Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

​Natalina y las congoleñas acusadas de brujería

“Antes de llegar a Bukavu, viví veinte años en Birava, algo más al norte: el cólera era endémico, no había agua potable y en la parroquia trabajaba sobre todo con muchachas analfabetas. Juntas buscábamos el modo de procurarnos agua y cultivábamos los campos. Con los niños de la colonia de verano reforestamos la zona, construimos viveros y cultivamos la tierra. Cuando me fui, en 2002, dejé un equipo local capaz de llevar adelante serenamente la actividad que habíamos comenzado. En el fondo, esta es nuestra tarea”: así la laica consagrada Natalina Isella cuenta su experiencia a Ambra Notari, del “Redattore Sociale”, portal diario que afronta temas como el malestar social, el voluntariado y el sector terciario. En la República Democrática del Congo, entre otras actividades, Isella cuida desde hace años a las niñas rechazadas por las familias que las consideran brujas. “Recuerdo a una de las primeras niñas que salvé de la calle apenas llegué a Bukavu. La familia la había echado de casa porque la acusaba de brujería. Tenía apenas 7 años. Y viviendo en la calle, había contraído el sida. Murió el año pasado. Sufrí mucho, pero después recuperé la serenidad”.

El objetivo del centro Ek’Bana (Casa de las niñas), que hoy acoge a casi cuarenta menores de edad, es lograr que las pequeñas vuelvan a sus familias mediante itinerarios personalizados. En la mayoría de los casos se obtienen buenos resultados; cuando no es así, se buscan otros canales, por ejemplo, se recurre a otros núcleos familiares. “Tratamos de educar a las personas: una hija mujer no es una desgracia, sino la salvación de la familia. Puede trabajar como sastra, cultivar plantas y flores. Por nuestra parte, damos el ejemplo”. Todos los días Natalina va al centro Ek’Bana, donde encuentra a gente que la está esperando. “Siempre hay nuevos casos que nos presenta la comunidad cristiana”: un anciano con un huérfano, alguien en busca de trabajo, una muchacha madre que no sabe cómo darle de comer a su hijo. “Muy a menudo acude un militar al que le amputaron un brazo. Tiene diez hijos. Escuchamos a todos y tratamos de orientarlos. Muchas familias nos dan una mano. En las parroquias hay comités de padres para la monitorización de los niños. Si algo no funciona, buscamos juntos una solución”.

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

26 de Febrero de 2020

NOTICIAS RELACIONADAS