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Noruega ha rechazado el odio

· Tras los ataques terroristas ·

Los ataques terroristas perpetrados en Noruega el pasado 22 de julio —costaron la vida a 69 jóvenes en la isla de Utøya y a otras ocho personas en Oslo— sorprendieron y conmocionaron al país. Son sucesos que no se olvidarán: todos recuerdan con exactitud dónde se encontraban cuando los medios empezaron a difundir sus noticias.

El primer ministro, Jens Stoltenberg, definió los atentados —ambos cometidos por Anders Behring Breivik, noruego de 32 años— como la peor tragedia ocurrida desde la segunda guerra mundial. El nuncio apostólico, el arzobispo Emil Paul Tscherrig, expresó su compasión por el pueblo noruego, describiendo los hechos como una terrible tragedia.

El arzobispo Tscherrig añadió que los tristes eventos podrían unir más a los noruegos en el compromiso por derrotar el odio y la violencia. Y es justamente lo que ha acontecido. En el luto profundo ha surgido entre la población un sentido nuevo de solidaridad y de unidad. No se ha insistido en el deseo de venganza, sino en la afirmación de una sociedad abierta y no violenta.

Especialmente conmovedora fue la gran manifestación que tuvo lugar la tarde del 25 de julio, cuando miles de personas se reunieron para honrar a las víctimas y dar testimonio de su apoyo a una sociedad abierta y multicultural como es la Noruega actual. Stine Renate Håheim, una joven superviviente de la masacre de Utøya, prestó su voz a estos sentimientos: "Si un sólo hombre puede mostrar tanto odio, pensemos en cuánto amor podríamos mostrar juntos".

¿Cómo analizar los hechos ocurridos el 22 de julio, para intentar comprenderlos? En los días inmediatamente sucesivos, los comentaristas especularon sobre las motivaciones religiosas de los atentados, pero muy pronto se descubrió que su resorte era claramente de naturaleza política, aunque el autor, en sus declaraciones, hace uso de algunas expresiones religiosas. En un extenso "manifiesto", difundido por internet, expone sus propias opiniones políticas. El texto es un amasijo de ideas, algunas de ellas extrapoladas de la tradición cristiana. Andreas Behring Breivik se define un "caballero cristiano" comprometido en una orgullosa lucha patriótica contra el multiculturalismo, el islam, la inmigración y el marxismo. A los partidarios de los derechos humanos y de una sociedad abierta los considera enemigos que hay que combatir.

Así pues con razón el obispo de Oslo, Bernt Eidsvig, subrayó el carácter incomprensible de los ataques terroristas en Noruega. Precisamente como cualquier otra forma de mal, el terrorismo posee un rasgo de pura incomprensibilidad. Sin embargo, aunque no se llegue a una explicación del todo exhaustiva, es posible intentar algunas reflexiones.

Nuestro mundo se convierte cada vez más en una aldea global. Los contactos entre personas de distinta formación religiosa y ética devienen una experiencia cotidiana en casi cualquier parte del mundo. Ello hace obligatorio el desarrollo de actitudes que nos hagan capaces de afrontar la diversidad de modo respetuoso y no violento. Buscar sólo no cerrarse frente al otro no bastará. Desde un punto de vista cristiano esta actitud puede inspirarse ciertamente en que creemos que Dios ha creado a cada ser humano a su imagen.

Otro aspecto se refiere al rápido desarrollo de internet y de los medios de comunicación social. Tras los ataques terroristas en Noruega, muchos periódicos, y no sólo en los países nórdicos, decidieron impedir a los lectores que dejaran comentarios anónimos en sus páginas web. La posibilidad de difundir mensajes ofensivos y llenos de odio a través de internet, permaneciendo en el anonimato, planteó un nuevo problema. Otra vez debemos volver a una visión moral básica: la libertad puede prosperar sólo si se armoniza con la responsabilidad.

Es difícil establecer cuáles serán las consecuencias a largo plazo de los ataques terroristas en Noruega. Los comentaristas, en su mayor parte, parece que proceden a tientas, desorientados, mientras procuran entender lo sucedido. Pero un dato es evidente: una fuerte mayoría de los noruegos ha decidido que la respuesta no puede ser más odio. El odio puede ser incomprensible, pero no invencible, como nos ha recordado Stine Renate Håheim.

Lo sepa o no, sus palabras se remiten a las de san Pablo en la carta a los Romanos (12, 21): "No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien".

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23 de Mayo de 2018

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