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Más allá de la gran boya de Key West

El Papa Francisco llegó el martes 22 de septiembre, por la tarde, a Estados Unidos, donde fue recibido por el presidente Barack Obama y el vicepresidente Joe Biden. Nunca había sucedido antes. Es ya difícil que un inquilino de la Casa Blanca vaya personalmente a dar la bienvenida a un huésped a su llegada —había sucedido en 2008 con George W. Bush para recibir a Benedicto XVI—, y el hecho de que estuviese presente también el número dos testimonia la estima de la presidencia americana respecto al primer Pontífice nacido en el continente y la importancia de su visita. 

Por lo demás, lo que lo llevó de Santiago de Cuba a Washington fue mucho más que un simple vuelo de avión de traslado de un país a otro durante un viaje apostólico. Fue el vuelo que simbólicamente remite a la reconciliación, a la esperanza que se convierte en realidad, porque allí iba uno de los principales artífices del histórico acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, como lo reconocen públicamente, y en diversas ocasiones, los respectivos líderes. Falta aún la revocación del bloqueo, pero el camino ya está indicado. Y las noventa millas que separan la gran boya ubicada en la bahía de Key West —“el punto continental más meridional de Estados Unidos” y también de menor distancia desde La Habana—, después de más de cincuenta años, están volviendo a ser sólo un simple trecho de mar, ya no una barrera.

El programa no preveía, para la llegada, ninguna formalidad, por lo tanto, no hubo discursos, himnos y homenajes a la bandera. La ceremonia oficial de bienvenida tuvo lugar el miércoles 23 en la Casa Blanca, con la visita de cortesía al presidente. Así, lo que se vio el martes por la tarde fue una cita casi familiar (estaba presente también la madre de la primera dama), y lo que dio solemnidad fue sólo la presencia de un pequeño piquete de honor. Balanceado, por otro lado, por la simpática vergüenza de los cuatro niños, con los uniformes de sus respectivas escuelas católicas, que entregaron la ofrenda floral al Pontífice, quien les saludó con afecto.

De nuestro enviado Gaetano Vallini

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15 de Septiembre de 2019

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