercesión que se necesita como el pan. En una palabra, significa encomendar la Iglesia. Encomendar a las personas, encomendar las situaciones al Padre para que las cuide». De lo contrario, destacó, «se corre el riesgo de apoyarse en otras cosas: en los medios, el dinero, el poder», con lo que «la evangelización desaparece y la alegría se apaga y el corazón se vuelve aburrido». De aquí que el Papa animase a los Grupos de oración a que sean «“centrales de misericordia”: centrales siempre abiertas y activas, que con el poder humilde de la oración provean de la luz de Dios al mundo y la energía del amor a la Iglesia». Después, además de hablar de esta «obra de misericordia espiritual de los Grupos de oración», el Papa se refirió a la Casa alivio del Sufrimiento como «una extraordinaria obra de misericordia corporal, inaugurada hace 60 años» para ser no «sólo un excelente hospital, sino un “templo de ciencia y de oración”». De hecho, matizó, «es muy importante esto: tratar la enfermedad, pero sobre todo cuidar del enfermo. Son dos cosas diferentes, y las dos «importantes». Además «puede suceder que, mientras se medican las heridas del cuerpo se agraven las heridas del alma, que son más lentas y a menudo difíciles de sanar».

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12 de Diciembre de 2019

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