Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

​No un museo, sino una fuente viva

Expresión de la Iglesia, que camina unida: esto es el Sínodo, recordó una vez más a todos el Papa al introducir los trabajos. Y añadió que también en este organismo la Iglesia se pregunta sobre la fidelidad al depósito de la fe, que no es un museo, sino una fuente viva. En la cual «nos saciamos para saciar», así como la tradición no es una realidad estática sino dinámica y creativa, de por sí abierta al futuro. Y en este espacio actúa el Espíritu, que requiere de los más de trescientos participantes en el Sínodo valentía, humildad y oración, a fin de que sea de verdad el Espíritu de Dios quien guíe la asamblea, y no puntos de vista o intereses personales.

El Sínodo, por lo tanto, es una realidad particular, que no es precisamente un congreso, un locutorio, un parlamento, como enumeró de nuevo con paciencia Bergoglio. Si se quiere entender esta asamblea mundial se necesita atención, actitud que el Pontífice, no por casualidad, agradeció a los periodistas. Llamados a una tarea ardua, en un contexto mediático que, condicionado por previsibles automatismos, no favorece la comprensión de cuanto está sucediendo en la Iglesia y en el Sínodo. No faltan ejemplos, incluso muy recientes, pero será suficiente recordar la restrictiva lectura mediática de la etapa estadounidense del viaje americano que tuvo lugar después de su conclusión.
Y precisamente los discursos papales de Filadelfia —en especial el discurso a los obispos participantes en el Encuentro mundial de las familias— son una clave de lectura muy útil para la reflexión que desde hace tiempo la Iglesia católica reserva a la realidad familiar, tan fundamental y tan descuidada hoy. Con estos textos es perfectamente coherente la homilía durante la concelebración inaugural del Sínodo, cuyas lecturas litúrgicas parecían elegidas para la ocasión, destacó Francisco. Y de ello, según la más antigua tradición cristiana, hizo una interpretación según la realidad de hoy, hablando de la actual soledad, del amor entre mujer y hombre, de la familia.
Como en el discurso a los obispos de todo el mundo invitados en Filadelfia, las palabras del Papa supieron describir con eficacia la situación que los padres sinodales tienen ante ellos. Así Bergoglio habló de la soledad, que hoy tiene mil rostros, y de la esquizofrénica mentalidad, entre modas pasajeras y opiniones dominantes, de quien ridiculiza el proyecto de Dios —su «sueño» sobre el amor entre hombre y mujer, que no es «cuestión de la antigüedad»—, pero que en lo profundo tiene nostalgia de este «orden original y originante». Orden al que se remite Jesús frente a la trampa tendida por los interlocutores, «para hacerlo quedar mal ante la multitud» que lo seguía.
En continuidad indiscutible con sus predecesores —elocuentes son las citaciones en la homilía inaugural del Sínodo— el Pontífice pide a la Iglesia, «fiel a su naturaleza como madre», que abra sus puertas a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo, allí donde viven y en las condiciones en las que viven. Para curar «a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia» descrito en la parábola del samaritano, sin levantar barreras sino tratando de construir puentes. Y no traicionarse a sí misma y la misión que le encomendó Cristo.


Giovanni Maria Vian

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

22 de Enero de 2019

NOTICIAS RELACIONADAS