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Nada de burocracia en la sacristía

· Misa en Santa Marta ·

Existen a veces actitudes negativas que obscurecen la docilidad a la llamada del Señor, el diálogo atento a la realidad del otro y la fuerza de la gracia, o sea, los tres momentos fundamentales de la evangelización. Actitudes negativas que se concretan en la Iglesia cuando la «burocracia» la convierte en algo semejante a «una empresa que fabrica impedimentos que alejan a la gente de los sacramentos».

Es, pues, una llamada a ser «facilitadores de los sacramentos» la que el Papa hizo en la misa que celebró el jueves 8 de mayo, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.

El pasaje de los Hechos de los Apóstoles (8, 26-40) propuesto en la liturgia del día, presenta de modo claro, notó el Pontífice, los tres momentos de la evangelización. «El primero –explicó– es la docilidad de Felipe que va a anunciar a Jesucristo». Estaba comprometido «con su trabajo de evangelizar» cuando «el ángel del Señor le dice: levántate, deja esto y ve allí, por ese camino». Y Felipe obedece, «es dócil a la llamada del Señor» y no duda en dejar «tantas cosas que tenía que hacer» y va donde lo llama el Señor. Y «esto nos hace ver que sin esta docilidad a la voz de Dios nadie puede evangelizar, nadie puede anunciar a Jesucristo. En todo caso se anunciará a sí mismo».

El diálogo, prosiguió el Papa, es el «segundo momento de la evangelización». Los Hechos de los Apóstoles relatan que durante el camino Felipe encontró a «un etíope, eunuco, funcionario de Candaces, reina de Etiopía», una zona donde gobernaban las mujeres, señaló el Papa, citando también a «la reina de Saba». Ese hombre era «administrador de todos los tesoros» del reino, un auténtico «ministro de economía». Y estaba yendo «a Jerusalén para el culto porque era judío». Los Hechos refieren que el ministro «sentado en la carroza leía al profeta Isaías». Y he aquí que «el Señor dijo a Felipe “acércate y pégate a la carroza”». Al escuchar, entonces, que ese hombre «leía al profeta», Felipe «armándose de valor y preguntó: ¿entiendes lo que estás leyendo?». Eh aquí el punto exacto que nos lleva al «segundo momento del proceso de evangelización: el diálogo». Pero dialogar, advirtió, no significa decir sólo «lo que yo pienso» y pretender que el otro nos crea. Sino que, el verdadero diálogo «parte del otro: tú que estás leyendo, ¿entiendes esto?».

En definitiva el evangelizador toma del otro la ocasión para el diálogo, «se abaja, se humilla ante el otro. No va a imponer ideas, doctrinas» diciendo «las cosas son así». El auténtico evangelizador sale al encuentro del otro «para ofrecer precisamente la salvación de Jesús» y lo «hace humildemente con el diálogo». Consciente de que «no se puede evangelizar sin el diálogo» y que no se puede prescindir del camino de la persona «que debe ser evangelizada». El Papa propuso luego una posible objeción: «Pero, padre, se pierde mucho tiempo porque cada uno tiene su historia, sus ideas…». Es verdad, reconoció, al hacer así «uno pierde tiempo» pero ciertamente «más tiempo ha perdido Dios en la creación del mundo y lo hizo bien». Por lo tanto, se necesita «perder tiempo con la otra persona porque esa persona es la que Dios quiere que tú evangelices», a la que debes dar «la noticia de Jesús». Y es importante también, que el diálogo se establezca con la persona «tal como es ahora» y «no como debe ser».

Y volviendo al relato de los Hechos de los Apóstoles, el Pontífice quiso hacer notar precisamente que el diálogo entre Felipe y el ministro etíope debió ser largo y centrado en el bautismo, porque «cuando llegaron donde había agua el eunuco dice: “mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?”».

Esta constatación, destacó el Papa, nos lleva al tercer momento de la evangelización. «Este hombre sintió la fuerza de Dios dentro» y cuando ve el agua pregunta al apóstol: ¿qué impide que sea bautizado? Y Felipe, explicó el Pontífice, sin decir nada lo hizo descender de la carroza «y lo bautizó en el agua». Estamos ante la «fuerza del sacramento, la fuerza de la gracia» –subrayó el Papa–. Así se completa también el proceso de la evangelización: docilidad del evangelizador, diálogo con la persona y la fuerza de la gracia. Y «Felipe toma a este hombre de buena voluntad, tan bueno, y lo lleva a las manos de Dios, de su gracia».

Precisamente «este tercer momento» de la evangelización dio al Papa Francisco motivo de reflexión «sobre la pregunta que hace este ministro de economía: Aquí hay agua, ¿qué impide que me bautice? ¿qué impide que llegue a mí la gracia?».

«Muchas veces –fue éste un punto de reflexión del Papa– alejamos a la gente del encuentro con Dios, alejamos a la gente de la gracia», porque no nos comportamos como «facilitadores de los sacramentos».

El relato de los Hechos de los Apóstoles continúa y muestra el final mismo de la evangelización. En efecto, «cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el eunuco no lo vio más». Es la confirmación de que Dios estaba en este proceso de evangelización. Por una parte, explicó el obispo de Roma, «el eunuco lleno de alegría siguió su camino», por otra «Felipe se encontró en Azoto para evangelizar a la gente». He aquí la moraleja: ese hombre que venía de lejos, no tenía mucha cultura, leía la Biblia porque se le enseñó en la Sinagoga. Pero tenía buena voluntad, y sintió después la alegría de la gracia, de esta gracia que «es gratis, que no se puede comprar porque no se vende: se da». Y precisamente «con esta alegría ese hombre incapaz de generar, porque era eunuco, lleva en sí la semilla de vida a su pueblo y genera un pueblo de cristianos». Más tarde a esa región irán también Mateo y Marcos «a fundar la Iglesia».

El pasaje de los Hechos, remarcó el Pontífice, «nos ayudará a comprender mejor que, quien realiza la evangelización es Dios: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado”. Es el Padre quien atrae hacia Jesús». Y, añadió, «Jesús lo había dicho de otra manera al mismo Felipe: Felipe, el Padre y yo somos una sola cosa».

Para concluir el Papa invitó a pensar «en estos tres momentos de la evangelización: la docilidad de evangelizar» haciendo la voluntad de Dios, «el diálogo con las personas» así como se encuentran, y «confiarse a la gracia» porque «es más importante la gracia que toda la burocracia». E invitó a reflexionar bien sobre la pregunta del eunuco: «¿Qué dificultad hay en que me bautice?». «muchas veces –dijo finalmente– nosotros en la iglesia somos una empresa que fabrica impedimentos para que la gente no pueda alcanzar la gracia. Que el Señor nos haga entender esto».

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18 de Noviembre de 2019

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