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Memoria y esperanza

· En el Augustinianum el en encuentro del Papa con jóvenes y ancianos de todo el mundo ·

Es en la memoria de los ancianos donde encontramos el antídoto a los populismos, que nacen sembrando odio; al mercado de la hipocresía generado por la cultura del descarte; a las puertas cerradas en la cara a los inmigrantes, que están transformando en cementerios los mares europeos como el Mediterráneo y el Egeo. Es un mensaje de esperanza el que emerge del diálogo intergeneracional que mantuvo el Papa Francisco el martes, 23 de octubre, por la tarde en el instituto patrístico Augustinianum de Roma, con los protagonistas del libro La sabiduría del tiempo. Esta publicación editada por el jesuita Antonio Spadaro,director de Civiltà Cattolica, recoge 250 entrevistas con ancianos hechas por jóvenes de todo el mundo. Y es significativo que la presentación se haya llevado a cabo en la última semana del sínodo de los obispos dedicado a las nuevas generaciones. Numerosos padres sinodales estuvieron presentes en la reunión, durante la cual el Papa respondió a seis preguntas, basándose en su experiencia personal, recuerdos, episodios bíblicos y, sobre todo, muchos ejemplos concretos de la vida cotidiana.

La primera fue dirigida por la maestra de veintiséis años, Federica Ancona, voluntaria de la Cittadella del cielo en Frosinone, quien preguntó cómo ser feliz creando relaciones auténticas en un mundo falso y plástico, siempre en competición. El Papa respondió estigmatizando la cultura del maquillaje, donde solo cuentan las apariencias y el éxito personal. Y propuso un gesto explicativo: la mano extendida, para oponerse a la de la competencia cerrada, que nunca se ensucia y solo es capaz de tomar. Así que abrir la mano es la anti-competencia, es ponerse en camino, sin hacer cálculos, involucrarse. Además, para frenar esta cultura que destruye los sentimientos, el Papa los exhortó a servir, a la fraternidad y al riesgo. Porque los jóvenes que no arriesgan no maduran.

Para la segunda pregunta, la pareja maltesa Tony y Grace Naudi tomó el micrófono, padres de cuatro hijos y abuelos de cinco nietos, quienes interpelaron a Francisco sobre la transmisión de la fe. El Papa aconsejó usar el «dialecto familiar», el doméstico de la amistad y la cercanía. Además, agregó, la fe se transmite ante todo en casa y son los abuelos en los momentos más difíciles de la historia los que lo hacen. El pensamiento del Papa fue a las dictaduras del siglo pasado, cuando los abuelos enseñaron a rezar en secreto y llevaron a sus nietos a bautizar. Por eso, hoy debemos participar en este campo sin asustarnos, incluso si muchos jóvenes se van. Tal vez acompañándolos en silencio. Ciertamente, el Papa dijo que era consciente de que también hay malos testimonios, y no solo en las familias, sino también en la iglesia, donde se pueden encontrar sacerdotes incoherentes, personas que dicen que son católicos y tienen una doble vida. Y estos feos testimonios alejan, explicó. Por lo tanto, necesitamos un contra-testimonio hecho de mansedumbre y paciencia, comprensión y oración, como lo hizo santa Mónica con Agustín.

