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Los religiosos después del concilio

«Un hombre de aliento católico y universal» que dedicó toda su existencia a la vida consagrada. La familia claretiana está en fiesta porque «otro de sus hijos ha sido llamado a formar parte del colegio de cardenales»: es padre Aquilino Bocos Merino, que es recordado por el hermano Fernando Prado Ayuso, director de algunas publicaciones de la orden religiosa, en el número 24 de mayo del semanal de la diócesis madrileña «Alfa y Omega».

Su cardenalato, escribe entre otras cosas el religioso, «pertenece a toda la Iglesia y, especialmente, a esa pequeña parte del “santo pueblo fiel de Dios” que es la vida consagrada». Cuando se habla de padre Bocos Merino, subraya el claretiano, se hace referencia a la vida consagrada después del concilio. «Su nombramiento — indica — es también un mensaje. Miles de personas consagradas en todo el mundo así lo han captado».

Con la púrpura a su «antiguo y querido amigo Aquilino— subraya Prado Ayuso — el Papa Francisco ha tenido un gesto elocuente» en relación con esa sufrida vida consagrada postconciliar «tantas veces incomprendida». Ha sido precisamente con este objetivo que Bocos Merino se ha empeñado en «llevar la renovación conciliar adelante, aceptando sus orientaciones hasta sus últimas consecuencias, sin perder nunca la esperanza». Ese «volver a los orígenes y adaptarse a las cambiantes circunstancias de los tiempos» que animaba el concilio come principio de renovación «fue el santo y seña de la vida consagrada y del padre Aquilino», que, «contracorriente», supo «leer este tiempo», según el título de uno de sus libros, como «un relato del Espíritu».

Si hoy la vida consagrada, añade padre Prado Ayuso, «puede seguir siendo profecía en todo el mundo es gracias a que gigantes ancianos y fecundos misioneros como el padre Aquilino fueron capaces de soñar y se empeñaron en caminar según una fuerte visión que descansa en la gran promesa del Resucitado: yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin de los tiempos».

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25 de Junio de 2018

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