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Los que dan rodeos

· Misa en Santa Marta ·

Frente a las muchas «heridas» de las personas que encuentra, la actitud del cristiano es la del bandido que los trata , del sacerdote o del «dirigente católico» que lo ve y da un rodeo o la de Jesús, el samaritano que realmente cuida de su «prójimo», ¿haciéndose cargo hasta el fondo? Es un examen de conciencia cerrado que el Papa Francisco sugirió en la misa celebrada el lunes, 9 de octubre en Santa Marta, expresando la actualidad del contenido de la parábola del buen samaritano.

El pasaje evangélico de San Lucas (10, 25 – 37) propuesto por la liturgia se abre con las palabras de «aquellos que quieren poner a prueba a Jesús», señaló inmediatamente el Papa. Pero «Él siempre responde más alto, responde con el misterio de Él mismo o con el misterio del hombre». Y así, «por ejemplo, a los sacerdotes y a los ancianos les responde con la parábola de los labradores de la viña, que escuchamos ayer, donde se ve el misterio de Jesús, el hijo asesinado». En cambio «otras veces, a aquellos que llevaron a la adúltera, o a los saduceos que preguntaban sobre la vida eterna, los responde con el misterio del hombre».

De todos modos, Jesús responde «siempre más alto». Tanto que «incluso cuando les condena, lo hace desde arriba». En el pasaje de San Lucas, afirmó el Pontífice, «hay precisamente un doctor de la ley que quiere ponerlo a prueba y ya que Jesús le hace decir el mandamiento y como él no sabe salir de esta pequeña trampa que Jesús le había puesto, pregunta: “¿Y quien es mi prójimo?”». En este punto del pasaje evangélico, Jesús cuenta «esta historia, en la que hay seis actores: los bandidos, el pobre hombre herido de muerte, el sacerdote, el levita, el samaritano -un pagano, que no era del pueblo hebreo- y el posadero». Y « así esta historia quiere explicar el misterio de Jesús, esta historia nos acerca al misterio de Jesús».

«Qué hace esta gente», se preguntó Francisco, frente a este «pobre hombre herido allí», casi a punto de morir. «Los bandidos se fueron contentos, porque habían tomado tantas cosas buenas y no les importaba la vida» de aquel hombre. Después he ahí «el sacerdote, que debería ser hombre de Dios», pero el Evangelio nos dice que «lo vio y dio un rodeo». Pero «también el levita, que estaba cerca del culto y de la ley lo vio y pasó de largo».

Por desgracia es , señaló el pontífice, «una actitud muy habitual entre nosotros: ver una calamidad, una cosa mala y pasar de largo, para después leerla en los periódicos, un poco salpicados de escándalo y sensacionalismo». Pero he ahí que «en cambio, este pagano, pecador, que estaba de viaje, “vio y no pasó de largo: tuvo compasión” del hombre herido». Y «San Lucas describe bien el comportamiento del pagano: “lo vio y tuvo compasión y se acercó a él -no se alejó sino que se acercó- le curó las heridas - ¡el!- echándole aceite y vino”». Aquel pagano, por lo tanto, «no lo dejó allí», diciéndose a sí mismo: «He hecho lo mío y me voy».

Más bien, Lucas prosigue la historia diciendo que «después lo cargó en su propia cabalgadura -y seguramente él anduvo caminando y sobre la cabalgadura, el hombre herido- lo llevó a una posada y lo cuidó» . Un comportamiento como diciendo: «Esto es mío, yo cuido de este hombre». Es más: aquel pagano «pasó la noche allí» junto al hombre herido. El pasaje evangélico, prosiguió Francisco, nos hace saber que «al día siguiente, como tenía que irse por sus asuntos, dio dinero al posadero, diciendo: “Cuida de él”». Por lo tanto, «dejó a este hombre herido en las manos de un hombre responsable». Con una recomendación: «cuida de él, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva».

Precisamente «este – explicó el Papa- es el misterio de Cristo: esto es lo que hizo Jesús, que tomó la figura de siervo, se hizo siervo y murió por nosotros».

En definitiva, dijo Francisco, «a la voluntad de este doctor de la ley de ponerlo a pruebam Jesús responde con el propio misterio». El Señor «es el samaritano y este hombre se encontraba en dificultad: pero, ¿cómo termina? Se queda en silencio y Jesús hace la pregunta: “¿quien de estos te parece que ha estado cerca de aquel que cayó en manos de los bandidos?”». Aquel responde: «quien ha tenido compasión de él». Y Jesús le dice: «Ve y haz tú también así».

Esto es, por lo tanto, «el misterio de Jesús: se bajó, después no dio un rodeo, vino hacia nosotros, heridos de muerte, nos cuidó, pagó por nosotros y continúa pagando». Las palabras reportadas por Lucas en el evangelio son claras: «Lo que gastes de más, te lo pagaré cuando vuelva». Jesús «pagará cuando venga por segunda vez: pagará por nosotros, como ha pagado ya».

«Este no es un cuento para niños: este es el misterio de Jesucristo» insistió el Pontífice. Y «mirando esta parábola, entenderemos más en profundidad la amplitud del misterio de Jesucristo». Por ejemplo, prosiguió, «el doctor de la ley se fue callado, lleno de vergüenza: debe ayudarlo a aliviarse. Y si alguno hace esto, está en el buen camino hacia Jesús».

«A mí me gusta pensar en el posadero -confesó el Papa- que es el gran desconocido: ¿qué entendió el posadero?». En realidad «no entendió nada, pero se asombró: sintió el asombro de un encuentro con alguien que hacía las cosas que nunca había sentido que se pudieran hacer». Y «el asombro del posadero es precisamente el encuentro con Jesús».

«Nos hará bien leer este pasaje en el capítulo 10 de San Lucas -reafirmó el Pontífice- sugiriendo las preguntas para un examen de conciencia- y también preguntarnos: ¿qué hago yo? ¿Soy un bandido, estafador, corrupto? ¿Soy el bandido allí? ¿Soy un sacerdote que mira, ve y mira a otra parte y da un rodeo? ¿O un dirigente católico que hace lo mismo? ¿O soy un pecador? ¿Alguien que debe ser condenado por sus propios pecados? ¿Me acerco, cuido de aquel que lo necesita? ¿Cómo hago yo, frente a tantas heridas y a tantas personas heridas con las que me encuentro todos los días? ¿Hago como Jesús? ¿Tomo forma de siervo?».

Precisamente en la perspectiva de este examen de conciencia personal, concluyó el Papa, «nos hará bien hacer esta reflexión, leyendo o releyendo este pasaje», porque «aquí se manifiesta el misterio de Jesucristo que, siendo pecadores, vino por nosotros, para curarnos y dar la vida por nosotros».

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12 de Diciembre de 2017

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