Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

Mártires de la tierra

· Son 197 las personas comprometidas en la defensa del ambiente asesinadas el pasado año ·

Algunos los han definido ya como mártires de la tierra, asesinado en el nombre de la Laudato si’. Son las víctimas de una guerra silenciosa, que se combate en diferentes rincones del mundo y que en 2017 ha provocado 197 víctimas, según Global Witness, la ONG que cada año realiza el trágico balance.

Una guerra sanguinaria, por tanto, mayormente ignorada – los asesinados son casi siempre campesinos, indígenas, simples activistas que se oponen a la explotación indiscriminada del territorio – pero que resurge de vez en cuando al ser golpeado un personaje conocido. Como Esmond Bradley Martin, geógrafo americano de 76 años, ex enviado especial de la ONU para la tutela de los rinocerontes, que desde hace treinta años vivía en Kenia y en más de una ocasión había arriesgado su vida a mano de los cazadores furtivos. Fue asesinado el domingo en su casa en Nairobi. Robo fracasado, sostiene la policía, pero hay quien duda.

El nombre de Martin no aparece en el último informe redactado por el Global Witness en colaboración con «The Guardian». Lo leeremos probablemente en el próximo. En el pasado otras figuras conocidas han desaparecido. Como Berta Cáceres, activista hondureña vencedora en 2015 del prestigioso Goldman Environmental Prize, considerado el Nobel para el medio ambiente. El 28 de octubre de 2014 estaba en el Vaticano para participar en el encuentro de los movimientos populares y en esa circunstancia pudo escuchar las palabras del Papa, esas tres t – tierra, techo y trabajo – que confirmaban su compromiso, y el de otros activistas, y de alguna manera anticipaban la encíclica sobre la tutela de la creación Cáceres fue asesinada el 3 de marzo de 2016.

Que se trate de traficantes, empresas privadas o gubernamentales, los intereses económicos no parecen admitir obstáculos, apartando a cualquier que se oponga. Global Witness habla de dos muertos por semana desde 2002. Pero el pasado año la media se duplicó, como en 2016, cuando se alcanzó el trágico récord de 200 víctimas. Una auténtica masacre que golpea sobre todo a América Latina y en particular la zona amazónica, donde son más fuertes los intereses unidos a los sectores agrícola y minero (el 60% de los asesinatos). Las más golpeadas son las poblaciones indígenas, a las cuales el Papa en más de una ocasión, también en la reciente visita a Chile y Perú, reconoció el rol fundamental en el cuidado del ambiente. Las últimas cifras son impresionantes: 46 muertos en Brasil, 32 en Colombia, 15 en México, pero también otros países, como Guatemala, Nicaragua, Honduras y Perú, han tenido que contar víctimas.

También Asia y África pagan un alto precio. Por ejemplo en Filipinas, uno de los países más peligrosos para los activistas, fueron asesinadas 41 personas. En la República Democrática del Congo se verificaron 13 homicidios; en este caso se trató de guardianes de zonas protegidas.

Con sus informes, Global Witness continúa manteniendo en foco sobre un fenómeno en crecimiento alarmante, pero difícil de combatir. Intereses colosales, alimentados a menudo por la corrupción, encuentran demasiadas complicidades. Los asesinos casi siempre quedan impunes. Y quien lucha en primera línea está a menudo solo e indefenso. «Hasta que las empresas, los inversores y los gobiernos no incluyan realmente a las comunidades en las decisiones respecto al uso de su tierra y de los recursos naturales – subraya Rachel Cox, de Global Witness — las personas que osan hablar con claridad continuarán sufriendo violencia, encarcelaciones y perdiendo la vida»

de Gaetano Vallini

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

21 de Junio de 2018

NOTICIAS RELACIONADAS