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No me digas que tienes miedo

· La novela ·

Samia se desvive por correr. En compañía de Alí, su amigo confidente y primer entrenador, corre por las calles de Mogadiscio. Se alargan sus músculos y crecen sus ilusiones, pero también la guerra civil y la rigidez política de Somalia. Las piernas flaquísimas y veloces de Samia siguen corriendo, mientras el olor de la pólvora impregna diariamente una ciudad arrasada por el odio. Quiere correr por ella misma, por las mujeres somalíes, por sus padres (es bellísima la figura de su padre, que pone en peligro su vida y al final muere, porque estáconvencido de que sus hijas deben tener derecho a elegir su destino). Samia se entrena de noche, sin zapatillas y sin medios. Así, lograráhacerse notar, hasta llegar a las Olimpíadas de Pekín, en las que no triunfa. Samia estásegura de su meta: Londres, 2012. Pero mientras se acerca la fecha, todo se derrumba alrededor de ella: ahora corre envuelta en el burka, su padre es asesinado, su hermana huye a Europa y Alí se transforma en un terrorista. Samia, que había jurado que jamás abandonaría su país, se rinde. Primero va a Adís Abeba como clandestina, y después emprende el terrible viaje de los emigrantes hacia Europa, pasando por Sudán, el Sáhara y Libia. Humillación, violencia, privación, terror: la muchacha –cuya historia narra Giuseppe Catozzella (Non dirmi che hai paura, Feltrinelli, 2014)– se concentra en detalles y recuerdos para no enloquecer. Pero al final cederá, atraída por el canto de las sirenas del mar cercano a Lampedusa. (@GiuliGaleotti)

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17 de Febrero de 2020

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