Aviso

Este sitio usa cookies...
Las cookies son pequeños archivos de texto que nos ayudan a mejorar su experiencia en nuestro sitio Web. Al usar cualquier parte del sitio web, usted acepta el uso de cookies. Encontrará más información acerca de las cookies en las Condiciones de Uso.

Madre de los jóvenes

María madre de los jóvenes. No existe esta expresión entre las muchas que rinden devoción a la figura de la madre de Cristo. El Papa de forma implícita la introdujo el 25 de marzo entregando a María, en su santuario de Loreto, el día de la Anunciación, la exhortación postsinodal del sínodo de los jóvenes. Un gesto, como tantos de este Papa, en perfecta adhesión al texto del Evangelio: esta maternidad hacia los jóvenes está delineada de manera explícita en la escena que relata Juan, tradicionalmente el apóstol más joven, en la que el mismo evangelista se encuentra a los pies de la cruz y es encomendado por Jesús a María («He aquí tu hijo»).

Hay un vínculo estrecho entre los jóvenes y la figura de María, esa joven de Nazaret que vive la aventura más extraordinaria jamás contada, un vínculo que se manifiesta a través de diversos aspectos. Por ejemplo, la premura. María acaba de escuchar las palabras del ángel que le han cambiado la vida pero no se queda encerrada en sí misma, parte para ir en ayuda de su prima Isabel. El ángel Gabriel había citado la maternidad de la pariente anciana solo para demostrar la omnipotencia de Dios, pero María no solo escucha aquellas palabras sino que también las interpreta en el horizonte del amor y se puso en movimiento, sin tardanza. «Apresurándose a amar», como canta el poeta polaco Jan Twardowski y podría ser el subtítulo de la vida de María.

La misma premura diligente de madre amorosa que cuida la encontramos en el episodio de las bodas de Caná. Es ella la que casi «fuerza» a Jesús a manifestar la primera señal de su gloria. «María es aquella que apura “la hora fijada”...», escribió Jean Guitton, de quien estos días hemos recordado el vigésimo aniversario de la muerte, en su ensayo La Virgen María, considerado por Pablo vi el más hermoso de los ensayos dedicados a María.

Otro aspecto que vincula a María con los jóvenes es el de la decisión. La juventud es la edad decisiva y María vivió de pleno esta dimensión, asumiendo en ella la decisión más grande de la historia de la humanidad el día que celebra la Iglesia católica el 25 de marzo. Un escritor agudo como el anglicano Lewis hizo suyo este aspecto. En el ensayo La mano desnuda de Dios, subraya el hecho de que en el cristianismo «no se habla, de hecho, de una búsqueda humana de Dios, sino de algo hecho por Dios para el hombre sobre el hombre y respecto al hombre. Y el modo en el que se hizo es selectivo al más alto nivel» y después de haber recorrido la historia del pueblo elegido observa cómo «dentro de esta nación hay otras seleciones —algunos mueren en el desierto, algunos permanecen en Babilonia— y después otras selecciones de nuevo. El proceso sigue adelante estrechando cada vez más su campo, al final se concentra en un pequeño punto luminoso similar a la punta de una espada. Es una muchacha judía absorta en la oración. Toda la humanidad (por lo que concierne su redención) se ha vuelto muy limitada».

En la festividad de un día como muchos en la periferia escondida de Nazaret la historia de la humanidad se encontró en su pasaje decisivo y todo el peso de aquella historia se puso en las manos de una joven mujer. Decidir, decidirse: esto quiere decir ser jóvenes, esto nos recuerda el Papa Francisco en Loreto yendo a homenajear a María, pequeño punto luminoso en la gran historia de la humanidad.

Andrea Monda

EDICIÓN EN PAPEL

 

EN DIRECTO

Plaza De San Pedro

21 de Mayo de 2019

NOTICIAS RELACIONADAS