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Noventa días para las madres

· Lee Mi-Kyung es la parlamentaria que más ha luchado por los derechos de las mujeres coreanas durante los últimos treinta años ·

“No me bauticé hasta 1995, aunque vengo de una familia protestante”, cuenta Lee Mi-Kyung, quien, como muchas coreanas, se ha convertido en católica después de una fase crítica de su vida.

Lee Mi-Kyung es la parlamentaria que más ha luchado por los derechos de las mujeres coreanas durante los últimos treinta años. Fue ella quien comenzó, en enero de 1992, una serie de manifestaciones en favor de los derechos de las mujeres coreanas reducidas a esclavas sexuales durante la segunda guerra mundial.

Durante decenios Lee Mi-Kyung ha luchado por los derechos de las mujeres: “La Korea Women Association United, el movimiento que fundé, se ocupa de la emancipación femenina y de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Y también se esfuerza por erradicar la prostitución de Corea y prevenir el tráfico de mujeres para explotarlas sexualmente. El movimiento nació después de que, a causa de la rápida industrialización, muchas mujeres se trasladaron del campo a la ciudad para trabajar en las fábricas. Esta elección mejoró su calidad de vida, pero, tratándose de mujeres solas provenientes del campo, el contexto urbano, totalmente desconocido para ellas, las convirtió en fáciles víctimas de abusos y vejaciones, incluso por parte de sus empleadores. Ninguna ley y ningún sindicato las protegía. Junto con otras mujeres, organicé los primeros sindicatos y las instruí en sus derechos”.

Por ejemplo, “logramos que las trabajadoras embarazadas no fueran despedidas. Buscamos voluntarios que cuidaran a sus hijos durante el horario de trabajo. Elaboramos leyes para castigar con mayor severidad el abuso contra las mujeres y creamos las condiciones para instruir a las trabajadoras a fin de que se defendieran de la violencia y previnieran la agresión. Formamos grupos de voluntarios para sostener a las víctimas de violencia sexual en el trabajo. Si hoy los funcionarios estatales en Corea deben frecuentar cursos sobre la prevención de la violencia en el trabajo, es gracias a nuestras batallas”.

Y en 1996, cuando “entré en política, llevé al Parlamento toda mi experiencia sobre los derechos de la mujer. Trabajé para reforzar la legislación en materia de protección de la maternidad, por ejemplo, gracias a la ley que alargó a treinta días la licencia por maternidad, y que hoy ha alcanzado los noventa días”.

Existe una famosa foto que la retrata en el aula parlamentaria, en 1990. De su partido, solamente ella se había quedado para votar en favor de la resolución de las Naciones Unidas de enviar fuerzas de peace keeping a Timor Oriental. “Allí la violencia estalló tras el referéndum que declaró la independencia de Indonesia. Se estima que cerca de mil quinientos civiles murieron a causa de la violencia que se desató después de la aprobación popular. Una fuerza de las Naciones Unidas, llamada Interfet, se desplegó para reestablecer el orden público y mantener la paz. Mi partido de entonces se opuso al envío de la fuerza de paz, porque en aquel tiempo en Indonesia había muchas comunidades coreanas con diferentes intereses económicos y no quería que se perjudicaran. Pero yo, gracias a mis anteriores batallas en favor de los derechos de las minorías, tenía varios contactos con los refugiados de Timor Oriental, que me informaban sobre los abusos”.

Las mujeres coreanas, explica Lee Mi-Kyung, “aún hoy reciben un sueldo que corresponde al setenta por ciento del que perciben los hombres, y solo la mitad de las mujeres diplomadas tienen trabajo. La competición en el trabajo es muy dura, y cuando una mujer lo deja porque está embarazada, a menudo ya no vuelve. Esto sucede porque hay muchísimas aprendices dispuestas a sustituirla, lo cual contribuye a alimentar el gran número de abortos que tenemos en nuestro país. Solamente las mujeres “suertudas”, o sea, las que tienen marido con un sueldo discreto, pueden elegir quedarse en el hogar y ser amas de casa”.

Y, prosigue Lee Mi-Kyung, “la misma política de Child Care está muy poco desarrollada. Existen institutos privados, pero muy costosos, mientras que los públicos no son suficientes. De ahí que este sea el objetivo político que hay que perseguir para mejorar las condiciones de la mujer en Corea”. 

Cristian Martini Grimaldi

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17 de Febrero de 2020

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