Después, Rosemary Lane, de 30 años, quien editó la edición del libro en Estados Unidos, testificó cómo los ancianos enfrentan su fragilidad e incertidumbre para el futuro con una inesperada confianza en la vida. Entonces le preguntó a Francisco qué diría como abuelo a los jóvenes que quieren construir un futuro que esté a la altura de sus sueños. Y la respuesta del Papa fue soñar y hacerlo sin vergüenza, seguida de dos citas: la conocida canción de Domenico Modugno Nel blu dipinto di blu, porque los sueños deben defenderse como hijos; y el icono de Bose llamado «Santa Comunión», que representa a un joven monje que lleva a cabo los sueños de un anciano. Pero fue Fiorella Bacherini, de ochenta y tres años y tres hijos, uno de ellos jesuita, con quien Francisco se entretuvo más tiempo: preocupada por el crecimiento de las divisiones y de la violencia en torno a sí, la mujer anciana denunció la dureza y la crueldad con la que se trata a los refugiados. Y el Papa Bergoglio la reconfortó recordando su propia experiencia personal de las dos guerras mundiales: la primera vivida a través de los relatos de su abuelo, que había combatido en la primera batalla del Piave, y la segunda, conocida en Argentina con los tantos inmigrantes que llegaron de Europa. Por eso, es importante que los jóvenes conozcan la historia, que a menudo es un tesoro negativo, pero capaz de forjar las conciencias. Un tesoro que hizo crecer el arte italiano, especialmente el cine de la posguerra. Con el deseo de que los jóvenes conozcan para no caer en el mismo error y para entender, por ejemplo, como crece un populismo como el de Hitler. También porque sembrar odio es fácil y no solo en la escena internacional, sino también en torno a sí, en el barrio. Después, virando hacia la temática de los migrantes, el Papa explicó que cuando ve el Mediterráneo convertido en un cementerio no puede hacer otra cosa más que sufrir, rezar y hablar de este sufrimiento, sin aceptarlo pasivamente con la disculpa de que se sufre en todas partes. Sembrar odio es un camino de destrucción, de suicidio, justificado en el pasado con la pureza de la raza y hoy con los migrantes; mientras que acoger al prófugo es un mandato bíblico, porque también Jesús lo fue en Egipto. Tantas corrientes migratorias han hecho la Europa de hoy, que sabe que en los momentos feos otros países han recibido a los migrantes del viejo continente. La cerrazón es el inicio del suicidio, quedando entendido que la acogida y el acompañamiento de los migrantes deben apuntar sobre todo a integrarlos. Para que esto suceda, sin embargo, recomendó Francisco, toda Europa debe estar de acuerdo, porque el peso no puede ser llevado solo por tres o cuatro estados.

En su intervención, la colombiana Yennifer Tatiana Valencia Morales, de 20 años, volvió a hacer referencia al libro, preguntándole al Pontífice si se siente cambiado después de escuchar las historias de la vida de las personas mayores. Y la respuesta fue que escuchando a los ancianos se encuentran las raíces; y que si estas se cortan, el árbol no crece ni da fruto. El modelo positivo, en este sentido, es la trufa: nace cerca de la raíz, toma todo y se convierte en una joya. En cambio hoy en día hay muchos jóvenes «líquidos», no por su culpa, sino debido a este desprendimiento de sus raíces, de la historia.

Finalmente, la última pregunta, sobre el mal y la crueldad en el mundo, fue la del cineasta Martin Scorsese, ganador de múltiples premios. En respuesta, Francisco mencionó la tortura que aún se practica para destruir la dignidad humana. Entonces, para enseñar a los jóvenes que la crueldad es un camino hacia la muerte, necesitamos redescubrir la sabiduría de las lágrimas, el don del llanto. Y hacerlo con empatía, sin violencia, con cercanía.

Anteriormente, quien abrió la velada, después de la bienvenida del presidente del Augustinianum, el padre Giuseppe Caruso, y las canciones del coro juvenil de Roma dirigidas por monseñor Marco Frisina, fue monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá, sede del próximo Jornada mundial de la juventud. «La existencia de relaciones intergeneracionales —dijo saludando al Pontífice— implica que las comunidades poseen una memoria colectiva. Cada generación retoma las enseñanzas de las anteriores, dejando a su vez un legado para las sucesivas». Posteriormente, se continuó con el discurso del director de Civiltà Cattolica, que retomó los acontecimientos que inspiraron el libro: «Usted —dijo al papa Francisco— ha entendido que si los ancianos no sueñan, los jóvenes no pueden ver el futuro. Este es un relato coral», agregó, en el que «los viejos hablan a los jóvenes sobre los grandes temas de la existencia, sobre la importancia del trabajo, la capacidad de luchar y no rendirse a las dificultades, el amor, la muerte, la violencia y la esperanza».

Al final de la reunión, el arzobispo Ulloa Mendieta regaló la mochila de la Jornada Mundial de la Juventud a Francisco, el primer peregrino, «abuelo sabio», junto a los jóvenes de todo el mundo.

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19 de Noviembre de 2018

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