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​No técnicos de lo sagrado sino ministros de la misericordia

· Monseñor Nykiel presenta el curso sobre el fuero interno promovido por la Penitenciaría apostólica ·

Formar sacerdotes que no sean «técnicos de lo sagrado», es decir encerrados en sí mismos en su formalismo jurídico y teológico, sino ministros de Dios y de su misericordia. Así monseñor Krzysztof Józef Nykiel, regente de la Penitenciaría apostólica, en esta entrevista a L’Osservatore Romano explica los objetivos del 29º curso sobre el fuero interno que se celebra del 5 al 9 de marzo en el Vaticano.

¿Cuál es el objetivo del curso?

Con el curso sobre el fuero interno, que se organiza ya desde hace veintinueve años en el tiempo de Cuaresma, la Penitenciaría apostólica desea contribuir a la formación de los nuevos sacerdotes y de los seminaristas cercanos a la ordenación a la altísima y no fácil tarea a la cual están llamados, el de administrar a los penitentes el sacramento de la reconciliación. La celebración de este sacramento requiere de hecho una adecuada preparación teológica, jurídica y pastoral porque, como ha dicho varias veces el Papa Francisco en la Misericordiae vultus «no si improvisa ser confesores». Me toca subrayar, aún así, que el objetivo del curso no es el de formar “técnicos de lo sagrado”, sacerdotes encerrados en sí mismos en su formalismo jurídico y teológico, sino ministros de Dios a través de los cuales los que se acercan al confesionario puedan tocar realmente con la mano la grandeza de la misericordia divina y salir serenos y todavía más confiados en la misericordia de Dios.

¿Cuáles serán los temas tratados?

Las relaciones presentarán los temas principales de derecho canónico, teología moral y praxis pastoral que interpelan el juicio del confesor, así como todas las informaciones relativas a la competencia y a las modalidades de recurso a la Penitenciaría apostólica. Como es habitual, la semana de lecciones tendrá su culmen el viernes 9 de marzo con la audiencia pontificia al medio día, signo tangible de la atención particular del Papa por esta iniciativa, y con la celebración penitencial, por la tarde a las 17.00, presidida por el Papa Francisco en la basílica vaticana, en vista de la cual la Penitenciaría pondrá a disposición más de sesenta confesores individuales entre los penitentes menores de las basílicas de la Urbe. A ellos se añaden el mismo cardenal penitenciario mayor, el regente, los prelados y los oficiales sacerdotes del dicasterio.

Viendo el programa de este año, destaca entre otras cosas que uno de los relatores afrontará la cuestión de la posesión diabólica. ¿Por qué esta elección?

En el discurso del año pasado, el Papa Francisco hizo referencia a la eventualidad que los penitentes que se acercan al confesionario puedan presentar algún trastorno espiritual, se no incluso los síntomas de una posesión diabólica. La Penitenciaría apostólica, por lo tanto, acogiendo el estímulo del Papa, ha decidido confiar a un exorcista una conferencia sobre el tema, para dar a los confesores los instrumentos necesarios para trabajar también en este caso un primer discernimiento sobre la situación y eventualmente dirigirse a un exorcista autorizado de la diócesis.

¿Cuáles son, por tanto, las cualidad que todo buen confesor debería tener?

Constantemente el Papa Francisco indica las actitudes de acogida, proximidad y ternura que deberían guiar a los ministros consagrados en su actuar pastoral sobre el modelo del Padre misericordioso. Retomando las indicaciones dirigidas a los participantes de año pasado, él ha señalado tres aspectos en particular. Sobre todo, el buen confesor como verdadero amigo de Jesús buen pastor debe cultivar un ministerio de la reconciliación “vendado de oración”, oración con el Señor por el don de la caridad pastoral y oración por los fieles que se ponen a la búsqueda de la misericordia de Dios. Oración además para implorar el don de un corazón herido, consciente de ser él mismo el primer pecador y el primer perdonado y capaz de comprender como consecuencia las heridas de los otros. En segundo lugar, el buen confesor es hombre del Espíritu, hombre de discernimiento y de compasión. El Papa ha recordado que el sacerdote es así llamado a la escucha humilde de la voluntad de Dios porque, en la celebración del sacramento de la penitencia, no es padrón, sino ministro, es decir, siervo. Finalmente, el buen confesor es también un evangelizador, porque no hay evangelización más auténtica que el encuentro con la misericordia, verdadero rostro de Dios. Él deberá discernir, en el breve diálogo que establece con el penitente, qué sea necesario anunciarle para la maduración de su camino espiritual: ¡es una obra que puede hacer realmente mucho bien!

¿Qué rol juega el sacramento de la reconciliación en la vida espiritual y en el discernimiento vocacional de los jóvenes?

Desde que el Papa Francisco anunció que la 15ª Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, en programa el próximo octubre, tendría como tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», la Penitenciaría apostólica se ha comprometido a dar la propia contribución a la reflexión eclesial, insistiendo en el rol central de la reconciliación en el desarrollo de la fe y en el discernimiento espiritual de los jóvenes cristianos. No olvidamos que el mismo Jorge Mario Bergoglio, cuando tenía 17 años, advirtió así con tanta intensidad la presencia amorosa de Dios durante una confesión: precisamente en esa ocasión entendió que el Señor lo llamaba a la vida religiosa en la Compañía de Jesús. Entrando por tanto en este contexto, el cardenal Mauro Piacenza, penitenciario mayor, ha elegido inaugurar los trabajos del próximo curso precisamente con una lectio magistralis sobre el tema: «La confesión y el discernimiento vocacional». Además, anticipo que la Penitenciaría apostólica organizará en los días 26 y 27 de abril un congreso pastoral sobre el argumento.

Dentro de pocos días se celebrará el quinto aniversario de la elección del Papa Francisco. ¿Por qué el tema de la misericordia está constantemente presente en sus intervenciones?

La remisión de los pecados es la misión principal confiada por Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me envió, también yo os envío. Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados» se lee en el capitulo 20 del Evangelio de Juan. En el origen de tal mandato se encuentra la voluntad de Dios, que desea que todos los hombres sean salvados y alcancen la felicidad eterna. Poniéndose en continuidad con el magisterio de la Iglesia, el Papa Francisco ha sabiamente indicado y siempre confirmado, desde los primeros días de su pontificado, cómo la misericordia divina sea el corazón latente del Evangelio, es más, la esencia misma de Dios. Cada confesor tiene la altísima responsabilidad de ser imagen visible de la invisible misericordia de Dios, «canal de alegría para el fiel» que «después de recibir el perdón, ya no se sienta oprimido por las culpas, sino que guste la obra de Dios que lo ha liberado» como dijo el Papa a los participantes del curso sobre el fuero interno en la audiencia del 4 de marzo de 2016. Como el papá bueno, cuando el hijo adolescente ha cometido un error, elige el camino del diálogo dándole confianza, así hace Jesús con nosotros pecadores. Y es esto lo que cambia nuestro corazón. «El Señor nunca se cansa de perdonarnos: ¡nunca!». Esta verdad reiterada tantas veces por el Papa ha ayudado y está ayudando a muchos fieles en el mundo a realizarse y a retomar de nuevo el camino. Recibimos muchos testimonios de auténticas conversiones de fieles que han hecho tesoro de estas palabras del Pontífice.

de Nicola Gori

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17 de Noviembre de 2018

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